El posible último año de Fernando Alonso en la F1, un esperpento de la mano de Aston Martin y Honda
2026-03-06 - 08:03
La temporada 2026 de Fórmula 1 arranca este fin de semana con el Gran Premio de Australia. Con el tremendo cambio del reglamento técnico como gran aliciente, el curso se presenta con muchas dudas en torno a las propias carreras, a los monoplazas y, sobre todo, a las posibilidades que los españoles tienen de pelear por cosas importantes. En primer lugar, Fernando Alonso (44 años) se ve en una tesitura que ya conoce: una debacle del motor Honda. La sufrió en su segunda etapa en McLaren, y Aston Martin parece haber caído en la misma ‘trampa’. Durante los test de pretemporada, los de Silverstone fueron el equipo que menos rodó, con un total de 399 vueltas en tres semanas, palideciendo en comparación con los 1.219 giros de Mercedes o incluso con los 754 de Cadillac, el nuevo equipo de la parrilla. Con la estructura americana podían compararse los tiempos más rápidos de los Aston, a unos cuatro segundos de los líderes en Baréin. Esto pone de manifiesto el gran problema de fiabilidad que arrastra el AMR26, el nuevo coche de Alonso. De hecho, durante la única simulación de carrera, el monoplaza lo dejó tirado, y el pesimismo se ha apoderado de una estructura que se desloma para encontrar soluciones. En la fábrica nipona de Sakura comprendieron que una serie de "vibraciones anormales dañaron el sistema de la batería". Lo primero será asegurarse de que la máquina puede rodar toda una carrera sin romperse y, a partir de entonces, buscar rendimiento debajo de las piedras. En esos términos, Adrian Newey tiene sobre él todas las miradas. Con 26 Mundiales de Fórmula 1 en las estanterías y una reputación como un experto imbatible en la aerodinámica, especialmente en un cambio de reglamento que modifica por completo la estructura básica de los monoplazas, el ingeniero inglés (ahora máximo responsable de la escudería verde) se enfrenta al titánico desafío de devolver a Fernando Alonso a la zona noble de la parrilla o apuntarse su mayor fracaso deportivo hasta la fecha.