El regreso de los caballos al Sistema Ibérico sur para renaturalizar el paisaje y prevenir incendios
2026-03-23 - 06:40
Mucho antes de que la península ibérica se fragmentara en campos de cultivo, carreteras y masas forestales cada vez más aisladas entre sí, sus paisajes estaban modelados por grandes herbívoros salvajes. Uros, caballos silvestres, ciervos en densidades muy superiores a las actuales y otras especies hoy desaparecidas o muy reducidas recorrían extensiones abiertas, mantenían claros en la masa forestal y favorecían un mosaico dinámico de pastos, matorral y arbolado. Con la desaparición progresiva de buena parte de esa megafauna, tanto por la presión humana directa como por la transformación del territorio, muchos ecosistemas perdieron piezas clave de su engranaje. La acumulación de biomasa vegetal, la homogeneización del monte y el aumento del riesgo de incendios son solo algunas de las consecuencias. Dentro de este contexto, han aparecido iniciativas de renaturalización como las impulsadas por Rewilding Spain, que buscan recuperar funciones ecológicas perdidas. Y en el Sistema Ibérico sur, uno de los protagonistas de ese proceso es el caballo. Renaturalizar no es ‘soltar animales’ La renaturalización, o rewilding, parte de la idea de devolver procesos naturales a territorios donde se han debilitado o desaparecido. Sin embargo, detrás hay profesionales en ecología y medio ambiente, planificación, estudios de viabilidad y un seguimiento constante. El objetivo no es introducir fauna sin control, sino restaurar funciones ecológicas concretas. En el caso del Sistema Ibérico sur, el foco está puesto en los grandes herbívoros. Su papel es muy significativo porque el pastoreo continuo modifica la estructura de la vegetación, crea claros, favorece la diversidad de plantas y, de forma indirecta, beneficia a insectos, aves y pequeños mamíferos. Además, al consumir biomasa reducen la carga combustible y contribuyen a la prevención de incendios forestales, un problema creciente y preocupante por los efectos del cambio climático y que en España ya hemos podido apreciar. Para entender cómo se articula este proyecto desde dentro, hemos consultado a Marina Mònico, bióloga y responsable de Renaturalización en Rewilding Spain, que coordina el trabajo con los caballos en la zona. Qué caballos y por qué esos No cualquier caballo puede formar parte de un proyecto de estas características. “Lo más importante para nosotros es que sean animales rústicos, que puedan estar todo el año en el exterior y vivir en condiciones de semilibertad, como animales salvajes, y así ejercer su papel en el ecosistema”, explica Marina Mònico. Desde la perspectiva de la renaturalización, la portavoz subraya que “el objetivo de la reintroducción de especies se encuentra en la función ecológica que pueden desempeñar”. Por eso se trabaja con ejemplares capaces de vivir de manera autónoma durante todo el año, con una intervención mínima. Actualmente, el proyecto cuenta con tres tipos de caballos en distintos puntos del Sistema Ibérico sur. Por un lado, el caballo de Przewalski, una subespecie equina amenazada de la que quedan pocos ejemplares en el mundo y que representa el linaje de caballo verdaderamente salvaje que ha sobrevivido hasta nuestros días. Estos animales se encuentran en Villanueva de Alcorón y Checa, en la provincia de Guadalajara. A ellos se suman razas domésticas ibéricas como el pottoka, presente en Torremocha del Pinar (Guadalajara) y Frías de Albarracín (Teruel), y el caballo serrano, que vive en Mazarete (Guadalajara). Todos comparten que son resistentes, están adaptados a condiciones duras y pueden desenvolverse en libertad con escasa intervención humana. Cómo viven: grandes extensiones y autonomía La imagen romántica de ‘caballos en libertad’ puede inducir a pensar en ausencia total de gestión, pero la realidad es más compleja tras un proyecto de esta envergadura. Los animales viven en grandes extensiones de pasto, de cientos de hectáreas, delimitadas mediante pastor eléctrico. “Su vida ahí es totalmente independiente, sin alimentación suplementaria ni estabulación, pero están monitorizados de manera permanente”, detalla la bióloga. En cada manada hay ejemplares equipados con collar GPS que permiten conocer sus desplazamientos y patrones de uso del territorio. Además, existe una persona encargada del seguimiento sobre el terreno. Este control continuo tiene una doble función y por un lado, permite recopilar datos sobre cómo pastorean, qué zonas frecuentan y cuál es su impacto real sobre la vegetación. Por otro, posibilita detectar a tiempo problemas de salud o comportamientos anómalos. Semisalvaje no es abandonado Una de las confusiones habituales es equiparar estos caballos con animales abandonados o sin control. La diferencia es sustancial, tal como nos aclara Marina Mònico. “Una reintroducción correcta siempre es un proceso controlado en todas las fases: antes, durante y después de la llegada de los animales”, subraya. Antes de que un grupo llegue a un territorio, se realizan estudios de viabilidad para comprobar que el hábitat es adecuado y que la iniciativa tiene sentido ecológico y social. Después, el seguimiento es constante. Desde el punto de vista legal, además, los caballos siguen siendo considerados ganado en España, lo que implica una responsabilidad jurídica para la entidad gestora. “Tenemos una responsabilidad, además de nuestro compromiso ético con el bienestar de los animales, que ejercemos como cualquier otro propietario de ganado”, nos señala. Cohesión social y adaptación El caballo es un animal profundamente social, por ello, cuando se incorporan nuevos animales al proyecto, se procura que procedan de grupos ya establecidos en su lugar de origen, lo que facilita la adaptación y reduce conflictos dentro de la manada. Una vez en el territorio, interactúan con el entorno “de manera natural e independiente”. El objetivo no es moldear su comportamiento, sino permitir que desplieguen patrones propios de un gran herbívoro en libertad, siempre dentro de un marco de seguimiento que garantice tanto su bienestar como el cumplimiento de los objetivos ecológicos. Más allá del impacto ambiental Aunque el eje del proyecto es la restauración ecológica, el efecto no se limita al paisaje. La responsable de renaturalización de Rewilding Spain destaca que la presencia de estos animales está generando empleo y oportunidades en la zona. Además, la llegada de visitantes interesados en observar caballos semisalvajes en plena naturaleza impulsa iniciativas de ecoturismo, alojamientos rurales y pequeños comercios. En territorios marcados durante décadas por la pérdida de población, este dinamismo puede contribuir a fijar habitantes y diversificar la economía local. La renaturalización, por lo tanto, no se plantea como una acción aislada, sino como parte de una estrategia más amplia que integra conservación y desarrollo rural. Caballos que reescriben el paisaje El regreso de los grandes herbívoros al Sistema Ibérico sur no pretende recrear un pasado idealizado, sino recuperar procesos que durante siglos moldearon el territorio con enormes beneficios hoy perdidos. Al abrir claros, dispersar semillas y enriquecer el suelo con sus excrementos, los caballos transforman de forma gradual el paisaje. “Hacen que los montes estén más abiertos y esto fortalece la biodiversidad, contribuyen a la prevención de incendios y enriquecen los suelos”, resume Marina Mònico. El desafío, como en toda intervención ecológica, está en mantener ese equilibrio entre autonomía y responsabilidad. Caballos que viven casi como salvajes pero bajo una atenta mirada, parajes abiertos al público pero gestionados con criterios científicos, pueblos que recuperan actividad económica gracias a la naturaleza que los rodea. En ese cruce de caminos se sitúa el proyecto que hoy devuelve al Sistema Ibérico sur una figura que, durante milenios, fue inseparable de su identidad, los caballos como arquitectos del paisaje.