TheSpaineTime

El petróleo está fuera de control y la gasolina no sigue las reglas

2026-03-14 - 07:33

Hay momentos en los que el mercado energético deja de ser predecible, y este es uno de ellos. Desde que Estados Unidos atacó posiciones en Irán, el petróleo está descontrolado. El barril de Brent, la referencia para Europa, ha pasado en pocas semanas de moverse alrededor de los 60 dólares a acercarse a los 120 para volver a caer a 90 y a subir hasta 100 dólares. En algunas sesiones, la diferencia entre el máximo y el mínimo del día ha llegado a rozar los 30 dólares, una volatilidad que no se veía desde los momentos más tensos de la crisis energética de 2022. A primera vista, un movimiento así debería tener una consecuencia inmediata: gasolina mucho más cara. Pero cuando se miran los precios en las estaciones de servicio, la historia cambia. Desde el inicio del conflicto, el petróleo ha subido cerca de un 40%. Sin embargo, el impacto en el surtidor es bastante más moderado. La gasolina se ha encarecido en torno a un 10%, mientras que el diésel lo ha hecho alrededor de un 20%. Estas cifras no encajan con la intuición de la mayoría de los conductores. Si el petróleo se dispara, la gasolina debería hacerlo también. Pero el mercado energético no funciona con esa lógica tan simple. En realidad, lo que está ocurriendo es el resultado de varias anomalías que, combinadas, están alterando el comportamiento habitual del sistema. El petróleo sube por miedo, no por escasez La primera rareza aparece en el propio mercado del petróleo. El precio del crudo no refleja únicamente la oferta y la demanda actuales. También incorpora expectativas y, sobre todo, miedo. Desde que estalló el conflicto con Irán, los operadores han añadido lo que en el sector se conoce como “prima de riesgo geopolítica”. En la práctica significa algo bastante simple: el mercado no paga solo por el petróleo que existe hoy, sino también por el riesgo de que mañana pueda faltar. El mundo no se ha quedado sin crudo de repente. Pero el simple temor a que el conflicto afecte a rutas estratégicas, como el estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del petróleo mundial, es suficiente para que los compradores estén dispuestos a pagar más por asegurarse el suministro. El petróleo no se traslada igual a la gasolina La segunda rareza aparece cuando ese petróleo llega al siguiente eslabón del sistema, que son los mercados de combustibles ya refinados. Y es precisamente ahí donde la tensión se ha disparado de verdad. En esos mercados, el gasóleo ha llegado a registrar subidas cercanas al 55%, frente a aumentos del 26% en la gasolina y del 33% en el propio Brent. Dicho de otra forma, algunos combustibles refinados están encareciéndose mucho más rápido que el petróleo del que proceden. Sin embargo, ese aumento todavía no se refleja por completo en las estaciones de servicio. Los precios en el surtidor reaccionan con más lentitud porque incluyen impuestos, costes logísticos y contratos de suministro firmados con anterioridad. El diésel reacciona mucho más fuerte La tercera rareza tiene que ver con un problema estructural que Europa arrastra desde hace años. El continente dispone de suficiente capacidad para producir gasolina e incluso exportarla en determinados momentos. Pero la situación es muy distinta con el diésel. Europa sufre un déficit crónico de gasóleo y depende de las importaciones para cubrir buena parte de su demanda. En tiempos normales, esa dependencia pasa desapercibida. En medio de una crisis geopolítica, se convierte en un punto débil. Gran parte del diésel que consume Europa procede de Oriente Próximo o de grandes exportadores como China. Y en las últimas semanas ambos factores han añadido presión al mercado. Por un lado, el conflicto en la región ha elevado el riesgo sobre el suministro. Por otro, Pekín ha reducido sus exportaciones de combustibles para proteger su propia seguridad energética. A esto se suma que el diésel es uno de los combustibles más difíciles de sustituir. Mientras el consumo de gasolina puede reducirse si la gente utiliza menos el coche, el gasóleo sigue siendo esencial para el transporte de mercancías, la maquinaria industrial o la agricultura. El resultado es un sistema energético que ha dejado de moverse al unísono. El petróleo se dispara impulsado por el miedo geopolítico. El diésel sube con más fuerza debido a la fragilidad del suministro europeo. Y la gasolina, al menos por ahora, avanza con más cautela en las estaciones de servicio. Pero solo por ahora.

Share this post: