El nacimiento visual de Dulcinea, del sueño de Don Quijote al cine
2026-03-24 - 12:40
Hay personajes que son de sobra conocidos por todos, aunque en realidad nunca han "existido". Uno de ellos es Dulcinea del Toboso, el gran amor de Don Quijote y motor de todas sus hazañas, que sin embargo nunca aparece de forma real en la historia. En Don Quijote de la Mancha, Cervantes construye a Dulcinea de forma idealizada, como reflejo del amor caballeresco del hidalgo universal, pero sin presencia física en la obra, quedando solo como una construcción mental que Alonso Quijano proyecta sobre una campesina llamada Aldonza Lorenzo. Y es aquí donde nos surge la duda de cómo llevar al cine a alguien que no existe en realidad... al menos en esencia. En literatura es más sencillo sostener un personaje mediante la imaginación del lector; sin embargo es un reto evidente para el cine, ya que necesita mostrar lo que en la novela sugiere. La respuesta no la encontramos en Cervantes, sino en el teatro, en concreto en el dramaturgo francés Gastón Baty y en su obra Dulcinée, publicada en 1939. Y es que fue el primero en convertir a Dulcinea del Toboso en un personaje de carne y hueso. Baty reinterpreta el universo quijotesco, introduciendo nuevos personajes y dando protagonismo a Aldonza, la campesina en la que Don Quijote proyecta su ideal de belleza y virtud. En la obra teatral, el personaje se aleja del ideal caballeresco que motiva a Don Quijote, dando un enfoque más cercano a la situación social de la época dejando a un lado la idealización cervantina. La clave está en la carta que escribe Alonso Quijano a Dulcinea. En la historia cervantina nunca llega a ser entregada por Sancho Panza, mientras que para Baty es la parte central de la trama, ya que llega finalmente a las manos de Aldonza, que la transforma hasta convertirse en el ideal de Dulcinea. La obra de Bati fue estrenada en España en 1941 en una versión adaptada por Humberto Pérez de la Ossa, donde añadía refranes y giros populares de la cultura española. Fue de esta obra donde surgieron dos películas con Dulcinea del Toboso como personaje central. En el contexto de la posguerra española Luis Arroyo dirigió Dulcinea en 1947, una película muy marcada por su origen teatral donde el personaje se representa de forma dramática pero todavía muy ligada al ideal romántico, muy cercana al mito quijotesco. La actriz y directora Ana Mariscal fue la encargada de dar vida a Dulcinea, que además era hermana de Arroyo. En 1963, Vicente Escrivá retomó la historia desde un punto de vista diferente. Los años 60 en el cine español permitían una narrativa más compleja en el tratamiento de los personajes. En esta versión, de igual título que la de Arroyo, está protagonizada por Millie Perkins, que muestra la dualidad Aldonza-Dulcinea y una enorme tensión entre la mujer real y la idealizada. Al final su transformación en Dulcinea lleva Aldonza a un final dramático que nos recuerda la versión de Dreyer de Juana de Arco. Pese a las diferencias ambas películas, más mitológica en la versión de Arroyo y humanizada en la de Escrivá, comparten la misma necesidad de hacer visible lo invisible. Y no podemos olvidar la superproducción de Arthur Hiller en El hombre de La Mancha de 1972, protagonizada por Peter O'Toole y Sophia Loren. Esta producción no se basó en la obra de Baty sino en el musical de Broadway de Dale Wasserman, que a su vez se inspira en la novela de Cervantes. Sophia Loren interpreta a Aldonza en su transfomación en Dulcinea, aunque el musical simboliza más a otro de los personajes de la novela, Maritornes, una sirvienta de una venta de físico tosco y tuerta que contrasta con el ideal de belleza imaginado por Don Quijote. La principal diferencia con las versiones españolas es el desenlace final, donde se produce el desencuentro trágico entre los protagonistas. Mientras que Baty construye una tragedia de redención y martirio, la versión de Hiller nos presenta a un Alonso Quijano que vuelve a recuperar sus sueños quijotescos en su lecho de muerte al ver a su Dulcinea. Aunque es un hombre derrotado, recupera fugazmente su identidad como caballero andante y muere con su ideal intacto.