'El sueño de una noche de verano': el Teatro Real sigue siendo la casa de Britten
2026-03-12 - 15:23
' El sueño de una noche de verano ' se instala estos días en el Teatro Real dispuesta a demostrar que el 'proyecto Britten', que el teatro inició en 2017, camina con decisión. Se apoya de nuevo en el trabajo escénico de Deborah Warner y el musical de Ivor Bolton , al que hay que añadir un sólido reparto capaz de convertir la 'comedia romántica' en una experiencia decisiva. La respuesta de los espectadores, ayer, tras el estreno, no deja lugar a dudas. En la memoria de Deborah Warner habita el revolucionario Peter Brook que, en 1970, convirtió a las hadas en trapecistas y el bosque en una caja blanca e infinita capaz de albergar el vasto universo shakesperiano, conciliador de elementos profundamente dispares. Sobre esta lógica Warner construye ahora el reverso, proponiendo una escena inspirada en el oscuro reino de las sombras gobernado por Oberón, el lugar nocturno en el que el sueño es imitador de la muerte y en el que lo real se confunde con lo imaginado. Todo ello se dice en el texto y Warner, que es una directora que lee con precisión las obras, afirma un universo donde los objetos adquieren condición surrealista, las hadas se visten con ingenuas lucecillas, Puck transita entre la tierra y el cielo duplicado en un bailarín aéreo y los personajes hilan con naturalidad la confusión del enredo. El juego escénico adquiere una condición mágica que se compensa con un plus de buena comicidad en la escena final, durante la representación de la 'muy cruel' muerte de Píramo y Tisbe. Teatralmente, este 'Sueño de una noche de verano' está hecho de imaginación, como el loco, el amante y el poeta a los que señaló Shakespeare. O como la orquesta que inventó Britten y que Ivor Bolton sintetiza en un juego tímbrico extremadamente sutil y perfilado . Es fácil creer en una visión sonora en la que también lo real y lo alterno son posibles. A ella sirve el contratenor Iestyn Davies que canta su parte con elegancia y minuciosidad, limando las incómodas dificultades del papel. La soprano Liv Redpath otorga a Titania una estimable solidez más allá de la ligereza del registro. Su encuentro con Bottom es una escena fundamental, con réplica del bajo británico Clive Bayley, un cantante con calidad vocal, presencia y calado interpretativo. El numeroso reparto incluye la estupenda labor de los pequeños cantores de la Orcam y el coro y chiquicoro Algadir-Daniel Martín. Todos ellos, agentes de lo ilusorio en el contexto de la fastuosa realidad a la que lleva esta representación.