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El PSOE se conforma con cortar la racha de derrotas y se enroca en el plan de Sánchez a riesgo de otro batacazo en Andalucía

2026-03-17 - 04:43

A pesar de los continuos tropiezos, el PSOE se enroca en el plan diseñado por Pedro Sánchez de intentar rentabilizar el perfil de los ministros como candidatos territoriales en lo que queda de ciclo electoral. Desde la Dirección del partido no contemplan cambios respecto a la candidatura de la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en las elecciones a la Junta de Andalucía. Una estrategia que ya ha mostrado su ineficacia: mientras Pilar Alegría naufragó en Aragón, la candidatura alejada de Moncloa de Carlos Martínez logró salvar los muebles de los socialistas, lo que confirma que el perfil ministerial, lejos de dar rédito electoral, desgasta. Aun así, el PSOE se mantiene en sus trece de cara a los comicios andaluces, a riesgo de sufrir un nuevo batacazo y resignándose al consuelo de haber resistido en las elecciones de Castilla y León. La primera valoración de Ferraz sobre los resultados del PSOE de Carlos Martínez fue apuntar a que lo que había funcionado —"la senda correcta", en sus propias palabras— fue su apuesta por una campaña centrada en los servicios públicos. Pero no fue la premura en el análisis lo que les hizo pasar por alto el motivo más evidente. Tras la Ejecutiva celebrada este lunes -presidida por Sánchez- no hubo ninguna intención de reflexionar sobre un dato incómodo: el PSOE logra conservar sus escaños—e incluso sumar dos más— precisamente cuando su candidato no está vinculado a Moncloa. Una coincidencia que el análisis oficial se esforzó en impugnar. El argumento que esgrimen en Ferraz se reduce, en esencia, a un razonamiento contrafactual: si los resultados hubieran sido malos, entonces —sostienen— se habrían atribuido sin duda al desgaste de Pedro Sánchez. Otra tesis defendida por el PSOE es que Carlos Martínez fue un candidato impulsado por la propia cúpula federal y, en todo caso, son los militantes los que le eligieron en primarias, al igual que a Alegría y a Montero, por lo que, a su juicio, resulta artificial presentar su candidatura como desligada de Sánchez. Este es, de hecho, el único ajuste argumental que ha introducido Ferraz tras los últimos comicios. En un intento de diluir la percepción de que la Dirección ha tenido un peso determinante en la selección de candidaturas, ahora remarca que todas ellas han pasado, en última instancia, por la decisión de la militancia. "Tenemos procesos internos, escuchamos a los territorios", defendió este lunes la portavoz del partido, Montse Mínguez, que insistió en que en el PSOE "no hay imposiciones" para reforzar el argumentario de que en todas las candidaturas existe autonomía territorial. Sin embargo, los hechos contradicen ese relato. En primer lugar, las candidaturas de Alegría y Montero emanan de un plan diseñado por el propio Sánchez de poner a ministros al frente de las federaciones, lo que no ha pasado en el caso de Carlos Martínez. Además, desde el primer momento, Martínez marcó distancias con algunas posiciones de Moncloa —especialmente en materia de financiación autonómica—, evitó convertir el miedo a la ultraderecha en el eje de su discurso electoral y apostó por una campaña muy territorial y lo más alejada posible de Madrid. Son argumentos que en Ferraz prefieren ignorar. Las expectativas más optimistas dentro del partido pasaban, sobre todo, por frenar —aunque fuera de manera puntual— la cadena de batacazos electorales que ya empezaba a traducirse en desánimo entre las bases del partido. En ese contexto, la estrategia de explotar el perfil de ministra de María Jesús Montero sigue intacta, aun con el riesgo de que la apuesta vuelva a desembocar en un nuevo revés en las urnas, más teniendo en cuenta que el 'no a la guerra' de Sánchez no está sirviendo para ensanchar el bloque de la izquierda. Dentro del propio PSOE, no obstante, empiezan a escucharse voces críticas ante la ausencia de un plan alternativo de cara a las andaluzas. Algunos dirigentes cuestionan que desde Moncloa se dé casi por asumido que los territorios puedan convertirse en una pieza sacrificable con tal de llegar a las elecciones generales sin someter a revisión la estrategia de Pedro Sánchez. En ese debate interno se plantean vías alternativas como que María Jesús Montero abandone sus responsabilidades en el Gobierno antes de que Juanma Moreno decida pulsar el botón electoral. El objetivo, sostienen, sería ganar tiempo para construir una campaña con mayor anclaje territorial y menos asociada a la marca de Moncloa, una fórmula que —recuerdan— ha funcionado en Castilla y León. En todo caso, no parece que haya muchas opciones de que algo cambie de cara a las elecciones en Andalucía, previstas para antes de verano. María Jesús Montero tiene trabajo pendiente en las próximas semanas. En primer lugar, cumplir con su propio calendario de presentación de los Presupuestos. Tanto Sánchez como la ministra se comprometieron a hacerlo antes de finalizar el primer trimestre de este año, para lo que quedan menos de dos semanas. La candidata socialista también tiene un papel determinante como ministra de Hacienda en el diseño del plan del Gobierno para aprobar el decreto de medidas para hacer frente a la inflación por la guerra de Irán. Esto sumado a que Montero está en medio del pulso entre el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y ERC por los Presupuestos catalanes, que los republicanos siguen amenazando con tirar si Hacienda no permite que la Generalitat recaude el IRPF.

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