El océano, el tesoro más preciado de la Tierra
2026-03-22 - 07:40
El océano es el corazón de nuestro planeta. Bombea agua a todos los rincones de la superficie terrestre y conecta a las personas alrededor del mundo. Como destaca Naciones Unidad, cubre más del 70% de la Tierra y es fuente de vida y sustento de la humanidad, ya que produce al menos el 50% del oxígeno que respiramos. A esto se suma su papel como regulador del clima, pues absorbe más del 30% del dióxido de carbono generado por la actividad humana. Amenazas para los océanos El océano es el hogar de la mayor parte de la biodiversidad del planeta. Sirve de sustento y proporciona alimento a seres vivos, constituyendo una de las principales fuentes de proteínas —produce el 17% de toda la proteína en el mundo, según la ONU—. El océano también es un recurso clave para la medicina, ya que algunas especies marinas producen sustancias con propiedades antibióticas, antitumorales y antiinflamatorias. Asimismo, representa un sector fundamental para la economía debido a la gran cantidad de actividades y empleos que dependen de él. Sin embargo, a pesar de ser uno de los tesoros más preciados de la Tierra, se enfrenta a múltiples amenazas. La sobrepesca, la pesca ilegal, el cambio climático, la contaminación y la falta de financiación y datos científicos provocan que el ser humano extraiga del océano más recursos de lo que pueden regenerarse. Actualmente, el 90% de las grandes especies de peces se encuentran mermadas y el 50% de los arrecifes de coral destruidos. En este contexto, este Día Mundial del Agua pone de manifiesto la importancia de proteger estos ecosistemas e impulsar una cooperación internacional que permita garantizar su equilibrio. El mar Mediterráneo Uno de los ejemplos más claros del impacto del cambio climático en los océanos se encuentra en el mar Mediterráneo, considerado una de las regiones más vulnerables del planeta. La temperatura de sus aguas se sitúa ya 1,5oC por encima de los niveles preindustriales, lo que aumenta también la temperatura de sus regiones con mayor rapidez que en otras zonas del planeta. Esto implica consecuencias directas para los ecosistemas y sus poblaciones. Según un estudio publicado en Science Direct, la disminución del viento y del oleaje en el Mediterráneo podría alcanzar el 2% por década hasta finales de siglo. Esto acarrearía múltiples consecuencias, entre ellas alteraciones en los ecosistemas marinos y cambios en la dinámica de las costas. Hasta 2010, los registros del oleaje en el Mediterráneo se habían mantenido relativamente estables y sin comportamientos anómalos. Sin embargo, a partir de esa década comenzaron a observarse cambios asociados al calentamiento global. Si el actual nivel de emisiones de gases de efecto invernadero se mantiene, esta tendencia podría intensificarse más durante las próximas décadas. 2026, año clave del océano Este año se presenta como crucial para la gobernanza oceánica y el cumplimiento de los objetivos internacionales de sostenibilidad. Tras casi dos décadas de elaboración, en enero entró en vigor un acuerdo internacional destinado a proteger la vida marina en aguas internacionales (alta mar). Esto supone un gran paso para garantizar la salud de los ecosistemas oceánicos durante las próximas décadas para las futuras generaciones. Denominado Acuerdo sobre la Biodiversidad Más Allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ), este tratado de la ONU protege la biodiversidad y el área internacional de los fondos marinos, que se encuentran fuera de la jurisdicción de los estados. Estas regiones conforman más de dos tercios de la superficie del océano y representan más del 90% del hábitat de la Tierra en términos de volumen, ya que la mayor parte del espacio habitable del planeta se encuentra bajo el agua. El pacto —también llamado 'Tratado de alta mar'— abarca cuatro cuestiones principales: los recursos genéticos marinos, incluida la participación justa y equitativa en los beneficios; la creación de mecanismos de gestión basados en áreas, incluidas las áreas marinas protegidas; las evaluaciones de impacto ambiental; y el fortalecimiento de la cooperación científica y la transferencia de tecnología marina. El acuerdo se basa en la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, la 'Constitución de los océanos'. De esta forma, establece un marco global para alcanzar los objetivos internacionales de biodiversidad, como el compromiso de proteger el 30% de las áreas terrestres y marinas para 2030. Además, el tratado pretende transformar la gestión de alta mar y del lecho marino internacional para garantizar un uso sostenible de sus recursos. Se trata también del primer instrumento jurídico oceánico que incorpora disposiciones sobre la participación de los pueblos indígenas y las comunidades locales, así como sobre la igualdad de género. Se espera que, una vez plenamente implementado, el tratado contribuya a hacer frente a la denominada 'triple crisis planetaria': el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. El secretario general de la ONU, António Guterres, califica el acuerdo como "un logro histórico para el océano y para el multilateralismo". "Es un salvavidas para el océano y la humanidad. La salud del océano es la salud de la humanidad", defiende.