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El nuevo Alcaraz campeón: no se fue de fiesta, atendió a la prensa y se da un respiro

2026-02-02 - 19:06

Está tan lejos de sus amigos de siempre que la fiesta grande tiene que aplazarse. Hay un cambio de registro en este Abierto de Australia porque nunca lo había ganado y todo es un poco nuevo: un protocolo tras el éxito que lo lleva al hotel sobre las dos de la madrugada, y a dormir sobre las cuatro tras cenar y jugar con su hermano, el madrugón para las fotos con la copa Norman Brookes al día siguiente, entrevistas con la prensa a medio correr hacia el hotel, porque por fin hay avión de vuelta a casa, la burbuja se cierra de nuevo y será Carlitos hijo, hermano y amigo quien se baje por fin de esa furgoneta que recorrerá los 400 kilómetros entre Madrid y El Palmar. Un aterrizaje como el más joven de la historia en conseguir los cuatro grandes y que celebrará, esta vez sí, a lo grande, con los suyos, que son los que lo devuelven a la realidad y a la vez lo rescatan de la vorágine del circuito hasta que haga de nuevo las maletas. Habrá desconexión en Murcia y holgada, porque anunciaba ayer su equipo que no jugará en el ATP 500 de Róterdam para defender corona (9-15 de febrero). Perderá los 500 puntos , pero podrá sumar en Doha (16-21 de febrero) donde, en principio, Alcaraz volverá a coincidir con Sinner y Djokovic. Este Carlos que, reflexionaba con la copa en la mano, ha tenido que madurar todavía más y un poco de golpe en estos dos últimos meses. Un divorcio complicado de Juan Carlos Ferrero, las habladurías de muchos , las confesiones de unos pocos, las dudas por la decisión tomada. Pero aprende Alcaraz que la suya siempre es la buena; o, al menos, hay que hacerla buena. Que no juega para nadie, que no tiene que demostrar nada a nadie, que las pruebas están ahí: siete Grand Slams , 25 títulos en total. No se puede lograr esto sin sacrificio y profesionalidad. Pero es humano y le llegó la presión, se le clavó algún que otro comentario y subraya la importancia de las palabras como armas más afiladas que una derecha a 200 kilómetros por hora. Ha pensado en él, en lo que quería y en cómo lograrlo. Y parte del éxito reside, precisamente, en dirigirse con buenas palabras. Domina el tenis como doma ya sus pensamientos negativos, que a veces le aceleraban las pulsaciones. Por eso en este Grand Slam todo han sido ánimos durante los partidos. Ha tenido paciencia y se ha hablado bien incluso cuando las cosas iban mal (esos primeros partidos en los que no encontraba el nivel, esa hora y media acalambrado, ese primer set de la final desbordado por Djokovic), casi de manera exagerada, porque asume que una palabra en positivo «puede cambiar la mentalidad». Estos días recibirá todas las palabras de halago y felicidad que le den los suyos, esta familia que lo arropa allá donde va, unos cerca y otros más lejos. Pero también serán palabras de bajarlo a la tierra, de recordarle que debe hacer la cama, que se cuide si sale por la noche. El Alcaraz tranquilo , en paz, porque ahí es cuando sale su mejor tenis. Y sin tener que forzarlo. De la calma interior, a la furia exterior. Posteaba una imagen de un Carlitos de ocho o nueve años y le decía 'Trabajo completado', pero no es así. Aparca este hito y ya se pone a buscar otros. Antes de salir de Australia ya estaba pensando en Roland Garros , que un tercero en la Philippe Chatrier tiene su morbo, que Djokovic solo tiene dos, que Federer solo tiene uno. Pero apunta sobre todo a los Masters 1.000 que no tiene todavía, las ATP Finals , que no llegaba bien a final de temporada, que solo Álex Corretja lo ha conseguido para el tenis nacional, y a la Copa Davis , que el tenis es un deporte individual y a Alcaraz le encanta disfrutar en equipo. Pero se le pregunta por un más difícil todavía, ese póker de Grand Slams en un solo curso, que no tienen ni Federer ni Nadal ni Djokovic. Que solo tienen Rod Laver, fan incondicional del murciano en la final en Melbourne, Steffi Graf y Margaret Court. «Pensar en ganar los cuatro en el año sería una auténtica locura, a quién no le gustaría», dice en subjuntivo, pero ya hay pruebas de que es capaz. Se mueve mejor que nadie en la arcilla parisina, domina la hierba con agilidad, se coronó en el último US Open. A veces, Alcaraz sí mide las palabras, pero su cabeza ya está inventando el camino. «Trabajamos para tener los máximos Grand Slams posibles. Ojalá se dé algún año, pero la mejor forma de poder conseguirlo es ir uno a uno. Ya tengo Australia, voy a celebrarlo y saborear el momento, pero en mi cabeza ya está Roland Garros. No voy a dejar nada a nadie», afirmaba con ese desparpajo que está lejos de ser arrogancia. Es confianza, en sí mismo , para superarlo todo. Son hechos, como esas semifinales atenazado por los calambres y por Zverev, por esa final contra la leyenda Djokovic, por ese levantarse de los murmullos. Es ser Alcaraz, como nunca, el mismo de siempre.

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