El mejor gol de tu vida
2026-03-02 - 02:43
«Conocí a una serie de futbolistas que marcaron goles importantes, bonitos, espectaculares y, en cualquier caso, memorables en el transcurso de sus carreras. Con mucho gusto me hablaron de ellos y generosamente los dibujaron en el cuaderno que llevaba conmigo en cada viaje». Básicamente, así resume su autor, Javier Cáceres, la mitad del contenido de 'El gol de mi vida' (Editorial Libros Cúpula), libro en cuyas páginas anidan los 100 goles elegidos por otros tantos futbolistas legendarios. Son cien dibujos trazados y firmados a mano que ilustran otros tantos relatos en primera persona —la otra mitad de la obra— de esos inolvidables lances. A continuación, cuatro de esas secuencias y sus respectivas ilustraciones: Real Madrid 1; Juventus 0 . Final de la Liga Campeones 1997-98 (20-5-1998) en el Amsterdam Arena (Países Bajos) «Por poco me pierdo la final. A 48 horas del partido hicimos unos saltos en el entrenamiento, y, al tocar tierra, mi gemelo hizo '¡pic!'. Pensé: '¡Virgen santísima! ¡Una lesión!'. No sabía si era grave, pero dejé el entrenamiento de inmediato. El preparador físico quería que siguiera, pero le dije que estaba cansado y me fui. Luego, me vino a ver a nuestro fisio, Pedro Chueca, y le dije: Pedro, esto es cosa seria. Una final. Si alguien se entera de que me duele la pantorrilla, te mato. Pedro seguramente se asustó. 'Este loco montenegrino es capaz de matarme de verdad', habrá pensado. El caso es que mantuvo la boca cerrada, y nuestro entrenador, Jupp Heynckes, no se enteró de nada. No fue fácil mantener el secreto. Al entrenamiento en vísperas del partido, salí con medias largas. Mis compañeros se sorprendieron, porque normalmente entrenábamos con calcetines. 'Superstición', les dije. ¡Mentira! Lo que pasaba era que llevaba un vendaje tan grueso que parecía una escayola. La cosa se complicó cuando Jupp vino hacia nosotros y dijo: 'Aquí, vosotros cinco, a tirar penaltis'. Hubiera sido mi fin, así que le dije: 'Míster, ganaremos sin penaltis'. Y lo dejé ahí plantado. Debió de pensar que estaba loco. ¿Que si pensé que estando lesionado, podía debilitar a mi equipo? ¡Claro que sí! Pero también pensé que, si levantaba la mano en la víspera de una final, iba a quedar como el mayor idiota de la historia del fútbol. Nadie me iba a creer que estaba lesionado. Además, estaba obsesionado con la final. Tan obsesionado que pensaba: si vamos perdiendo, cometo cualquier estupidez, provoco que se suspenda el partido y fuerzo una repetición. Pero no fue necesario. Y el día de la final, hice una última prueba en el calentamiento, y todo estaba bien. Durante el partido, no noté nada. La adrenalina, supongo. Entonces, marqué el gol. Fue un ataque por la derecha. Raúl, Morientes y yo estábamos en el área. Christian Panucci era, en realidad, muy bueno centrando. Pero el centro que tiró no le servía a nadie. El rebote le llegó a Roberto [Carlos], que tiró a puerta pero, afortunadamente, le pegó mal. Y digo por suerte porque el balón se desvió y cayó a mis pies. En el minuto 66. Con el tiempo le he dado muchas vueltas a esta cifra, al 66. El Real Madrid había ganado su sexta Copa de Europa en 1966, contra el Partizán de Belgrado, donde, más tarde, llegué a ser capitán y donde llevé una camiseta blanca y negra, igual que la Juve. Y el minuto en el que yo me quedo solo con el balón fue... ¡el 66! Regateé a Peruzzi, pero llevaba la pelota con la pierna lesionada. Por eso, quería evitar seguir corriendo. Y como veía por el rabillo del ojo que se acercaba un defensa, levanté ligeramente el balón. Y marqué. Son muchas ideas seguidas en un lapso muy reducido, es cierto. Pero cuando te identificas con tu trabajo, ya sea en el fútbol o en cualquier otra ocupación, cabe una eternidad en un segundo. Actúas como un animal. Por instinto, por hambre, por lo que sea. Matas el balón. Solo así es posible hacer un trabajo tan milimétrico. Lo peor fueron los primeros minutos tras el gol. Estaba totalmente agotado, ya que crucé el campo corriendo hacia Fernando, el hijo del presidente [Lorenzo] Sanz. La tarde anterior me había dicho que yo marcaría el gol de la victoria. Y lo dijo a pesar de que sabía que no había marcado ni un gol en toda la Champions. Quería darle las gracias. Fue la carrera más larga que hice en el partido. Recé para que no me pasaran