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El legado de Juan Vizcaya en el andar de los pasos está más vivo que nunca cincuenta años después

2026-03-12 - 23:13

En el mundo del martillo y el costal, como ocurre con la propia Semana Santa, está todo inventado. O eso dicen. Sin embargo, cada cierto tiempo tienen lugar hitos tras los cuales nada vuelve a ser igual. Pasó hace cincuenta años con la creación de la primera cuadrilla de hermanos costaleros de San Gonzalo , la de Juan Vizcaya, con la que nacieron los cambios a la música en los pasos. Aquello, que surgió casi de forma espontánea, fue extendiéndose a otras cuadrillas y perfeccionándose en paralelo al crecimiento de las bandas de cornetas y tambores y las agrupaciones. Medio siglo después, el resultado salta a la vista en el momento de mayor popularidad y excelencia de las cuadrillas. ABC se sienta a hablar sobre el origen, evolución y situación actual de este fenómeno con algunos de los capataces más representativos de los cambios a la música en la Semana Santa de Sevilla: Manolo Garduño, continuador de Vizcaya en San Gonzalo y capataz del Soberano Poder; Manuel Vizcaya, hijo del iniciador y capataz del Señor de las Penas de la Estrella; Paco Ceballos, capataz del Cristo de las Tres Caídas; y Paco Reguera, padre e hijo, capataces emérito y actual del misterio del Beso de Judas. Manolo Garduño recuerda cómo fueron los inicios de aquella cuadrilla que lo cambió todo: «El embrión surgió en el año 1974 por un jubileo en Santa Ana. A partir de ahí es cuando Juan empezó a pensar en el Lunes Santo. La hermandad le dijo que no porque la cuadrilla era de 14, 15, 16 años. Pero en 1975 no fue nada bien el paso, así que la junta decidió que el año siguiente se encargase Juan. Los pateros tenían 16 años, como Manuel Alonso, que ahora está conmigo de segundo. La media de edad sería 18 ó 19 años, porque los que tenían 26 y 27 eran los mayores de la cuadrilla. Hoy en día sería un disparate». Es curioso como esta forma de andar surgió sin grandes pretensiones. Garduño recuerda que a Vizcaya se le ocurrió el primer izquierdo cuando llevaron a la Virgen de la Salud a Santa Ana en el paso de la Pastora en 1974: «Aquello gustó y empezamos a hacerlos por inspiración». Manuel Vizcaya apunta que en aquel momento «no se pensaba crear una revolución en el estilo de andar. Juan Vizcaya no crea el izquierdo por delante con la idea de realizar una coreografía con la música, sino como un paso que alivia al costalero. Cuando estiras el pie, luce la forma de andar y da belleza al desplazamiento del paso de misterio, pero también estira al costalero y aguanta los kilos arriba». Vizcaya conserva recuerdos de los once años que pasó junto a su padre: «Tengo un recuerdo fotográfico. Era tan arrollador en su personalidad y en su carisma que todo el que lo conoció tiene un gratísimo recuerdo de él. Las personas como él no mueren nunca». Rememora los ensayos de su padre «con los niños de la cuadrilla con la música de la Guardia Civil de Eritaña: 'Alma de Dios', 'Perdona a tu Pueblo'...». Asegura que dejó todo impregnado de su impronta «sin poder ni imaginar en qué iba a derivar todo aquello». Garduño, su heredero, recuerda que «Juan era muy ambicioso y quería hacer una gran cuadrilla de Triana . De hecho, en la primera cuadrilla hubo hermanos de la O, las Cigarreras y la Estrella. Cuando él faltó, ya nos centramos sólo en nuestra cuadrilla. Éramos muy jovencitos y la idea era demasiado ambiciosa». Aquel primer año de 1976 llovió el Lunes Santo, la hermandad tuvo que refugiarse en la O y regresó a su templo el Jueves Santo por la mañana. Por desgracia, Juan Vizcaya murió en un accidente de coche en noviembre, por lo que no pudo llevar al Soberano a la Catedral. Los siguientes Lunes Santos, y hasta que ella misma dejó el mundo, la madre de Vizcaya, Modesta, depositó sin falta dos claveles rojos en el canasto del