El pueblo de Burgos que nos transporta siglos atrás con su histórico Carnaval
2026-02-11 - 17:55
El 15 de febrero se abre una puerta en un pequeño pueblo de la comarca burgalesa de Arlanza que invita a viajar siglos atrás para celebrar un carnaval que habla de ritos paganos. Una fiesta silenciada desde los años 30 que vuelve a celebrarse desde los 80 a fin de poner en valor algunos de los elementos de mayor riqueza patrimonial inmaterial de la provincia de Burgos y los territorios limítrofes de Castilla. Hablamos del Carnaval de Mecerreyes y su Fiesta del Gallo, una celebración que nada tiene que ver con las demás. Elementos celtíberos, castellanos y paganos La Corrida del Gallo es una fiesta ancestral de origen pagano ligada a ritos de fertilidad que se celebra en Mecerreyes desde hace siglos y marca el inicio de los orígenes de lo que hoy conocemos como Domingo de Carnaval (este año, el 15 de febrero). Esta eúne elementos celtíberos, castellanos y paganos para representar la lucha entre el bien y el mal y el tránsito entre la vida y la muerte. El protagonista de la Corrida del Gallo es el rey, un niño del pueblo de unos 10 años ataviado con sus mejores galas, que lleva un gallo en la mano (en la actualidad se usa uno de trapo) y camina por el pueblo flanqueado por los danzantes, que bailan al ritmo de dulzainas y tamboriles, entre copla y copla. Es el momento de entrar a por el gallo. El que logre atraparlo y hacer un recorrido antes de entregárselo de nuevo al rey recibirá el aplauso del público, pero no resultará tan fácil. Merodeando alrededor están los zarramacos, personajes vestidos con pieles y cencerros a la cintura, cuya función es azotar a quienes entren a por el gallo ayudados de una tarrañuela (palo). El que reciba un garrotazo deberá entregar el gallo al zarramaco, habiendo perdido su oportunidad de lograr la hazaña. Haciendo respetar las normas están los alguaciles, que llevan alforjas con ceniza y otros elementos para derramar a los pies de quien no cumple con las reglas que el Mozo Mayor recita ante los presentes. La fiesta termina cuando el rey pincha al gallo, momento en el que inicia la subasta de un gallo de verdad y comienza el Baile de la rueda, en el que no falta la música popular ni la degustación de postres típicos de la zona. El pueblo se transforma entonces en un espacio en el que los ritos ancestrales cobran protagonismo a través de los disfraces. Son las Zarramacadas de Mecerreyes que, tras décadas de ostracismo, han vuelto a llenar de alegría y costumbrismo las calles de este municipio burgalés en el que máscaras y trajes elaborados a base de huesos, paja, plumas, ramas, pieles de animales o telares vuelven a vestir a los personajes de uno de los carnavales más antiguos de España. Un carnaval de museo En este municipio de la comarca burgalesa de Arlanza, que descansa a los pies de la Sierra de las Mamblas, el carnaval está tan arraigado que cuenta con un museo que puede visitarse de manera telemática desde cualquier parte de España y en cualquier momento del año. Es el Museo del Carnaval y el Gallo en Mecerreyes, que forma parte de la Red de Museos Vivos de España que pueden explorarse previa reserva online los 365 días del año. El museo recoge una veintena de disfraces de las Zarramacadas de Mecerreyes, una muestra de trajes elaborados con las mismas técnicas artesanales que se utilizaban antiguamente. Además, se puede observar una recreación de la Corrida del Gallo, así como el detalle de algunos de los personajes más representativos de esta fiesta ancestral.