El true crime de Netflix sobre uno de los secuestros más mediáticos de la historia de EEUU
2026-02-03 - 12:55
Para una familia, perder a uno de sus miembros sin explicación, como si este se hubiera volatilizado, bien puede ser el peor escenario posible. Más aún si dicho miembro reaparece nueve meses más tarde, después de haber pasado ese tiempo en poder de dos personas que lo sometieron a abusos de todo tipo. Pero hay algo que puede ser incluso peor: que la sociedad donde vive la víctima la considere 'manchada' por haber sufrido dicha ordalía. Secuestros: La historia de Elizabeth Smart, el nuevo documental true crime con el sello de Netflix, parte de uno de los casos más mediáticos de la historia de EE UU para abordar justo ese caso: el de una mujer que, tras sufrir un rapto a los 14 años, ha empleado sus energías en recordarle al mundo que ella no tuvo la culpa. Arrebatada de su propia casa Dirigida por Benedict Sanderson, ganador de dos BAFTA, Secuestrada comienza con un escenario aparentemente idílico: una familia de clase media, residente en Salt Lake City (Utah), devota del culto mormón y con seis vástagos. Todo se quiebra cuando uno de dichos vástagos, una niña de 14 años, es arrebatado en plena noche de su propia habitación, y en presencia de su hermana. El incidente, que tuvo lugar en junio de 2002, era espeluznante... y también un caramelo para los medios. Los mensajes de los padres de la víctima pidiendo clemencia al secuestrador, una investigación lastrada por la escasez de pistas y los posibles indicios reunidos a partir del testimonio de Mary Katherine, la niña de nueve años que presenció el secuestro, mantuvieron en vilo al público estadounidense. Por suerte para Elizabeth Smart, el testimonio de su hermana permitió a la policía encontrarla y liberarla. Su captor resultó ser Brian Mitchell, un hombre con problemas mentales que había perpetrado el rapto con la intención de completar una presunta profecía bíblica. Wanda Barzee, la pareja de Mitchell, también participó en el crimen: Smart la describiría en sus testimonios como "la mujer más malvada que he conocido nunca". El hecho de que Mitchell y Barzee hubieran sometido a Elizabeth Smart a abusos físicos, mentales y sexuales, ya era lo bastante duro. Pero lo más cruel, aquello contra lo que la víctima ha combatido desde entonces, fue el estigma que recae sobre mujeres en su situación, sobre todo en un entorno donde la religión es ley. "No soy un chicle usado" En apariencia, la vida posterior de Elizabeth Smart transcurrió según los cánones marcados por su confesión religiosa. La joven completó sus estudios de Secundaria, pasó una temporada como misionera en Europa, se casó con un correligionario y tuvo tres hijos. Asimismo, obtuvo una licenciatura en la Universidad Brigham Young, centro regido por la iglesia mormona y de marcado carácter ultraconservador. Sin embargo, Smart también se ha permitido criticar a su entorno, llamando la atención sobre la obsesión por la castidad y la abstinencia en la educación mormona. Algo que impide a las posibles víctimas reconocer los signos de abuso, y que también las marca como "chicles usados". "Nadie vuelve a masticar un chicle usado: lo tiran a la basura", señaló en un discurso en 2013. Asimismo, Elizabeth Smart ha publicado varios libros, ha ejercido como activista contra los abusos sexuales e incluso ha participado en Dancing with the Stars, la versión estadounidense de Mira quién baila. También coprodujo en 2017 un telefilme del canal Lifetime sobre su historia. El periplo de Smart, de niña secuestrada y abusada a celebrity, puede resultar chocante si olvidamos sus esfuerzos para reclamar su derecho a vivir su vida en sus propios términos. A diferencia de otras personas que atravesaron infiernos similares al suyo, esta mujer sí ha podido alcanzar un final feliz made in USA.