El techo y el sueño de Vox
2026-03-18 - 05:30
Las recientes elecciones de Castilla y León apenas han cambiado el panorama político de la autonomía pero han arrojado un dato altamente relevante tanto para su futuro gobierno como para las elecciones que se aproximan: el incontenible ascenso de Vox ha dado un frenazo. Los de Abascal han vuelto a sumar más escaños, pero esta vez solo uno, y también han seguido incrementando votos, pero no han alcanzado el mítico 20% que pretendían. Buena noticia para los demócratas de este país, que veníamos asistiendo a un sólido y peligroso crecimiento de sus resultados en las urnas desde que se iniciara el presente ciclo electoral con los comicios de Extremadura y Aragón. Vox empezó a saborear en diciembre pasado el éxito que le venían augurando las encuestas. En la asamblea de Mérida duplicó holgadamente sus electores y escaños, pasando del 8,2 al 16,9% de papeletas y de cinco a once escaños. Como para no estar de subidón. Poco más de un mes después, en Aragón, rozaron el 18% de representación en sus Cortes alcanzando un 17,9% desde el 11,2% que tenían en las anteriores elecciones. La apuesta por abandonar en bloque todos los gobiernos autonómicos que compartían con el PP en julio de 2024 se mostraba acertada y la confrontación con los de Feijóo, negándoles los Presupuestos y forzando elecciones, muy rentable electoralmente. Ni los recientes escándalos económicos o con sus juventudes, ni la crisis de las expulsiones de Javier Ortega Smith o José Angel Antelo parecen tampoco haberles pasado factura. Tan bien pintaba el camino que Vox se ha permitido tener bloqueados los gobiernos de Mérida y Zaragoza hasta que tuvieran lugar las elecciones castellanoleonesas y soñar que en esta autonomía tan ruralizada y con un histórico voto de derechas tan consolidado podrían alcanzar el 20% de apoyos. No tan deprisa. Ganar un escaño más en Valladolid y solo rozar el 19% ha sabido a poco a sus seguidores tras las expectativas generadas, pese a que continúan siendo tercera fuerza en las tres autonomías y con mejor posición para imponer sus condiciones al PP para seguir gobernando. La cuestión es hasta dónde llegan las aspiraciones de Santiago Abascal. El líder del partido ultraderechista ha protagonizado en primera persona, una tras otra, las tres campañas electorales, sabiendo que su imagen, su impronta y sus mensajes son el mejor activo de Vox. Su hiperliderazgo, aún indiscutido, consigue opacar conflictos como los recientes abandonos de Ortega Smith y Antelo o de Espinosa de los Monteros y Olona con anterioridad. Su autoritarismo interno contrasta con el débil liderazgo que transmite Núñez Feijóo y, hasta ahora, su acusación de “derechita cobarde” a los de Génova les ha venido saliendo a cuenta. Pero llega la hora de la verdad y no todo puede esperar hasta las elecciones generales, sobre todo si Sánchez continúa logrando mantenerse vivo hasta su fecha, en verano de 2027. Los miedos y las incertidumbres que trae la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán pueden acudir en ayuda de PP y PSOE reforzando sus posiciones ante unos electores necesitados de seguridad y certezas en tiempos convulsos ¿Ha llegado la ultraderecha en España a su techo electoral con su exhibición en estas tres últimas elecciones? En su mejor resultado cosechado en unas generales, en noviembre de 2019 Vox superó por poco el 15% de votos alzándose con nada menos que 52 escaños. Desde entonces ha ido rebajando esa posición en el Congreso hasta el 12,38% conseguido en las últimas elecciones de julio de 2023 pero confirmando su tercer puesto con 33 diputados. Los miedos y las incertidumbres que trae la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán pueden acudir en ayuda de PP y PSOE reforzando sus posiciones ante unos electores necesitados de seguridad y certezas en tiempos convulsos, pero también alimentando el populismo y la antipolítica con quien tan cómoda cabalga la ultraderecha. El calendario impone ya sin demora posible la negociación que Vox viene evitando y que alumbrará los gobiernos que esperan en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Feijóo lleva tiempo entregado, y ha confirmado y aceptado la condición de socio necesario de Abascal. Estamos ante el crucial ensayo de la coalición que aspira a La Moncloa pero no pocas cosas pueden pasar entre tanto. Entre ellas, que Abascal distinga entre su techo y su sueño.