El homenaje anual a Sor Ángela se celebra este año en plena Cuaresma
2026-03-02 - 06:33
Sea prólogo de ella o caiga como este año en plena Cuaresma, Sevilla nunca olvida el día que murió Santa Ángela de la Cruz, cuando sus habitantes realizaron el primer homenaje a la santidad de la fundadora de las Hermanas de la Cruz. Representantes de todos los estamentos de la ciudad desfilaron ante su cadáver desde el día de su muerte hasta el sábado día 5 cuando fue enterrada en la cripta del convento, gracias a las gestiones de personalidades de la Iglesia y la política, porque poco tiempo antes la II República había aprobado una ley que impedía el enterramiento en sagrado. Sor Ángela sufrió una embolia cerebral el 7 de junio de 1931. Sus primeras palabras fueron «Madre mía» y las pronunció cuando le llevaron a su cuarto la Virgencita de la Salud. Tenía paralizado el lado derecho del cuerpo, pero podía hablar, aunque se fatigaba mucho. El 28 de julio perdió el habla definitivamente. Sus últimas palabras fueron: «No olviden estos consejos de nuestro venerable Padre Torres: No ser, no querer ser, pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...». Antes había dicho a las Hermanas que le había pedido al Señor que la dejara «un año de preparación para la muerte, de modo que no tuviera que intervenir en nada». Y se cumplió, porque como dijo José María Javierre, su primer biógrafo, pasó nueve meses cosida a la Cruz, crucificada en la Cruz de la enfermedad. En ese tiempo la visitaron el cardenal Ilundain y San Manuel González, el niño seise sevillano, el obispo del Sagrario abandonado, que le dijo: «Viva Jesús y su Cruz y las Hermanas de la Cruz en ella hasta la muerte». La muerte de Sor Ángela conmocionó a Sevilla. Delante de su cuerpo incorrupto, como certificaron los doctores que examinaron su cuerpo y recogió el notario Félix Sánchez Blanco, se estimó que diariamente pasaron a rendirle homenaje unas setenta mil personas. El sábado día 5, tres días después de su muerte, el Ayuntamiento republicano de Sevilla, con el alcalde don José González Fernández de la Bandera a la cabeza, regalaba una calle de Sevilla a la «Madre de los Pobres» en reconocimiento a su labor. El pleno se celebró la tarde del día que tuvo lugar su entierro. El alcalde quiso que constase en acta la instancia del abogado Enrique Fernández García de la Villa que solicitaba que se rotulase una calle con el nombre de Sor Ángela. Manuel Beca Mateos, concejal de la minoría independiente católica, propuso que constase en acta «el sentimiento de la ciudad por la muerte de tan ingente valor del cristianismo y que la calle Alcázares, donde estaba la Casa Madre, se rotulase con el nombre de Sor Ángela de la Cruz». Así lo expuso en su testimonio en el proceso de beatificación donde también reseñó que se sorprendió «por el espectáculo inesperado de la intervención de todos los jefes de minorías, que se adhirieron a mi propuesta con el mayor entusiasmo», cuando la más leve defensa de la religión producía escándalo en la sala capitular. Sobre todo le sorprendió la reacción de un concejal socialista que pidió la palabra para rectificar al líder católico y dijo que «Sor Ángela de la Cruz no era un valor ingente del cristianismo sino un valor de la humanidad». Y eso que Beca Mateos cuenta que le había escuchado a ese mismo concejal hablando en un pleno de la Semana Santa sevillana que «cuando veía desfilar por las calles de Sevilla a un nazareno, penitente descalzo, se avergonzaba de pertenecer al género humano». Desde entonces todos los 2 de marzo, único día del año en que se visita el cuarto donde murió Sor Ángela y se guardan sus objetos personales y del Beato Padre Torres Padilla, los devotos, sobre todo de Sevilla, aunque también hay de otras provincias andaluzas, Extremadura y Ciudad Real, acuden para visitarlo. Se forman grandes colas que gestionan las jóvenes de los Grupos de Sor Ángela. A los devotos se le reparten reliquias, violetas, la flor de la humildad y por ello de la fundadora, que cultivan algunas familias en casas de Sevilla Este, y libros y folletos sobre Sor Ángela y las Hermanas de la Cruz. La Casa Madre de las Hermanas de la Cruz, como todos los años, estará abierta sin interrupción desde la