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El liderazgo internacional de Sánchez frente a la soledad de España

2026-03-17 - 05:43

Puede parecer algo contradictorio. Pero no lo es. La figura del presidente Sánchez tan denostada en España, al menos en ciertos sectores del electorado, parece haber cobrado algo de vuelo a raíz del conflicto de Irán, donde la intervención de EEUU e Israel genera sentimientos muy contrapuestos, especialmente en el mundo, incluso en el seno de la UE. Así, las contradicciones de la presidenta de la comisión UE Ursula Von der Leyen sobre el desplome real o ficticio del anterior orden internacional basado en reglas y en cierto respeto, según los países y zonas de influencia, al marco de Naciones Unidas, ha exteriorizado las contradicciones en materia de política exterior entre los distintos países miembros de la UE. En primer lugar, la Alemania de Merz parece alinearse con EEUU, con matices y la Francia de Macron también pese al oropel de la renacida política de la grandeur del presidente, que aprovecha el tirón internacional para superar sus problemas internos en lo que le queda de mandato. Incluso el Reino Unido, tradicional aliado de EEUU, ha manifestado por boca de su premier Keir Starmer alguna reticencia, que tras el rapapolvo de Trump, parece haber suavizado. Es en ese contexto internacional algo difuso en torno al apoyo a la intervención de las potencias citadas en donde parece querer resurgir, también con matices la figura del presidente español, con su categórico y firme NO a la guerra, aunque pese a todos los pesares España siga cumpliendo sus compromisos bilaterales con EEUU en relación con las Bases de Rota y Morón, así como el envío de determinados buques y fragatas en el marco de la OTAN. Esa posición de cierto liderazgo internacional del Presidente Sánchez en países como Canadá o el Reino Unido con gobiernos laboristas así como su firme compromiso contra la intervención de Israel en Gaza ha hecho, según algunos analistas, resaltar su figura o proyección exterior; alguien desconocido en la esfera internacional pero que su confrontación con Trump parece rendirle algunos réditos. No, sin embargo, en todos los frentes exteriores pues su jumelage con la presidenta Von der Leyen parece haber acabado en decepción a la vista de las políticas mantenidas en cuestiones nucleares para la UE y OTAN que mantiene en solitario Sánchez. España, sin embargo, no puede volver a repetir la imagen de pedigüeña en la UE mientras no colaboramos en los temas esenciales, aunque sea solo desde un punto de vista cosmético. La pregunta que se cierne sobre la política exterior es si ese pretendido repunte de su liderazgo no generará problemas para España, al quedar en cierta soledad frente a sus socios y aliados. Es cierto que la política es cambiante, pero en materia de política exterior los cambios bruscos que permiten duda de la fiabilidad de un socio no aventuran nada halagüeño. En el caso con el frente abierto con EEUU, es cierto que se ha consolidado como el principal proveedor de gas natural licuado (GNL) de España en 2026, cubriendo el 45% de sus importaciones totales de gas; de igual modo está el frente comercial tradicional español de exportaciones a Estados Unidos que es un mercado estratégico clave para el aceite de oliva español, alcanzando ventas superiores a 1.000 millones de euros en 2024 y no digamos la compra y adquisición de material militar en dicho país, que se cifra según algunos cálculos en 7.000 millones de dólares. NO digamos con la política de gestos diplomáticos innecesarios frente a Israel donde la política de enfrentamiento con Netanyahu escenificada en la política de la patrullera patriótica enviada a Gaza unida al cese de la embajadora Ana Sàlomon, que reduce la representación de España a nivel de encargadas de negocios, no es una buena noticia para nuestro País. Desde los Acuerdos de Abraham (2020) en en el primer mandato de Trump, Marruecos al reconocer al Estado de Israel y mantener relaciones diplomáticas ha subido enteros en su relación geoestratégica con EE.UU mientras que España parece empeñada en deteriorarlas. Cuestiones como la 'marroquinidad' del Sáhara, la reivindicación de Ceuta y Melilla o la histórica de las Islas Canarias o la gestión de la emigración ilegal no es una cuestión baladí, lo que salpicado con aspectos de espionaje de estado no aclarados como el llamado Caso Pegasus, puede en momentos sugerir una situación algo inquietante. Como señalaba el anterior embajador de España en Marruecos Jorge Dezcallar, quizás la embajada de Rabat no sea la más interesante, pero si una de las determinantes de nuestras relaciones internacionales, máxime si se trata de un País ribereño. En consecuencia, la relativa elevación o auge en el liderazgo internacional de Sánchez, al menos para la izquierda más ideologizada, puede suponer la soledad para España. Si ello se confirma habrá hecho en materia de política exterior un pan como unas tortas.

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