TheSpaineTime

El hijo adoptivo secreto de Raffaella Carrà era en realidad su última pareja

2026-03-21 - 03:50

« Raffaella Carrà ha fallecido hoy a las 16:20 horas, tras una enfermedad que, desde hacía algún tiempo, atacaba su cuerpo, tan diminuto y sin embargo tan lleno de energía desbordante». De esta forma, el coreógrafo Sergio Japino, expareja de la artista italiana, informaba al mundo de su muerte el 5 de julio de 2021, debido a un cáncer de pulmón que llevó con total discreción. La noticia de su partida consternó a fans de todo el mundo y convirtió en mito a esa estrella de melena rubia que contagiaba entusiasmo y que, entre otras cosas, lanzó varias decenas de programas de éxito (algunos en nuestro país, donde hoy cuenta con una plaza en su honor) y vendió sesenta millones de discos. La cantante de 'Fiesta' o 'Hay que venir al sur' tenía 78 años recién cumplidos y, según el periodista Pedro Ángel Sánchez en su libro biográfico 'Nada es eterno salvo la Carrà', hasta el último momento se encargó de no levantar ningún tipo de sospecha, obligando a los pocos que conocían su realidad a mantener en secreto el durísimo momento por el que estaba pasando. «Las últimas tres semanas estuvo ingresada en la Clínica del Rosario, próxima a su domicilio en Roma», apunta. «Allí, ya consciente de que su final se acercaba, pidió ser ingresada en la unidad del dolor». Por lo visto, Japino fue una de las pocas personas que estuvo a su lado durante sus últimos meses de vida y fue quien compartió, a pie de cama, la lucha contra la enfermedad que la mandaría al otro barrio. El italiano se enamoró de ella a principios de los ochenta, y en un momento dado pasó de ser miembro de su cuerpo de baile a coreógrafo. Después se convertiría en el realizador y director de todos los programas de la presentadora, que le sacaba doce años y hasta trató de tener un hijo con él cuando se acercaba a la cuarentena y su carrera estaba plenamente consolidada. Al final, la naturaleza no le concedió la posibilidad de ser madre de forma natural. Aunque la artista sí que ejerció de mamma con sus familiares más cercanos. «Su único hermano, Enzo, falleció a los 57 años a principios de los 2000, víctima al igual que ella de un cáncer de pulmón. Desde entonces, Raffaella no descuidó la atención de sus sobrinos Federica y Matteo», comenta Sánchez, quien añade que, de alguna manera, aquella tampoco dejó nunca de ser la madre de las tres hijas de su primera pareja, Gianni Bocompagni, con quien mantuvo un idilio de casi doce años que terminó porque ella pasaba demasiado tiempo fuera de casa y él nunca la quiso acompañar en sus tours internacionales. «Con Jessica, la hija de Sergio Japino nacida de una relación anterior, tendría buena relación. Tampoco podemos olvidarnos de los niños que, ya en su madurez, apadrinó a distancia en Latinoamérica y de los que estuvo muy pendiente a lo largo de su vida». Hace unos días veía la luz una información que ha dejado en shock a algunos: la cantante tenía un hijo adoptivo secreto. Se trata de Gian Luca Pelloni Bulzoni , un tipo de Ferrara, aunque residente en Roma, que dirige la editorial Arcoiris Edizioni Musicali, de la que es propietario. Según contó Sánchez en su libro, Gian Luca fue la última pareja de Raffaella, dato que estos días ha pasado muy desapercibido. «Aunque su relación sentimental nunca se hizo pública hasta después del fallecimiento de la artista, Bulzoni estaría muchos años a su lado ejerciendo de secretario personal y protector». La noticia de la adopción ha surgido a raíz de una disputa legal entre aquel y la productora que llevó al madrileño teatro Capitol Bailo bailo, un espectáculo inspirado en la música de la italiana. Al parecer, Bulzoni solicitó una orden judicial contra «la producción, distribución, publicidad y representación, en cualquier forma y por cualquier medio» del show, estrenado en 2023, debido a la falta de consentimiento por su parte. Según reza la orden judicial, «el recurrente declaró ser hijo adoptivo y único heredero legítimo de la reconocida artista». Por tanto, él es «titular de los derechos sobre su imagen, voz y nombre (tanto reales como artísticos), así como de los datos e información sobre su vida personal y profesional». A través de un comunicado, la recién creada Fundación Raffaella Carrà afirmó que Raffaella tomó la decisión de adoptarlo para que pudiera «continuar su labor y llevar adelante» en nombre de la artista «todas las iniciativas benéficas que le eran queridas». También lo hizo, según una fuente bien informada, «para que pudiera cuidar de todo lo que se haga, edite o publique en torno a la figura de Raffaella Carrà, puesto que ella era una persona muy hermética que confiaba en muy pocas personas. Gian Luca era su persona de confianza y de ahí que llegara a hacer eso antes de irse. De hecho, él fue una de las dos únicas personas que supieron de su enfermedad«. Ahora bien, la Fundación Raffaella Carrà puntualizó que Gian Luca es su «heredero universal pero no único». Y es que la artista, que era bastante generosa con los suyos y procuró dejarlo todo bien atado antes de irse, «no excluyó a ninguno de sus seres queridos» en sus últimas disposiciones. Con la adopción, la artista cerraba las puertas a posibles disputas familiares o de terceros sobre quién debía gestionar sus derechos y su patrimonio. Al mismo tiempo, reducía el impuesto de sucesión de aproximadamente un 8 % a un 4 %, lo que representaba un ahorro considerable. Algunos medios italianos contaron que la Carrà dejó un patrimonio cifrado en varios millones de euros , que incluye sus dos principales residencias. Por un lado está su casa romana, un lujoso inmueble de casi 400 metros cuadrados que ocupa una planta entera en un complejo que dispone de canchas de tenis, un restaurante y una piscina privada. Por otro, su villa con vistas al mar en Monte Argentario, en la Toscana, donde pasaba largas temporadas para idear sus proyectos o descansar del bullicio de la gran ciudad (y donde por cierto hoy reposan sus cenizas). También se dijo que la Carrà era propietaria de un apartamento en el hermoso pueblo medieval toscano de Montalcino, cerca de Siena. Hasta llegó a tener una morada en Madrid. Esta ciudad llegó a embrujarla hasta el punto de que, según su biógrafo, se hizo con su propio alojamiento en el Hotel Eurobuilding, en el que siempre se hospedó desde que en los setenta debutó en nuestro país y donde convocaba a los medios cada vez que tenía que dar una rueda de prensa para anunciar algún proyecto. «En un momento dado, el hotel puso a la venta algunas habitaciones, así que la italiana aprovechó la oportunidad y se compró dos estancias que terminó uniendo, transformándolas en un piso de lo más acogedor». Lo que pasó con esto, como tantas otras cosas en la vida de la artista, es hoy un misterio.

Share this post: