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El motivo por el que un estudio científico sobre perros y el cerebro se ha viralizado años después

2026-02-14 - 07:55

¿Puede un estudio científico publicado en 2022 reaparecer cuatro años después y convertirse en un fenómeno viral? La respuesta es afirmativa, especialmente cuando el detonante no es una revista especializada, sino las redes sociales. En este caso, el responsable ha sido Siim Land, antropólogo, divulgador y creador de contenido, que compartió hace unos días una de las conclusiones más llamativas de una investigación sobre convivencia con animales y sus efectos en la salud cerebral. El mensaje era breve, aclarando que, según ese trabajo, las personas que conviven con animales, especialmente con perros, presentan una edad cerebral estimada hasta 15 años más joven que quienes no lo hacen. Lo que siguió fue una reacción en cadena. Cientos de respuestas, hilos derivados, vídeos explicativos en TikTok y debates que mezclaban experiencia personal, entusiasmo y ciencia. Qué decía exactamente el estudio original El trabajo al que hacía referencia Siim Land fue publicado en 2022 y analizaba la relación entre la convivencia con animales y distintos indicadores de salud cerebral en adultos a lo largo de toda la vida. Los investigadores observaron asociaciones entre tener un animal de compañía y un mejor rendimiento cognitivo, así como diferencias en la estructura cerebral, especialmente en edades avanzadas. Se trataba de un estudio transversal, con una muestra relativamente reducida de 95 participantes, lo que invita a la cautela. Aun así, sus resultados apuntaban a que las personas con animales de compañía mostraban ventajas en funciones cognitivas frente a quienes no convivían con ellos. El mensaje de youtuber no solo rescató ese estudio, sino que lo conectó con otro más reciente, publicado en 2025, que reforzaba la misma idea desde un enfoque longitudinal. En este caso, los investigadores siguieron durante 18 años a adultos mayores de 50 años en Europa y observaron que quienes convivían con animales, especialmente perros, presentaban un declive más lento de funciones como la memoria episódica o las funciones ejecutivas. El comentario que puso el foco en el cómo Entre todas las respuestas al mensaje viral, una de las más compartidas fue la de Aakash Gupta, divulgador especializado en tecnología y desarrollo profesional, que aportó una lectura distinta. Más que afirmar que “los perros son buenos para el cerebro”, se centró en explicar los mecanismos fisiológicos que podrían estar detrás de esa asociación. Tal como señalaba en su mensaje, tres minutos de interacción física con un perro, como acariciarlo y tocarlo, desencadenan la liberación de oxitocina tanto en la persona como en el animal. Al mismo tiempo, descienden los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y se reduce la frecuencia cardíaca. Este proceso no ocurre de forma puntual, sino que se repite varias veces al día, todos los días, durante años. El resultado de ese bucle constante de contacto físico, regulación del eje del estrés y menor inflamación neurológica, es la que podría contribuir a preservar el volumen cerebral y a ralentizar el deterioro cognitivo. No se trataría, por tanto, de un efecto mágico de los perros, sino de un mecanismo de regulación del sistema nervioso que muchas personas no consiguen de forma sostenida por otras vías. ¿Por qué perros y no otros animales? Uno de los aspectos que más interés ha despertado es por qué los perros parecen mostrar un efecto más consistente que otros animales.En el estudio de 2025 observaron que los gatos también podían asociarse a beneficios similares, mientras que los peces o las aves no mostraban el mismo patrón. La diferencia, apuntan los investigadores, no estaría en la especie en sí, sino en el tipo de interacción. Los perros demandan contacto físico, interrumpen rutinas sedentarias, obligan a salir al exterior y fomentan la actividad física diaria. En los estudios analizados, las personas con perro presentaban mayores niveles de actividad, menor índice de masa corporal y menor incidencia de hipertensión. Desde esta perspectiva, el perro actuaría como un facilitador constante de hábitos y estímulos que, de forma indirecta, protegen la salud cerebral a largo plazo. Ciencia, cautela y contexto Los propios autores de ambos estudios insisten en que estos resultados no implican causalidad directa. Tener perro no garantiza una mejor salud cognitiva, ni todas las personas se benefician del mismo modo. Factores como el contexto social, el nivel de actividad previa, la edad o el estado de salud influyen de manera decisiva. Sin embargo, el hecho de que estudios independientes, con metodologías distintas y publicados en años diferentes, apunten en la misma dirección refuerza la idea de que la convivencia con animales (especialmente con perros) puede formar parte de un conjunto de factores protectores del cerebro. Que este tipo de hallazgos resurja gracias a las redes sociales no resta valor a la ciencia académica que lo sustenta, al contrario. Muestra cómo un mensaje bien formulado puede servir de puente entre la investigación y una ciencia ciudadana conversacional sobre bienestar, envejecimiento y el lugar que ocupan los animales en nuestra vida cotidiana. Referencia: Pet ownership is associated with greater cognitive and brain health in a cross-sectional sample across the adult lifespan. Ian M. McDonough et al. Frontiers Aging Neuroscience (2022) ​Longitudinal relationships between pet ownership and cognitive functioning in later adulthood across pet types and individuals’ ages. Adriana Rostekova et al. Scientific Reports (2025)

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