El mundo que no queremos ver
2026-03-04 - 06:13
No ganamos para sustos, ni para enfrentamientos bélicos, ni tampoco para disgustos mundiales. Estados Unidos e Israel, el tándem que bombardea unido gracias a su “Furia” armamentística más que a su “Épica” emocional, nos ha servido en bandeja y por televisión una nueva guerra contra otro “nuevo” enemigo: Irán. Hubo un tiempo no lejano en el que la defensa de los intereses nacionales estaba vinculada principalmente con la promoción de la democracia y la libertad de los mercados. Ahora, vivimos tiempos en los que casi nada está claro porque casi todo sucede de manera confusa y precipitada. ¿Por qué ha decidido Donald Trump atacar a Irán? En principio, nos dijeron que era por el peligro nuclear que provoca la República Islámica; luego pensamos que el objetivo era lograr la caída de un régimen sanguinario que aniquilaba a su propio pueblo. Ayer nos enteramos, en palabras de Trump y de su secretario de Defensa, Pete Hegseth, que todo se debe a un acto de autodefensa americana ante “47 largos años de una guerra salvaje y unilateral contra Estados Unidos”. Al final, se deberá básicamente a los eternos odios de Israel frente a su archienemigo iraní y por el siempre ansiado petróleo. El que no se justifica es porque no quiere. Quizá bastaba con advertir que de nada servía derrotar al enemigo si el régimen pervivía, que sólo destruyéndolo y transformando su sistema político podría arraigar un nuevo cambio en la sociedad. Ese puede ser el objetivo, pero el camino no será sencillo y mucho menos rápido. Los que controlan Irán y rigen el país con mano dura, ayatolás y militares, se enfrentan a una lucha existencial por su supervivencia, de ahí que su apuesta de futuro sea alargar el conflicto. Sin embargo, Irán se ha equivocado de estrategia y se ha metido en la boca de un lobo mucho peor. El régimen iraní es el enemigo por antonomasia en Oriente Medio, y en cuestión de horas ha conseguido atacar a casi todos sus vecinos árabes, más de diez países, sin olvidar otros tantos como Chipre, Jordania, Irak y Siria. Incluso países como Francia y Reino Unido, que estaban reticentes ante el ataque norteamericano-israelí, han cambiado de opinión al ver sus propias bases en la región atacadas por Irán. Es difícil acumular más enemigos en un solo día. Todos miran a Donald Trump queriendo adivinar cuál puede ser el plan que facilite una salida - y cuanto antes- de este nuevo enjambre bélico. El precedente de la captura de Maduro en Venezuela no sirve; Trump ha permitido que el poschavismo y Delcy Rodríguez pervivan a cambio de someterse a los dictados económicos de Washington. Veremos cómo evolucionan los acontecimientos en el país venezolano, pero la situación en Irán tras el asesinato de Ali Jameneí es muy distinta y su final también lo será. En el caso de la antigua Persia, hay un verdadero deseo de cambio democrático pero la oposición está muy limitada y mal organizada, sin grandes líderes que abanderen un posible cambio ni muchas posibilidades de conseguir descabezar el Estado teocrático que lleva más de 40 años en el poder. Además, sin contar con el apoyo real de una intervención terrestre sobre el mismo escenario. Últimamente, el derecho internacional parece un simple papel mojado en manos de Trump, y si encima los hechos constatados no ofrecen resultados prácticos ni satisfactorios para un verdadero cambio, el desastre planetario que se puede organizar -dado el número de países implicados- parece garantizado y muy arriesgado. Como dijo el innombrable Adolf Hitler por propia experiencia: “Si ganas la guerra, no tendrás que dar explicaciones. Si la pierdes, no estarás ahí para darlas”.