más la pelota. Pero no me sustituyeron hasta el minuto 89. El cambio lo pedí yo, porque quería que mi amigo Davor Suker disfrutase un poco de la final. ¿Y sabes lo que hizo? Cuando el árbitro pitó el final, el loco lanzó el balón a la grada. ¡El balón de la final! Habría sido un bonito recuerdo de una final tan importante para el club. El Real Madrid llevaba 32 años esperando 'la Séptima' en el torneo de clubes más importante del mundo. Fue la victoria que catapultó al club hacia la era moderna. Para mí también fue tremendamente importante convertirme en ganador de la Champions League con el club más prestigioso del mundo. Ahora sé, después de tantos años, lo importante que puede ser un detalle así en la carrera de un futbolista. Cómo te mira la gente cuando sales a cenar, cómo hablan de ti, todo eso lo percibes. Lo oyes. Y te das cuenta de que ese murmullo es la banda sonora de que hicieras Historia.» Barcelona 4 – 3 Atlético de Madrid . Jornada 6 de la Liga 1994-1995 (8-10-1994) en el Camp Nou, Barcelona «No he marcado muchos goles, pero la mayoría fueron realmente bonitos. El más espectacular de todos fue, sin duda, un gol de tiro libre en 1996 contra el Deportivo La Coruña, poco después de que destituyeran a Johan Cruyff como entrenador del FC Barcelona. Fue un gol de tiro libre, desde una distancia gigantesca, por debajo del travesaño. Era, por cierto, muy bueno lanzando tiros libres, solo que en el FC Barcelona rara vez tenía la oportunidad de disparar tiros libres porque Ronald Koeman siempre era el primero en pillar el balón y Hristo Stoichkov, el segundo. El gol con mayor significado para mí fue el primero que marqué con el primer equipo del FC Barcelona. Fue en la liga española contra el Atlético de Madrid en el Camp Nou, donde una vez fui recogepelotas. Fue todo menos fácil. Romário había llegado por la derecha, y su tiro lo habían bloqueado en el área, por lo que el balón rodó hasta mis pies. Recuerdo que el balón había adquirido un efecto raro y que yo solo pensaba en mantener correctamente el cuerpo para golpear el balón bien y con la fuerza adecuada. Más aún porque tenía que pegarle con la izquierda. Cuando empecé a jugar al golf, entendí lo que hice: un movimiento fluido muy parecido al swing. Es decir, intenté acompañar la pelota con la pierna lo más que pude. Cuando la pelota entró por la escuadra apenas podía creerlo. ¡Tan solo quería meterla en la portería! Me puse las manos en la cara y pensé: 'Ah, bueno... ¡¿pero qué has hecho?!'. ¿Y sabe lo que realmente me fascina? Que aún veo esa escena con total claridad; tan claro que repetiría exactamente cada gesto si la escena volviera a repetirse ahora. Estoy seguro de que podría hacer exactamente el mismo tiro y volver a poner la pelota en la escuadra.» Francia 1 - 1 Brasil . Jornada 1 del Torneo de Francia (3-6-1997) en el estadio de Gerland, Lyon (Francia) «Fue un gol de tiro libre totalmente extraordinario. Incluso hay científicos que estudiaron la curva que describió el balón. Recuerdo que en la preparación del tiro me escondí delante del muro de los franceses, de tal modo que Barthez, el portero francés, no pudo adivinar lo que iba a hacer, esto es, disparar directamente a puerta. Golpeé el balón con precisión con la técnica de los tres dedos, es decir, con la parte exterior de mi pie izquierdo. Pero no todo fue fuerza. Ni mucho menos. Estaba muy calculado. A la derecha de la portería había una valla publicitaria muy llamativa, creo que era del servicio postal. Y esa publicidad fue el punto de referencia para mi tiro, no la portería. Barthez no reaccionó en absoluto; estaba seguro, creo, de que el balón se iría fuera.» Real Madrid 1 - 2 Barcelona . Jornada 18a de la Liga 2003-2004 (25-4-2004) en el estadio Santiago Bernabéu (Madrid) «Había visto a Ronaldinho en el centro del campo y, cuando le pasé la pelota, hice lo que siempre hacía cuando Ronaldinho —o, más tarde, Leo [Messi]— tenían el balón: me orienté hacia el área contraria. Porque sabía que, cuando Ronaldinho o Leo tenían el balón, algo iba a pasar... En este gol, Ronaldinho colgó el balón en el área. Iker [Casillas] salió e intentó acortar el ángulo. Pero antes de que llegara, se la piqué y marqué. Fue un gran gol, la verdad. Y encima nos dio la victoria contra el [Real] Madrid en el Bernabéu, cuando apenas faltaban unos minutos para el final.»