finalización de la misa de las 7,45 horas hasta que haya devotos que quieran entrar. Las personas que acuden a la capilla a rezarle a Santa Ángela, Santa María de la Purísima y el Beato Padre José Torres Padilla no tienen que esperar cola alguna. Desde su muerte en 1932 hasta su Beatificación en 1982 por el Papa Juan Pablo II pasaron 50 años en la que los sevillanos y los habitantes de los pueblos y ciudades donde tienen convento las Hermanas de la Cruz demostraban durante todos los días del año, pero en especial el 2 de marzo, que tenían la certeza que Sor Ángela era una santa. El proceso de Beatificación se inició en 1938 y el 12 de febrero de 1976 el Papa Pablo VI aprobó el decreto que recogía que Angela Guerrero González practicó todas las virtudes en grado heroico y la declaraba Venerable. El 12 de julio de 1982 se promulgó el decreto de aprobación del primer milagro de Sor Ángela a Concepción García Núñez, viuda de Gaviño que en el año 1938, con un pulmón menos, padeció una neumonía, con edema pulmonar y complicaciones de circulación, renales y nerviosas. A partir de esa fecha todo fueron preparativos. Juan Pablo II en su primera visita a España beatificaría a Sor Ángela en terrenos de la Feria de abril, concretamente en la conocida calle del Infierno. Los preparativos se llevaron a cabo con rapidez y la ciudad dio la talla en una fecha tan importante. Todos los estamentos implicados se volcaron para construir el templo al aire libre donde Sor Ángela subiría a los altares, en un día de gloria para la Iglesia de Sevilla. Juan Pablo II fue el primer devoto que se arrodilló ante el cuerpo incorrupto de la nueva Beata en su capillita blanca la misma tarde de la Beatificación. Los devotos de Sor Ángela que año tras año refrendaban que la zapatera que quiso hacerse pobre con los pobres era santa, no se habían equivocado: la Iglesia reconoció su santidad. Y aún faltaba la canonización, que se hizo esperar. Ventiún años transcurrieron desde la Beatificación hasta su Canonización el 4 de mayo de 2003, en la Plaza de Colón de Madrid, dentro de la quinta visita de Juan Pablo II a España y junto a los también andaluces Pedro Poveda (Jaén), mártir y fundador de la Institución Teresiana, José María Rubio, de Dalías (Almería), llamado el «Apóstol de Madrid», y las religiosas Sor Genoveva Torres Morales, Almenara (Castellón) fundadora del Instituto del Sagrado Corazón y de los Santos Ángeles, y Madre Maravillas de Jesús, Madrid, carmelita descalza que fundó nuevos conventos del Carmelo y desde la clausura atendió a los más necesitados. El milagro de la canonización tuvo como protagonista y beneficiario al niño Teodoro Molina, de Alcázar de San Juan, Ciudad Real, que tenía trece años en 1987. El 25 de noviembre de 1986 sufrió vómitos y un intenso dolor en el ojo. Todos los oftalmólogos que visitó con sus padres estuvieron de acuerdo en afirmar que el niño había perdido la visión del ojo derecho por una embolia que le provocó isquemia y pérdida de la visión y que la lesión era irreversible y no tenía cura. La abuela del chaval, Juliana Calcerrada, escuchaba en Radio Internacional un programa de Antoñita Moreno, cantante sevillana que conocía a fondo la figura de Sor Ángela. En una ocasión comentó que le faltaba un milagro para ser santa. Y que si alguien tenía una enfermedad incurable escribiera a las Hermanas de la Cruz en Sevilla. Así lo hizo la señora y el 15 de febrero llegó al domicilio del niño una carta que contenía una reliquia que Teodoro se colgó al cuello. Y la familia comenzó la novena a Sor Ángela. Cuando fueron dos días después a una revisión en el Hospital Ramón y Cajal en Madrid el niño de camino a la consulta dijo a su madre que veía con el ojo malo igual que antes. La doctora que le examinó le hizo un contraste y certificó que no tenía embolia ni restos de ella. Pero hasta el 14 de febrero de 2002 la Consulta Médica de la Congregación para la causa de los Santos no reconoció que la curación del niño era «imprevista y duradera y... científicamente inexplicable». Junto a Santa María de la Purísima y al Beato Padre José Torres Padilla, en la Capillita más santa de Sevilla, Santa Ángela sigue atendiendo a sus devotos con su calderilla de milagros de Madre amorosa.