El sanchismo ha descarrilado
2026-01-25 - 21:05
Pasaría con un automóvil que se saltara las revisiones regulares de la ITV. La avería no llegaría al día siguiente de cada fecha en la que debería someterse a ese examen técnico. Llegaría quizá mucho tiempo después, pero el fallo podría ser 'multiorgánico' y de consecuencias dramáticas. Sin duda, no es Óscar Puente el único responsable de la tragedia que hemos vivido estos días. Las informaciones que ahora están aflorando apuntan a un mal que viene de muy lejos. Apuntan a una inversión insuficiente, a mordidas, a cobros de comisiones, a colocaciones laborales tan coloristas como injustificadas y a la utilización de materiales precarios. Apuntan a una serie de malas prácticas que van mucho más lejos del descuido en el mantenimiento de la red ferroviaria, pero que no excluyen las deficiencias en dicho mantenimiento, de las que Óscar Puente se pretende exculpar. Solo con pensar que dos de los sujetos que tuvieron responsabilidades directas en el Ministerio de Transportes, antes llamado de Fomento, se hallan en prisión, acusados, entre otras cosas, de hacer fraudulentos negocios con las mascarillas durante la pandemia de 2020 y mientras morían cientos de españoles, nos podemos echar a temblar. El paso de José Luis Ábalos y Koldo García por ese departamento de gobierno, uno como ministro y el otro como asesor de este, nos obliga a encender todas las alarmas en torno al sistema ferroviario español. Poner a personas poco fiables en cuanto a su cualificación profesional y a su ética al frente de graves responsabilidades es algo que no sale gratis y que puede acarrear consecuencias como las que hemos sufrido estos días. Aquí hay que revisarlo todo, desde las empresas contratadas entre 2018 y el presente año hasta los controles de calidad necesarios para devolver la sensación de seguridad a la ciudadanía. A los representantes del sanchismo no se les ha caído de la boca el lema de "avanzar en derechos sociales". Se han atribuido a sí mismos y en exclusiva ese supuesto avance. Pero la seguridad en el transporte también es un derecho, como la información veraz y la preservación de la integridad física. El casi medio centenar de fallecidos entre los accidentes de Adamuz y de Rodalies también tenía derecho a la vida. De lo que tristemente nos ha ilustrado esta semana negra es del contraste entre la propaganda ideológica y la dura realidad. España cuenta hoy con 4.000 kilómetros de vías operativas de AVE mientras que Alemania solo cuenta con 1.600 kilómetros. Esto quiere decir que en nuestro país se ha preferido invertir más dinero en crear líneas de ferrocarril que en mantenerlas. Se ha optado por una política triunfalista de la que es un buen exponente el Óscar Puente que ha pasado, de anunciar que nuestros trenes estaban ya en plenas condiciones de alcanzar la velocidad de 350 kilómetros por hora, a tener que rebajarla a 150 en consonancia con el espectacular descrédito que acaba de hacer caer a España del podium de líder mundial de la alta velocidad. Un descrédito que ha llevado al propio ministro de Transportes a aplazar la cita que estaba prevista para esta semana con las autoridades de Arabia Saudí para firmar el nuevo contrato de explotación y mantenimiento del corredor ferroviario de Medina a La Meca. En este contexto, la dimisión de Óscar Puente no solo es obligada, sino que incluso se queda corta. A la dimensión de la tragedia y del coste de esa política meramente publicitaria en vidas humanas, se añade la caída de uno más de los iconos de la modernidad española. Antes también cayeron el del mejor sistema bancario del mundo, el de la mejor Sanidad y el de campeón en energías renovables, que se fue al traste con el apagón. Después de esta semana trágica, ni siquiera podemos ya hablar de una legislatura en vía muerta, porque es el propio sanchismo el que ha descarrilado con esos trenes y el que va, ciertamente, viento en popa, pero campo traviesa, sin frenos y cuesta abajo, llevándonos dentro a todo el pueblo español.