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El lado más personal de Raúl del Pozo: de su infancia en la biblioteca a su viudedad

2026-03-12 - 11:13

Desde que el periódico El Mundo, diario para el que solía colaborar, confirmase la noticia, todo el mundo del periodismo le ha dedicado algunas palabras a la pérdida de Raúl del Pozo, el periodista, analista político, corresponsal y escritor que fallecía a los 89 años este pasado martes en Madrid, sin que las causas hayan sido del todo esclarecidas, si bien se presupone un deterioro paulatino de su salud fruto de la edad. Un luto en las redacciones españolas que se suma a la también reciente de Fernando Ónega y que va dejando sin referentes informativos de una época tan importante como la Transición. Raúl del Pozo Page nació un día de Navidad en La Torre, muy cerca de Mariana, en la provincia de Cuenca. Prácticamente desde aquel 25 de diciembre de 1936 solía decir había venido al mundo el mismo día que Jesuscristo y Ava Gadner. Mayor de cuatro hermanos, aprendió casi todo de su padre, dado que su madre falleció cuando él era joven. Ese aprendizaje se dio en el campo, el mismo que tenía que recorrer unos 45 minutos cada día para ir a la escuela y en el que unos días veía guardias civiles y, otros, maquis. Para huir quizá de todo lo que significaba la posguerra, se refugió en los libros, que le prestaban casi bajo cuerda en la biblioteca municipal de su pueblo, según recordaría en sus memorias. Aun con todo, fue así como conoció a Quevedo, Valle-Inclán, Shakespeare, Espronceda, Pío Baroja, Sartre o Camus, lo que acabó haciendo de él todo un maestro de escuela, profesión a la que siguió la de viajante o camarero en París. Sin embargo, el gran cambio en su vida llegaría en la década de los años 60, cuando entra de lleno en el periodismo escribiendo para el Diario de Cuenca. "El gran esfuerzo de mi vida es no dejar contaminar el idioma que aprendí de los resineros y los pastores", llegaría a decir. Y así nacieron sus libros, como Hay gorriones en la tumba de Judas, el primero que publica, en 1961, o sus crónicas, que le llevaron a vivir en Barcelona, donde conocería a uno de sus grandes amigos, Paco Rabal, o en Madrid, ciudad a la que llega acompañado de su hermano Augusto y en la que entra de lleno en el circuito de sus tertulias del café Gijón, el café Varela o Bocaccio, junto a los grandes nombres que en ellos se reunían. Fue la época en la que entraría a trabajar en el diario Pueblo, al que llegó gracias a otra de sus mejores amistades, y por el que acabaría siendo enviado especial o corresponsal a Moscú, Londres, Lisboa, Buenos Aires o cubriendo eventos tan históricos como el lanzamiento de la nave Apolo 11 a la Luna. Una vez entró la democracia en España, pasó a escribir para Mundo Obrero, el órgano oficial del Partido Comunista —firmando bajo el seudónimo Raúl Júcar—, o Interviú. Todo ello antes de pasar por TVE, siendo director del programa Entre luces, diversas emisoras de radio y colaborando en programas de televisión como en Día a día, de María Teresa Campos. Además, fue en abril de 1982 uno de los fundadores del semanario El Independiente, así como desde 1991 colabora con El Mundo, donde, en 2007, tomó el testigo en su columna del entonces recién fallecido Francisco Umbral. Varios amigos y admiradores suyos crearían, en 2016, el premio anual Raúl del Pozo de columnismo. Supersticioso como pocos, ludópata gran parte de su vida, dicen que solía cantar a sus allegados alguna que otra copla subida de tono. Ateo declarado —calificaba la Biblia como "un libro de literatura fantástica", amén de considerarlo de mala calidad—, su ideología llegaba siempre con algo de trasluz. "Yo he sido comunista cinco minutos. Pertenecí al partido [al PCE] y escribí en Mundo Obrero, pero no me quiero marcar un tanto ni decir que he estado en la resistencia", consideraría Del Pozo, que afirmaba ser republicano a pesar de la enorme amistad que tenía con el rey Juan Carlos I, a quien consideraba "el referente más absoluto de la democracia española" a pesar de hablar de él como "ese golfo". Él, que fue guionista de Jesús Quintero o incluso el plumilla detrás de algunos discursos de Adolfo Suárez, consiguió la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha y la Medalla de Honor de Madrid, entre otras razones por la veintena de libros que terminaría escribiendo. Su esposa, Natalia Estuvo con ella, con Natalia Ferraccioli, casi medio siglo —en concreto, 48 años—, hasta el 11 de septiembre de 2018. Ese día murió, en la clínica de San Camilo de Madrid, debido a "un cáncer de estómago, de mama y fallo renal", como él mismo contó en su necrológica, con él al pie de la cama "donde agonizaba". "Tengo tres mujeres [en mi vida]. Mi madre, que la mató el río, Natalia y mi hermana. Son esenciales en mi vida", diría en una entrevista. El matrimonio nunca tuvo hijos, por lo que la viudedad le afectó profundamente, a pesar de que no era dado a hablar de su vida personal. "A ella le debo gran parte de lo que soy y lo poco que tengo", dejaría escrito el periodista.

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