Señor en recuerdo de las manos que ya no llamarían nunca más al martillo, las de su hijo. En ese momento el capataz se convirtió en una leyenda. En ese contexto cogió las riendas Garduño: «La cuadrilla le pidió a la junta que yo fuera el capataz con 16 años . Otra verdadera locura que en el contexto de aquellos tiempos se entiende pero hoy en día sería imposible». Han pasado cincuenta años, la cuadrilla es referencia dentro del mundillo, y Manolo Garduño, una institución en San Gonzalo: «Aquella bendita locura ha durado más de lo que nadie podría haber pensado y me siento muy afortunado». Un personaje decisivo en la evolución de este fenómeno fue el recordado Bienvenido Puelles , quien ligó los cambios de forma inseparable a la música de las Cigarreras ―considerada su «décima trabajadera»― y la nueva hornada de marchas que él mismo iba componiendo, entre ellas el Réquiem dedicado precisamente a Juan Vizcaya. Los cambios dejaron de hacerse por inspiración. «Bienve vino a hablar conmigo y me preguntó por qué no se mandaban los cambios desde debajo», reconoce Garduño. Él y Juan Antonio Álvarez 'Pollero' empezaron a mandarlos desde las trabajaderas. «En aquellos tiempos era poco menos que una herejía, ¿cómo iba a ser que un costalero mandara?». Pero a la vista están los resultados: «De ahí salió, con la herramienta que nos había dejado Juan, algo nuevo en la Semana Santa, con lo difícil que es crear algo nuevo en la Semana Santa nuestra. Y de ahí viene el estilo de San Gonzalo, que yo creo que se ha exportado a muchas cuadrillas después». Lo cierto es que los cambios a la música se integraron rápidamente y se han extendido hasta convertirse en algo característico. Algunas cuadrillas llevan décadas abanderando esta forma de andar. Triana es uno de los puntos neurálgicos, ya que, además de San Gonzalo, también hacen cambios los misterios de la Estrella y las Tres Caídas. Manuel Vizcaya lleva con la cuadrilla del Señor de las Penas desde que en 1979 llegaron los hermanos costaleros. Con 13 años fue contraguía y con 15 segundo capataz. «Con 18 años me quedé como primer capataz del paso de Cristo, y en junio pasado cumplí 60, así que llevo toda una vida al lado del Señor». Confiesa que la cuadrilla «empezó como todas las de aquella época, con muchísimas fatigas y muy poquita gente en los ensayos e incluso el Domingo de Ramos. Igual uno se salía a por el bocadillo y no volvía; nada que ver con lo de ahora, con muchos chavales jóvenes con tanta afición». A juicio de su capataz, la del Señor de las Penas es «el mayor reflejo del inicio de la cuadrilla de Juan Vizcaya, porque nos dedicamos a hacer los tres cambios concretos con los que se inicia la cuadrilla de San Gonzalo: el costero a costero, el izquierdo por delante y sobre los pies; no hacemos otra cosa». Para él, lo más bonito de su forma de andar es «que un paso que hace cambios a la música salga andando elegante, de menos a más y tenga una arrancada bonita». Reconoce que no le gusta abusar de los cambios, y señala la importancia de «ser fiel al movimiento que le pega al misterio, que es muy sobrio», algo que domina a la perfección después de tantos años vinculado tan estrechamente a la que era la cofradía de su madre. «La hermandad de la Estrella es mi familia», concluye. Paco Ceballos es el capataz del Cristo de las Tres Caídas desde hace 28 años. Antes de eso fue segundo de la mano de Juan Borrero durante cinco. No tiene duda de que la clave del paso de misterio de la Esperanza de Triana en la calle es que «seguimos manteniendo un estilo desde hace muchísimos años. El Señor ya se levantaba y se bajaba a la música en los años cincuenta y sesenta. Ya entonces daba pinceladas fuera de lo normal en aquella época debido a la algarabía que llevaba». Después aparecieron los hermanos costaleros y «pegó la explosión». Reconoce que la idiosincrasia de la hermandad no ha cambiado en las últimas décadas: «Igual sea la hermandad de los excesos , pero estamos muy satisfechos con la forma que tenemos de llevar los pasos en la calle. Sguimos haciendo los mismos cambios que se hacían cuando yo entré». Sí matiza que ahora «hacemos bastante menos cambios» y «se anda más cuando se puede andar». Otro elemento diferenciador es su banda: «Yo no veo ahora mismo el Cristo de las Tres Caídas sin su banda detrás. Influye todo, desde el compás y el redoble del tambor hasta la caída del paso. La banda es el cien por cien de la cuadrilla, es una simbiosis», afirma con rotundidad. Además, la fidelidad a la hermandad y la cuadrilla incluso en un caso tan de masas como el de la Esperanza de Triana se transmite de generación en generación: «36 costaleros actuales son hijos de antiguos costaleros , y al 90% los he llevado yo. Llevé a los padres y ahora a los hijos. Antes, subíamos encima del paso a los niños durante los ensayos en vez de meter tantos sacos. Hay fotos con 14 ó 15 chiquillos subidos. Muchos de esos niños que hacían los ensayos arriba del paso van ahora llevando al Cristo». No sólo en el viejo arrabal caló la manera de llevar los pasos al compás de la música. Al otro lado del río, hubo cuadrillas que desde bien temprano implantaron los cambios y les dieron su toque personal. Una de las que crearon escuela fue la del Beso de Judas con Paco Reguera Aguilar , retirado en 2017 y nombrado capataz emérito de la corporación del Lunes Santo, con un crecimiento explosivo en las últimas décadas pese a estar en el Centro. Reguera empezó a mandar el misterio en 1979, con un panorama muy diferente al actual: «Antes, de un año para otro, a lo mejor se habían ido 20 ó 25 costaleros. Tenía que buscar 25 hombres nuevos». La clave, como en los casos anteriores, es mantener el espíritu: «Cuando las cosas van bien, no las toques. Tiene mucho que ver el haber mantenido tanto tiempo a la persona que está delante, con sus ideas claras sobre lo que quiere, pero siempre al servicio de la hermandad», asegura el veterano capataz: «Cuando yo entré, no había junta de gobierno, sino una gestora. Después han pasado distintos hermanos mayores, pero todos manteniendo el mismo camino». Un camino en el que han permanecido el capataz y los sones de agrupación musical a través de la banda de la Redención incluso cuando el género cayó en el ostracismo: «Rafael Buzón me dijo en su momento que, de los tres olivos, el único que no había perdido ese sello éramos nosotros». Paco Reguera Corriente , actual capataz del misterio, está de acuerdo con su padre en que «uno de los aciertos es haber mantenido el estilo. Creo que, dentro de los pasos que hace cambios, es de los pocos que tiene una identidad propia. Todos venimos del cambio en San Gonzalo y luego cada uno lo ha ido adaptando a su manera. Nuestro paso tiene un estilo más que asentado y reconocido, incluso imitado, que nos ha costado mucho mantener». Su filosofía es que «los cambios deben ser pocos y siempre los mismos». Unos cambios entre los que destaca el costero largo hacia delante y el picadito. «No hacemos el izquierdo, ni el costero para los lados, por ejemplo, y ahí se asienta su éxito. Me da mucha alegría ver cómo intentan imitarlo en otros sitios», añade. Ambos, padre e hijo, se enorgullecen de haber sido nazarenos antes que capataces, y hoy el nieto, la tercera generación, ya viste la túnica del Beso de Judas, por lo que el futuro en la calle Santiago está más que asegurado. Como lo está el de todas estas cuadrillas de hermanos costaleros que viven el momento más dulce de su historia, con las bandas que acompañan a su mejor nivel musical, decenas de hombres queriendo formar parte de las mismas y un interés como nunca por todo lo que tiene que ver con el mundo del martillo y el costal. El legado de Juan Vizcaya está en buenas manos y listo para cumplir otros cincuenta años.

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