El iraquí que hizo ricos a los noruegos: «El petróleo es un regalo envenenado»
2026-01-29 - 17:31
«El petróleo es un regalo envenenado. Si no se gestiona bien, arruina al país que lo produce. Venezuela solo es el último ejemplo», afirma Farouk al-Kasim, el geólogo iraquí que diseñó el modelo de gestión petrolero que ha convertido a Noruega en el país más rico del mundo. Su vida es de película. Nació en 1934 en Basora (Irak), donde el Tigris y el Éufrates se unen antes de desembocar en el golfo Pérsico. Su padre cruzaba gente y mercancías de una orilla a otra en una barca. Ganó una beca para estudiar en el extranjero con la condición de cumplir diez años de servicio militar a su regreso. En 1957, estudiando en el Imperial College de Londres, se casó con Solfrid, una chica noruega que trabajaba de au pair. Cuando volvió a Bagdad en 1958, un golpe de Estado derrocó a la monarquía. Se libró de la mili, pero ahora era un padre de familia en un país cada vez más autoritario. Trabajó para la Iraq Petroleum Company, un consorcio estatal, pero controlado por petroleras de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, que extraían los beneficios mientras la élite local se llevaba una 'propina'. Desde dentro, Farouk vio cómo funcionaba el saqueo. Diez años después, buscando un tratamiento para su hijo menor, con parálisis cerebral, empaquetó a su familia y se marchó a Noruega. Fue contratado como asesor del Ministerio de Industria del país nórdico. En vísperas de la Navidad de 1969, Phillips Petroleum descubría Ekofisk, el mayor yacimiento de Europa Occidental, donde Farouk había predicho que estaría. Y un par de años después el Gobierno le pidió que redactase el borrador de las leyes que han administrado el petróleo noruego durante medio siglo. Hoy, Farouk tiene 91 años y vive en un apartamento cómodo pero discreto en Stavanger, la capital petrolera de Noruega. El rey Harald le concedió el título de caballero. Nicolai Tangen, CEO del Fondo Soberano más grande del mundo, va a visitarlo y lo considera «un héroe nacional». Pero esto es Noruega, sociedad igualitaria donde las haya. Sus vecinos apenas lo conocen de vista. Muchos noruegos ni siquiera saben quién es. Ni que este hombre los ha hecho inmensamente ricos. XLSemanal. ¿Cómo llegó un geólogo iraquí a diseñar las leyes del petróleo en Noruega? Farouk al-Kassim . Yo estaba desesperado. Llegué a Noruega en 1968, con 32 años. Tenía un buen puesto en Irak, pero cuando tu hijo está enfermo nada más importa. Toqué la puerta del Ministerio de Industria y me pusieron a estudiar una montaña de informes. XL. Hábleme de su vida antes de emigrar a Noruega. F.K. Trabajaba para la compañía estatal de petróleo iraquí, un consorcio que controlaban las grandes petroleras extranjeras. Veía quemar gas desde que era niño. Cuando extraes petróleo, sale gas. En Irak lo quemaban porque es más barato que capturarlo. Así que, en vez de venderlo, importábamos gas de Irán. Nuestra gente, mientras, moría por la contaminación y la pobreza. XL. Y tomó nota... F.K. En Noruega, una de las primeras cosas que propuse fue prohibir la quema de gas. Se captura, se procesa y se vende o se usa. Hoy, Noruega tiene casi 9000 kilómetros de gasoductos. Y desde que Rusia invadió Ucrania es el mayor proveedor de gas del continente. Si hubiéramos quemado ese gas, Europa estaría congelada. XL. Noruega vivía entonces de la pesca y la madera... F.K. Para entender la situación, hay que remontarse a 1945. Estaban orgullosos de haber resistido a los nazis. Y el nacionalismo se mezcló muy bien con la social-democracia nórdica. Se montó el estado del bienestar. Eran los escandinavos 'pobres', pero se repartían lo que tenían. XL. ¿Y nadie sabía que tenían un tesoro en sus aguas territoriales? F.K. Nadie. En 1962, Noruega recibió una carta de una compañía norteamericana que preguntaba si podían buscar petróleo en el mar del Norte. El Gobierno noruego no sabía qué hacer. Le preguntó al Servicio Geológico si había posibilidades de hallar petróleo. Respondieron muy confiados: ninguna posibilidad. Cero. XL. ¿Por qué estaban tan seguros? F.K. Porque la costa noruega es rocosa. Rocas antiguas, muy duras. Nadie había perforado el lecho marino para saber si debajo había formaciones más jóvenes, sedimentarias, donde sí se acumula el petróleo. XL. Estaban seguros de que no había nada, pero dieron permiso para perforar. ¿Por qué? F.K. Precisamente por eso: para que vengan a gastar su dinero; llegarán ingenieros que se alojarán en hoteles, contratarán gente. Pero no van a encontrar nada. Perfecto. XL. ¿Y la población qué opinaba? F.K. No les hacía gracia. Pensaban: vamos a tener a estos cowboys saliendo con nuestras chicas. Además, había miedo a una marea negra. Adiós a la pesca. Adiós a la hermosa naturaleza. XL. Y, mientras tanto, ¿el Gobierno comenzó a repartir concesiones a diestro y siniestro? F.K. Así es. Los noruegos declararon la soberanía sobre su parte de la plataforma continental. Y los británicos sobre la suya. Y empezó la carrera. En la primera ronda dieron 78 bloques a 25 compañías. Casi los regalaron. XL. Y entra usted en escena. F.K. Sí, me metieron en una pequeña oficina. Tenían miedo de que la prensa me viera entrando en el ministerio y preguntase