El protocolo para la eutanasia de Noelia: un plan b por si los fármacos fallan y sanitarios a su lado hasta el final
2026-03-26 - 16:10
El Ministerio de Sanidad cuenta con un protocolo para guiar a los profesionales sanitarios en la práctica de eutanasia que no deja al azar ningún detalle. Todo el proceso está perfectamente medido de forma fría, desde el calibre de la aguja utilizada para introducir los medicamentos letales, qué hacer cuando no funcionan o el menú previo que se aconseja al solicitante horas antes de morir. Tomada la decisión y con la luz verde de la comisión de garantías que vela para que el proceso se haga conforme a la ley, es el paciente quien va tomando decisiones. La ley de eutanasia española establece que es él quien debe decidir dónde y cómo quiere morir. Si quiere hacerlo en un domicilio particular o en una institución sanitaria, o si prefiere ser él mismo quien se aplique el tratamiento letal o optar por la administración directa, vía intravenosa, por parte de un profesional. Sea cual sea la opción, durante la realización del proceso, es obligatorio que los profesionales sanitarios permanezcan presentes hasta el momento de su fallecimiento. El protocolo tiene dos objetivos fundamentales: impedir el sufrimiento en el proceso y cumplir con la voluntad del paciente. Por eso los sanitarios implicados (no se detalla la especialidad, aunque suele estar formado por un médico y un enfermero) deben llevar dos kits por paciente para tener fármacos alternativos por si fallara algo durante el proceso que impidiera el fallecimiento. Aunque el paciente puede revocar su decisión en cualquier momento. Para suavizar el momento, a los pacientes se les ofrecen ansiolíticos previos para que puedan llegar más tranquilos. En el caso de administración intravenosa, se recurre a un cóctel de fármacos: primero se administra un anestésico llamado lidocaína para evitar dolor, después se disminuye el nivel de consciencia con otro fármaco (midazolam) y tras esta premedicación se inyecta el medicamento que induce el coma (propofol). En el caso de que los fármacos utilizados no hubieran sido eficaces, se aconseja repetir la misma secuencia de medicamentos. El proceso finaliza con la aplicación de un bloqueante muscular cuando el paciente está en un coma profundo. Antes de aplicar ese último medicamento se pide a los sanitarios que se aseguren de que ha entrado en coma. Cuando el paciente decide aplicarse él mismo el tratamiento para morir puede optar por una medicación oral o una vía intravenosa en el que él abre la llave de la bomba de infusión del fármaco que le inducirá el coma, de manera que es quién inicia el proceso. Todo está tan medido en este protocolo que a la persona que va a morir se le facilitan tratamientos para evitar el vómito, si opta por un medicamento oral, porque podría hacer fracasar el proceso. «El paciente debe consumir todo el medicamento en cuatro minutos. Se debe evitar el uso de pajita ya que puede ralentizar la ingesta (....). El sabor amargo residual del medicamento se puede mitigar tomando algo con un sabor diferente como chocolate, un licor fuerte o una bebida no carbonatada a temperatura ambiente». Y hasta recomendaciones más prácticas que consiste en ayunar durante las seis horas previas o tomar una comida ligera como una infusión con tostadas, aproximadamente una hora antes de tomar el medicamento inductor del coma. La duración del proceso también está calculada. «El periodo de tiempo entre la administración del medicamento inductor del coma y el momento de la muerte varía de persona a persona, pero en la gran mayoría de los casos tarda menos de 30 minutos. A veces puede llevar hasta dos o tres horas», se indica. Por último, el protocolo del Ministerio de Sanidad establece que los fallecimientos como consecuencia la prestación de ayuda para morir, tendrá la consideración legal de muerte natural a todos los efectos. El médico responsable debe certificar el fallecimiento del paciente. En él deberá constar como causa inicial o fundamental la patología de base que genera una «enfermedad grave e incurable» o un «padecimiento grave, crónico e imposibilitante».