El IVA del 21 por ciento, lo verdaderamente escandaloso de ARCO'26
2026-03-04 - 11:23
El relato del IVA en el arte contemporáneo español es, sin duda, la crónica de una paradoja que roza el absurdo; no desmerece un capítulo en la obra de Kafka. En tierras donde la cultura debería vestirse de gala y el arte ser motivo de celebración, las leyes fiscales lo colocan a la altura de yates y relojes de lujo, como si fuese un capricho exclusivo, un bien suntuario. Así, desde el 2012, el arte contemporáneo arrastra la losa de un IVA del 21 % sobre las ventas de galerías, una carga que encorseta y asfixia al sector. Pero este desatino tiene raíces antiguas; Rafael Ortiz, veterano galerista sevillano, recuerda que hace cuarenta años, aún sin IVA, las galerías ya batallaban por ayudas fiscales. La percepción errónea de que el arte es solo lujo, y no alimento para el alma colectiva, viene de lejos. Angustias Freijo (Galería Freijo) lo confirma: la situación, en vez de mejorar, se ha agravado. Mientras otros países europeos navegan por aguas tributarias más serenas —Francia (5,5 %), Italia (5 %), Portugal (6 %) y Alemania (7 %)—, España mantiene su vara de medir impositiva alta y rígida, marcando diferencia y desventaja. La Directiva (UE) 2022/542 abrió la puerta a tipos reducidos para promover la cultura, pero aquí esa puerta sigue cerrada, y el arte queda relegado, perdiendo competitividad y proyección internacional. Así lo atestiguan diversas galerías de fuera de nuestras fronteras que hemos consultado, caso de Taddeus Ropac (Francia), Lia Rumma (Italia) o Barbara Thum (Alemania): un gravamen tan alto perjudica evidentemente la salud de cualquier mercado, más todavía uno ya de por sí tan frágil, como es el nuestro. Dentro del sector nacional no existe ahora ningún tipo de dudas o disensiones. Consultados un buen número de galeristas como Elena Manrique (Fernando Pradilla), Alberto de Juan (Max Estrella), Guillermo de Osma, Chus Villar (Nordés), Luis Valverde (Espacio Mínimo) y Pedro Cera (Madrid y Lisboa), todos coinciden: el problema es real y la solución, posible, como por ejemplo no hace tanto ha demostrado Portugal. La preocupación es compartida y urgente; el gravamen no solo ahoga a las galerías, sino que encarece las obras, ahuyenta compradores y limita las oportunidades de los artistas. Para los coleccionistas, el arte deviene lujo inalcanzable, y muchos buscan adquirir piezas fuera de España, tal como advierten asimismo Carolina Alarcón (Alarcón Criado) y Quique Peinado (Àngels Barcelona), respectivamente presidentes de las asociaciones de galeristas de Andalucía y Barcelona. Al final este cóctel fiscal tan amargo genera un mercado raquítico, precario y siempre al borde de la crisis. Tampoco se puede olvidar, como apunta Idoia Fernández (NF Galería), presidenta del Consorcio de Galerías Españolas de Arte Contemporáneo, que las galerías son mucho más que comercios: son pulmones culturales, oxigenando la vida artística con exposiciones gratuitas, actividades públicas, apoyo a artistas emergentes y vínculos con instituciones. ¿Qué ha hecho el Gobierno ante esta herida abierta? La respuesta ha sido tibia, esquiva y, en el mejor de los casos, ambigua. El Ministerio de Cultura ha mostrado simpatía por la causa y disposición al diálogo, pero la potestad está en manos del Ministerio de Hacienda, que ha dejado el tema estancado en el limbo burocrático. Mientras tanto, galeristas, artistas y coleccionistas sienten la discriminación frente a otros sectores como el cine, la música, el teatro o el libro, que sí gozan de IVA reducido. Paradójicamente, este escenario ha servido para fraguar una suerte de frente común entre galeristas, tradicionalmente poco dados a la colaboración. Hartos de la indiferencia estatal, el sector ha decidido salir del silencio y mostrar su malestar de formas hasta ahora insólitas: del 2 al 7 de febrero de 2026, más de 200 galerías bajaron la persiana en señal de protesta. El Consorcio de Galerías anunció una pausa de tres meses en los servicios gratuitos para instituciones, reivindicando el trabajo invisible y no remunerado. Artistas, galeristas y coleccionistas se congregaron frente a espacios icónicos del arte como el Museo Reina Sofía, el IVAM o el MACBA, clamando «No pedimos privilegios, pedimos igualdad» y exigiendo una verdadera voluntad política. En este sentido, hace escasos días, el Partido Popular (también Sumar) registró en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley (PNL) en la que instaba al gobierno a reducir con urgencia ese IVA cultural, y del mismo modo, antes de esa iniciativa, en el Senado se aprobó por mayoría una moción para instar al Gobierno a reducir el IVA cultural transponiendo la Directiva europea, con el respaldo de PP, Sumar, PNV, Junts y Esquerra, y únicamente la oposición del PSOE. Parece pues que, aunque lentamente, algo empieza a moverse... Con motivo de la inauguración de la 45 edición de ARCO se han previsto algunas acciones, como una pitada colectiva al ministro de Cultura en su visita oficial durante la inauguración, así como una foto grupal de galeristas y artistas en ese mismo espacio. En suma: el conflicto del IVA en el arte español es la manifestación de la brecha entre el discurso oficial y la realidad de quienes verdaderamente construyen el patrimonio cultural del país. La demanda del sector es sencilla y legítima: adaptar la fiscalidad a la normativa europea, reconocer el valor social de su trabajo y lograr que España no sea solo un país donde se admira el arte, sino también donde se apoya y se adquiere. La paradoja persiste: el arte, admirado, pero no comprado; vital, pero relegado.