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El hombre performativo

2026-03-02 - 18:53

Los 'Pantomima Full' han vuelto a sacar del armario al hombre performativo, ese animal mitológico que espera a las mujeres en parques y cafeterías de especialidad con una novela de Annie Ernaux sobre la mesa y que en la primera cita intenta recordar sin mirar el móvil los últimos diez eslóganes feministas que ha escuchado en algún pódcast para impresionarla. El hombre performativo viene a ser el revés contemporáneo de Antonio Cassano, que cuando presentó su segundo libro dijo: «Ya he escrito más libros de los que he leído». Ahí están los dos polos de la masculinidad. Aquí en España los llamaban 'aliades' antes de que el neologismo anglosajón hiciera fortuna, primero en internet y luego en algún artículo del periodismo sociológico, ese que por no pasar frío hace sus investigaciones en las redes sociales: es muy cansado caminar, y preguntar, y dudar, y luego volver a casa para contarlo. Yo no conozco a ningún hombre performativo en persona, como no conozco ningún therian a este lado de la pantalla, pero sí he visto a gente que se ha operado la cara para parecerse más a su retrato de Instagram, y a otros que se ciclan en el gimnasio para que el sexo contrario les haga al fin caso o que lo hacen solo por sentirse hombres a la antigua usanza. Y hasta he visto a jóvenes que leen en bares sin que ninguna mujer los esté mirando. Se ven tantas cosas por ahí. El hombre performativo ha terminado convertido en meme, y por eso conviene no tomárselo demasiado en serio: tal vez solo existen cuando hay una cámara delante para monetizarlo de alguna forma. Pensé en esto escuchando a Luis Tosar recitar las causas que se iban a mencionar en la gala de los Goya como si fuera la lista de la compra o el menú del día del bar de enfrente: hoy tenemos ICE y genocidio, pero Adamuz ya no nos queda. Y también recordé la idea leyendo a esos corresponsales del lado bueno de la historia que ahora se sorprenden de que los chavales sean cada vez menos feministas. Ha dicho Peláez que cuando Pedro Sánchez se apropió del apelativo perro –el Perro Sanxe– se convirtió en el primer therian. Acaso también sea también nuestro gran hombre performativo, ese que recomienda en TikTok libros que no ha leído y forma gobiernos feministas con colegotes que luego disfrutaban de la prostitución en su tiempo libre. Se hacen cosas mucho peores por captar votos que por ligar.

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