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'El mago del Kremlin', o cómo Putin pasó de ser un espía gris al líder que atemoriza a Occidente: «Rusia ha convertido internet en un arma»

2026-03-06 - 17:33

Pocos cineastas como el parisino Olivier Assayas se han movido tan bien a lo largo y ancho del planeta para hacer cine. Un cine, el de este ya veterano de 72 años, casi siempre político y casi siempre exitoso, ya fuera con 'Carlos', con sus dos versiones de 'Irma Vep' o con 'La red avispa'. Ahora con 'El mago del Kremlin' se adentra en las profundidades del poder ruso para entender cómo del frío helador de los despachos del KGB surgió uno de los villanos del siglo XXI. Pero para entender a Vladimir Putin, Assayas mira a su 'Rasputín', al hacedor en la sombra, al estratega que convirtió a un espía cualquiera en un líder político. Vadim Baranov (inspirado en el 'cardenal gris' de Putin Vladislav Surkov, que en el film interpreta Paul Dano), era un tipo que cuando el muro cayó y la URSS se diluía, se puso su chaqueta de cuero y empezó a frecuentar la animada noche de Moscú escuchando las tonadas que venían de Occidente. Pero en aquel momento de agitación, acabó descubriendo que su elocuencia y su inteligencia (y algún golpe de suerte) lo acabaron acercando a las cúpulas del poder. Y ahí conoció a un hierático espía de férreo carácter y vastas ambiciones, un tipo serio que sabía mirar, escuchar y ejecutar. Y ambos, asesor y político, se fueron cargando por lo civil o por lo criminal a quien se interponía en su camino. Lo cuenta Assayas tras adaptar junto a Emmanuel Carrère el ensayo político homónimo de Giuliano Da Empoli . No es casualidad que Assayas, hijo del guionista Jacques Rémy, elija en este convulso momento político un relato que resuena con los ecos de la Guerra Fría y las tensiones actuales entre Occidente y Moscú. Lo hace también Assayas mirando los orígenes de la tan manida hoy 'posverdad', de un momento en el que sin redes sociales ni móviles ni inteligencia artificial ya se manipulaba al gusto del que mandaba. «El lenguaje que definieron los 'spin doctors' rusos en el período del que trata esta película es algo que ha sido absorbido por políticos de todo el mundo, lo cual es tanto algo bueno como algo malo. Los políticos han entendido que tienen nuevas herramientas complejas que pueden usar para acceder al poder y distorsionar la percepción de la gente», contó Assayas a ABC el pasado Festival de San Sebastián , donde presentó la película junto a Paul Dano. Esta percepción distorsionada es el núcleo de 'El mago del Kremlin'. La novela de Da Empoli, convertida en best seller, reinventa la figura de Surkov para explorar cómo la Rusia de los años 90, sumida en la anarquía tras la caída de la URSS, dio paso a un régimen vertical y autoritario. Assayas, que leyó el libro poco después de su lanzamiento, confiesa que le impactó su doble naturaleza: «Cuando leí el libro, antes de que se convirtiera en una especie de best seller, lo que me impactó fue darme cuenta de que sabía mucho de Rusia pero que en realidad no sabía nada sobre la historia moderna de Rusia, es algo que también había experimentado cuando me documenté sobre 'Carlos', en el sentido de que lo sabía todo, pero no entendía nada», añade, refiriéndose a su película y miniserie sobre el terrorista Ilich Ramírez Sánchez, 'El Chacal'. Así, en 'El mago del Kremlin' la figura de Putin pasa a un temible segundo plano ante el protagonismo de su 'Rasputín'. Unos asesores políticos, politólogos, analistas... que en Occidente también están copando los despachos de los políticos y condicionando las decisiones de los líderes. «Creo que Rusia es específica. Es un país que ha vivido la mayor parte del siglo XX y posiblemente parte del XIX bajo un régimen totalitario. Tienen los mejores y más perversos servicios secretos desde la era imperial. Sí, creo que lo que está pasando en Rusia no puede ocurrir exactamente en las llamadas democracias modernas occidentales», justificó el cineasta, que advierte: «Al mismo tiempo, creo que lo que está ocurriendo en Rusia y la forma en que la democracia ha sido confiscada es algo que puede ocurrir básicamente en cualquier país, porque el tipo de sistema autocrático que se está estableciendo ahora en Estados Unidos no forma parte de la historia americana. Es lo inverso de la historia americana». Assayas, que ha rodado en inglés por primera vez, enfatiza la documentación con la que preparó este trabajo. Y que, dice, le sirve para detonar una de las tesis que circulan por internet de que Rusia se ha convertido en el último refugio de los valores 'tradicionales'. Y también para explicar cómo desde Moscú se han desestabilizado las democracias occidentales a través de las redes sociales. «Rusia está usando internet y los medios para manipular a las audiencias occidentales y desestabilizar países democráticos, porque la democracia es algo que obviamente asusta a Rusia. Representa al antagonista, representa al enemigo». Y añade: «Rusia ha convertido internet y las estrategias de manipulación masiva en armas. Es algo de lo que tenemos que aprender». «La cuestión es que en la película todo lo que Putin tenga que decir debe tomarse con cuidado. En algún momento alguien dice que es un producto puro de la KGB, es cierto, pero sobre todo es un verdadero producto de la Guerra Fría. Está obsesionado con la Guerra Fría y con la forma en que su fin transformó Rusia», explica el cineasta. «Tras el fin de la URSS, el país se convirtió en un desastre. De repente hubo una especie de anarquía y la población sufrió. Es un hecho básico y hay que tenerlo en cuenta, se mire como se mire. Pero por supuesto la solución a esos problemas no era la reinstauración de un régimen totalitario». En este punto, 'El mago del Kremlin' analiza casi como si fuera un documental (es la película menos 'thriller' de Assayas) el auge de los oligarcas en los 90 y su eclipse por los 'siloviki' –los hombres de fuerza del aparato de seguridad–. «Los oligarcas han sido básicamente eliminados», explica Assayas. «La estrategia de Vladimir Putin fue eliminarlos uno por uno. Así que quedan muy pocos. Y los que quedan se han vuelto extremadamente complacientes con él. El período en el que los oligarcas estaban en el poder en Rusia ha quedado atrás hace mucho. La clase que controla el poder ruso ahora es más bien los Siloviki, a los que llaman 'los hombres de la fuerza', que están en los servicios secretos, en el ejército, en la estructura de poder tradicional. Alguien como Igor Sechin (mano derecha de Putin y director ejecutivo de la compañía petrolera estatal) es un ejemplo de lo que son los Siloviki. Putin ha creado una red de individuos extremadamente obedientes a los que controla completamente y que coloca en posiciones estratégicas dentro de la estructura de poder rusa». Assayas no evade las comparaciones con Hollywood, un mundo que conoce bien. En la película, escribió una línea de guion en la que se bromea con que «Hollywood es como Moscú». El director ríe: «Es peor. Lo digo como una especie de broma, porque Hollywood no tiene los mismos problemas. Pero no me gusta la forma en que Hollywood hace películas. Es un mundo donde solo importan las relaciones de poder, donde cualquier tipo de reflexión sobre el cine como arte ha sido eliminada gradualmente. Hollywood nunca fue una especie de democracia, pero ciertamente se está volviendo mucho peor porque se ha vuelto corporativo. Antes no era tan corporativo, y cuanto más corporativo se vuelve, más se parece a lo peor de la política moderna».

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