El petróleo caro que celebra Putin no implica más ingresos para Rusia
2026-03-16 - 06:13
El barril de Brent ha vuelto a superar los 100 dólares esta semana tras los nuevos ataques en el Golfo Pérsico y el cierre del estrecho de Ormuz. Para el Kremlin parece la noticia perfecta. Durante meses el presupuesto ruso había estado calculado con un supuesto de 60 dólares por barril. Cada dólar adicional significa ingresos fiscales extra para un Estado que depende del petróleo y del gas para financiar cerca de un tercio de sus cuentas públicas, según el Ministerio de Finanzas ruso. Ese salto de precios ha llegado en el mejor momento. En 2025 los ingresos fiscales procedentes de hidrocarburos cayeron con fuerza. El Ministerio de Finanzas ruso informó de que la recaudación por petróleo y gas alcanzó 5,2 billones de rublos (alrededor de 57.000 millones de euros al cambio actual) frente a los 8,8 billones (96.800 millones de euros) en 2024. La caída respondió a dos factores simultáneos: el descuento al que Rusia vende su crudo tras las sanciones occidentales y una menor producción en varios campos. En ese escenario, el encarecimiento del petróleo parece una tabla de salvación. Rusia exporta alrededor de siete millones de barriles diarios de crudo y productos refinados según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicadas en su Oil Market Report de febrero de 2026. Un aumento sostenido del precio global debería traducirse en miles de millones adicionales para el presupuesto federal. Pero no. El efecto no es automático El petróleo ruso no se vende al precio del Brent. Desde la invasión de Ucrania el crudo Urals se comercializa con un descuento persistente para atraer compradores dispuestos a asumir riesgos logísticos y financieros. Antes de 2022 ese diferencial solía ser reducido, pero las sanciones occidentales ampliaron el descuento de forma significativa. Datos de mercado recopilados por S&P Global Commodity Insights y Argus Media, dos de las principales agencias de precios del mercado petrolero, muestran que a finales de 2025 el descuento del Urals se situaba entre 15 y 20 dólares por barril, mientras que a comienzos de 2026 llegó a acercarse a los 30 dólares en determinados cargamentos vendidos en Asia. Eso cambia la aritmética. Cuando el Brent sube a 80 dólares, Rusia no vende a 80. En muchos contratos el precio efectivo sigue moviéndose cerca de 50 dólares o incluso menos, dependiendo del transporte y los seguros. Es decir, el mercado global sube, pero los ingresos para las arcas de Moscú no suben tanto. La geografía de los compradores también ha cambiado. Antes de 2022 Europa absorbía la mayor parte del petróleo y el gas rusos. Hoy el grueso se dirige a Asia. China y la India se han convertido en los principales destinos. Y este cambio reduce la capacidad de negociación de Moscú, ya que, si el número de clientes disminuye, el comprador gana poder. El propio Fondo Monetario Internacional señalaba en su informe regional de octubre de 2025 que las exportaciones energéticas rusas dependen cada vez más de un grupo reducido de mercados asiáticos. El informe no incluye citas textuales sobre el conflicto actual, pero describe una tendencia clara hacia una mayor concentración de compradores. A ese desplazamiento comercial se añade una limitación física. La producción rusa no puede reaccionar con rapidez a una subida de precios. Algunos campos maduros requieren inversión tecnológica constante para mantener el flujo. Gran parte de esa tecnología procedía de empresas occidentales antes de las sanciones. La AIE advertía en su informe de mercado de enero de 2026 que las restricciones tecnológicas están ralentizando el desarrollo de nuevos proyectos en Rusia, especialmente en áreas complejas como el Ártico o los yacimientos de shale (hidrocarburos extraídos de rocas de esquisto). Mientras tanto, las refinerías rusas han sufrido una presión adicional. Durante 2024 y 2025 varios ataques con drones ucranianos obligaron a detener temporalmente operaciones en instalaciones clave. Eso significa que cada parada reduce la capacidad de procesar crudo y exportar derivados, productos que suelen generar mayor margen que el petróleo sin refinar. Por otro lado, cuando el petróleo sube demasiado, aparecen nuevos competidores. Estados Unidos ha vuelto a aumentar su producción de shale en los últimos años. Según la Energy Information Administration (EE.UU.), la producción estadounidense superó los 13 millones de barriles diarios en 2025. Brasil y Guyana también están ampliando su capacidad. Un mercado con precios altos incentiva inversión en esas regiones. Cada nuevo barril que entra al mercado global reduce el margen estratégico de cualquier exportador que dependa de precios elevados para equilibrar sus cuentas. El presupuesto ruso sigue reflejando esa dependencia. El Ministerio de Finanzas calculó el presupuesto federal de 2026 partiendo de un precio medio del petróleo cercano a 60 dólares por barril. El déficit fiscal alcanzó el 1,9% del PIB en 2025, según datos oficiales publicados en enero. A su vez, el Fondo Nacional de Riqueza, creado para estabilizar las cuentas públicas en épocas de volatilidad energética, ha ido reduciéndose desde el inicio de la guerra. El propio Ministerio de Finanzas ruso informó de que los activos líquidos del fondo cayeron por debajo de los 60.000 millones de dólares a finales de 2025. Ese colchón sigue siendo relevante, pero ya no ofrece el mismo margen que hace cinco años. En un entorno de precios energéticos volátiles y mercados fragmentados, la diferencia entre un petróleo caro y un petróleo rentable empieza a depender menos del precio internacional y más de la capacidad real para venderlo.