El motivo por el que las manchas del cuerpo se quitan mejor en invierno
2026-02-20 - 11:53
Una de las alteraciones cutáneas que más consultas generan es la aparición de manchas. Este trastorno de la pigmentación, aunque no entraña en sí ningún peligro para la salud, es, sin embargo, un tipo de marcador que nos informa sobre cómo de dañada está nuestra piel. Esta nos envía señales, en forma de manchas, lunares y otras alteraciones, sobre lo castigada que se encuentra por la radiación ultravioleta. Siempre debemos tener en cuenta que nuestra sufrida epidermis está constantemente luchando contra el sol, la agresión del medio ambiente, los productos químicos y las infecciones, entre otros factores. Con el paso de los años, estos elementos ocasionan un desgaste, un debilitamiento y una bajada de defensas. Si a esto le sumamos la presencia de una pequeña infección mantenida en el tiempo, como puede ser la tendencia al acné, se multiplica la probabilidad de que aparezca hiperpigmentación. ¿Por qué aparecen las manchas? Pero, ¿por qué se produce ese fenómeno? En nuestra epidermis, la capa más superficial de la piel, tenemos unas células llamadas melanocitos. Estas células fabrican una molécula denominada melanina, de la que existen dos tipos: la eumelanina, responsable de los tonos marrones y negros, y la feomelanina, responsable de los tonos rojos y amarillentos. La combinación de ambas va a conferir el color de nuestra piel y también definirá nuestro fototipo. Cuanto más bajo es el fototipo, más pálida es la epidermis y más expuestos estamos a las quemaduras. Por ejemplo, un escandinavo de piel blanca y cabello rubio tendrá un fototipo uno o dos, mientras que una persona de piel y cabello morenos tendrá un cuatro. Conforme la piel recibe radiación ultravioleta, se ponen en marcha los mecanismos de defensa y los melanocitos fabrican más melanina; el resultado es que nos ponemos morenos. Este mecanismo, que funciona impecablemente en las primeras décadas, empieza a desajustarse con el paso de los años debido a la inflamación crónica, el embarazo, algunos medicamentos y lo que popularmente se conoce como «la memoria de la piel llena». Es decir, cuando estamos llegando al máximo de horas de sol que nuestra piel puede aguantar. Llegado ese punto, la epidermis se siente débil y vulnerable, por lo que empieza a fabricar enormes cantidades de melanina en un intento desesperado de protección. El resultado es la aparición de zonas de color más oscuro en áreas como los pómulos, el labio superior o la frente. Pero vamos a lo positivo: hoy en día existen soluciones tanto para prevenir la aparición del antiestético melasma como para revertir el daño solar y, más fácilmente, eliminar las manchas. En primer lugar, es fundamental el uso de fotoprotección con un producto que tenga un FPS de al menos 50. Lo importante es usarlo todos los días y, conforme la intensidad del sol aumenta, aplicarlo tanto por la mañana como por la tarde. En los meses de verano, la frecuencia de renovación de la capa protectora debe ser cada dos o tres horas; en esto no hay excepciones. Cuando la piel está muy castigada, la sola omisión de unas horas haciendo senderismo, paseando en una mañana de primavera o sentado en una terraza puede ser suficiente para que los melanocitos reaccionen y produzcan manchas. Así pues, el primer paso es aislar nuestra epidermis de la radiación ultravioleta. Tenemos que conseguir que los fotones que el sol nos envía —que son como pequeñas balas cargadas de energía— queden detenidos por la red que forma el fotoprotector. Volviendo al título de este texto: ¿cuándo es mejor eliminar las manchas? Hoy en día, casi todos los modernos despigmentantes (que en su mayoría parten de productos vegetales) se pueden utilizar tanto en verano como en invierno, a diferencia de los activos químicos que se usaban hace años. No obstante, teniendo en cuenta que las manchas se hacen siempre más visibles en los meses cálidos, resulta más fácil que productos naturales como el resorcinol, el ácido kójico o la arbutina eliminen la pigmentación en los meses fríos, consiguiendo así llegar a la primavera con la piel blanca, luminosa y uniforme.