qué hacía un árabe allí. XL. ¿Y qué es lo que hacía? F.K. Las compañías habían perforado un montón de pozos, sin éxito, y estaban preparando las maletas. Estudié sus informes, mapas, muestras de roca... XL. ¿Qué encontró? F.K. Vi que las compañías habían perforado en aguas poco profundas, menos de 100 metros. Pero la sísmica mostraba sedimentos a mayor profundidad. Les dije a los funcionarios: «Noruega está flotando sobre petróleo. Es cuestión de tiempo que se convierta en uno de los mayores exportadores del mundo. ¡Tienen que prepararse!». XL. ¿Y cómo reaccionaron? F.K. No se lo creían. XL. Sería frustrante. F.K. Sí. Pero 15 meses después de mi informe, el 23 de diciembre de 1969, la estadounidense Phillips Petroleum hizo el último intento. Perforaron más profundo. Y hallaron Ekofisk. Un yacimiento gigantesco. Adivine quién fue el hombre más feliz de la Tierra... XL. ¿Cómo logró pasar de asesor medio escondido a diseñar el modelo de gestión ? F.K. Convencí al ministerio para reclutar gente de las universidades y entrenarlos sobre cómo supervisar las operaciones petroleras. Formé un equipo de 40 personas. Organicé mesas redondas sobre cómo debía prepararse Noruega para lo que se le venía encima. Mal gestionado, el petróleo puede ser una maldición: Venezuela, Irán, Nigeria, Libia... XL. Pero esto es Europa. F.K. Mire Holanda. Descubrieron gas natural en los años sesenta. La moneda se apreció tanto que sus otras industrias dejaron de ser competitivas. Lo llamaron 'la enfermedad holandesa'. Entraron muchas divisas, pero la vida también se encareció mucho. XL. Bueno, la vida en Noruega no es precisamente barata. F.K. Sí, pero no es solo por el petróleo. Es por los salarios altos, aunque los impuestos también lo son. Y porque la geografía difícil encarece las infraestructuras. XL. ¿Cómo cambió todo después de Ekofisk? F.K. Se descubrieron más yacimientos. Me pidieron revisar los Diez Mandamientos del Petróleo que estaban discutiendo. El Parlamento los votó de manera unánime. Fue fantástico. Y luego me pidieron escribir el borrador de cómo debía administrarse. No hay nada parecido en el mundo. XL. ¿Qué tiene de especial el modelo noruego? F.K. Que no le dimos todo el poder a una petrolera estatal. Eso es lo que hacen los países que se hunden. Montan un chiringuito y lo llenan de políticos corruptos. El ser humano es débil. XL. ¿Y qué hicieron diferente? F.K. Tres cosas. Primero, Statoil, la compañía noruega del petróleo (desde 2018 se llama Equinor para reflejar la transición a combustibles no fósiles), no tiene el monopolio. Compite con las compañías extranjeras en igualdad de condiciones, pero el Estado siempre se queda con un porcentaje de cada operación. Segundo, rinde cuentas ante el Parlamento cada año. Tercero, creamos la Dirección del Petróleo, una agencia independiente que vigila y otorga las licencias. Así nadie puede hacer trampas. Las petroleras extranjeras se fían porque saben que hay reglas claras que se aplican igual para todos. Funcionó perfecto. XL. Usted se convirtió en el director de gestión de recursos en esa Dirección de Petróleo . F.K. Sí. Con dos objetivos. Prevenir daños al medioambiente y maximizar el beneficio para los ciudadanos. El petróleo debe usarse para beneficio de todos. Con este fin, Noruega creó el Fondo Soberano en 1990. XL. ¿Cómo convenció a las petroleras, acostumbradas a imponer sus condiciones? F.K. Soy árabe. Les enseñé el arte del regateo [ríe]. Tanto al Gobierno como a las compañías extranjeras. Pero regatear no significa engañar. Significa que cada uno expone lo que quiere, escucha lo que pide el otro y se busca un punto medio donde ambos ganan. Pero los noruegos ya sabían hacer algo muy bien. XL. ¿Qué? F.K. Escuchar. Aunque discutan contigo, te escuchan. Los noruegos llevan siglos haciéndolo. Desde los vikingos, que se reunían en asamblea y tomaban decisiones juntos. Y también porque es un clima hostil. Si la gente no encuentra la mejor solución, si no se ayuda mutuamente, muere. Esa cultura de supervivencia los hace ser buenos negociadores. XL. ¿Qué piensa sobre el futuro del petróleo? F.K. . Que no tiene futuro, no porque se vaya a acabar, sino porque el planeta no puede resistirlo. Estamos viendo el caos que está sembrando Estados Unidos. La pérdida de fe en las instituciones globales. Trump está comportándose como si el cambio climático fuese una tontería. No soy quién para hablar, porque a mi edad ya no lo veré. Pero estamos al borde del desastre. XL. Llama la atención que alguien que ha dedicado toda su vida al petróleo hable así... F.K. El petróleo fue necesario. Creó riqueza. Pero solo funcionó porque lo gestionamos bien. Y gestionar bien significa saber cuándo parar. XL. La transición energética es muy cuestionada en muchos países. F.K. Mire, cuando hablo de desastre ambiental no me refiero solo a la naturaleza. Me refiero también al ambiente institucional, al ambiente social. A esa capacidad de confiar en el Estado, de escucharse unos a otros. Eso se está perdiendo en todo el mundo. Y es lo que me da más miedo. Porque es un tesoro mayor que todo el dinero del fondo. La única razón por la que luchamos unos contra otros es para ser más ricos. Yo he ganado mucho dinero. Pero no me ha hecho más feliz.