El éxtasis juvenil de los retiros espirituales que inquieta a los obispos
2026-03-15 - 03:53
Imagine que tiene los ojos vendados. A pesar de la completa penumbra siente la presencia de los caminantes a su alrededor. Es la noche de un sábado y lleva desconectado del mundo –sin reloj ni teléfono móvil– desde la tarde del viernes, cuando llegó a la casa de ejercicios espirituales para iniciar el retiro. En total oscuridad, una voz desconocida le pide que se relaje. Respire profundamente. Inhale hasta llenar sus pulmones, exhale lentamente, sintiendo cómo el aire escapa de su cuerpo. Déjese invadir por la presencia del Señor. Sigue a ciegas, pero pronto llegará una persona que le llevará hasta un lugar desconocido. Llegados a este punto, si en algún momento tiene la intención de realizar un retiro católico de primer anuncio, le conviene dejar de leer este artículo para evitar que le destripemos la experiencia. O que le hagamos 'spoiler', si es de la Generación Z. Si decide seguir leyendo, imagine ahora que llega esa persona, le coge de la mano, le pide que confíe en ella, que se levante y la acompañe. Con la venda en los ojos, ella será su guía. Una música de meditación acompaña la escena. Tras una corta caminata, cuando ya ha perdido la orientación espacial, le cuenta que está ante una pared y le pide que apoye ahí sus manos. «¿Cómo la sientes? Está fría, ¿verdad? ¿Cuántas veces has sido frío con los demás? ¿Cuántas veces has sido una pared para los otros?», le pregunta quien dirige la dinámica. Son unos minutos en que le deja experimentar en soledad la frialdad, dureza y lo infranqueable de esa pared que toca, lo único que le ata al mundo en este momento es la voz que le dice que no está sólo. A su lado tiene al resto de sus hermanos, o hermanas, y a Jesús, que le presta su hombro para poder salvar esa pared. «¿Quieres que Jesús te sane? ¿Quieres cambiar tu vida?», le dicen. Es el momento para que haga un compromiso. Sin miedo. Si quiere seguir adelante y se quita la venda de los ojos, podrá descubrir que está en la capilla. Frente a usted un sacerdote, con la estola morada, preparado para confesarle. Si así quiere. El momento descrito podría ser cualquiera de las experiencias de impacto o retiros de primer anuncio que se han popularizado en los últimos años en ambientes católicos y a los que los obispos les han dedicado una nota doctrinal en la que reflexionan sobre «el papel de las emociones en el acto de la fe» y que han titulado 'Cor ad cor loquitur', «el corazón habla al corazón». Un título confuso, como ambiguo es el mensaje. En el escrito, los obispos valoran «la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe», pero a la vez advierten de una actitud «emotivista» que vuelve a la persona «más fácilmente manipulable» . Lo que traducido a la vida espiritual implica «el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un 'bombardeo emocional', lo cual podría considerarse una forma de ' abuso espiritual' ». Una dura advertencia que, sin embargo, no tiene un destinatario definido. Acostumbrados a la necesaria exégesis de sus palabras, los obispos omiten voluntariamente el nombre de esos «movimientos y asociaciones» católicos que pueden derivar en el abuso espiritual. Disparan sin apuntar, aunque con tan detallada descripción la mirada no tarda en fijarse en grupos como los retiros de Emaús, Hakuna o la Renovación Carismática a través de los denominados seminarios de vida en el Espíritu. Movimientos que forman parte de ese «renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada 'generación Z'», como reconocen los obispos en su nota –»un soplo de aire fresco», los definen también–, pero que a su vez levantan suspicacias en diversos sectores eclesiales por sus prácticas heterodoxas o el secretismo con el que envuelven sus retiros. «Los obispos advertimos con alegría y esperanza un crecimiento de métodos e iniciativas de primer anuncio y agradecemos el trabajo de tantas personas que están implicadas en ellos. Al mismo tiempo vemos que en estos métodos tiene un peso muy grande el impacto emocional», explica a ABC Francisco Conesa, obispo de Solsona y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, que ha elaborado el documento. «El contenido de la nota se podría resumir así: las emociones son importantes para la vida espiritual, pero han de estar siempre en relación a la verdad y al bien. Sin verdad, la fe se convierte en algo puramente subjetivo, corriendo el riesgo de ser una proyección de los propios intereses. Sin caridad, todo se resuelve en un sentimentalismo vacío», nos explica. Aunque Conesa, como el resto de la Conferencia Episcopal, evita dar nombre a estas experiencias, en ambientes eclesiales ha quedado claro que los retiros de Emaús –en sus opciones de hombres o mujeres, o las variantes de Effetá para los jóvenes o Bartimeo en adolescentes– son uno de los primeros destinatarios de esta nota. Centenares de parroquias ofrecen alguno de estos retiros de primer anuncio, que congregan, sobre todo, a jóvenes en búsqueda espiritual, muchos de ellos alejados de la Iglesia desde hace tiempo. Numerosas conversiones son el fruto de estos retiros. Desde esa perspectiva, se han convertido en una herramienta de las parroquias para «facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe», aunque no están exentos de críticas. La primera proviene del secretismo que envuelve a todo lo que ocurre en estos retiros, como los de Emaús, que duran un fin de semana, desde el viernes por la tarde a la eucaristía conclusiva el domingo a última hora. La confidencialidad es extrema. Despojados de relojes, teléfonos móviles y cualquier otra forma de conexión con el exterior, los participantes tienen claro desde el primer momento el lema que le repiten los organizadores: «Lo que se oye y se dice aquí, aquí se queda». Durante las cuarenta y ocho horas que dura la vivencia, los participantes –divididos por sexos en los adultos y de forma mixta en los jóvenes– tienen un estricto horario, marcado hasta con las pausas para ir al baño, en el que reciben diversos testimonios de conversión de anteriores 'caminantes', como denominan en su jerga interna a quienes acuden por primera vez. A ello, suman diversos gestos para mostrar «cómo han sido llamados personalmente por Dios a ese retiro», unido a los constantes gestos de cercanía y atención de los «servidores», antiguos 'caminantes' que se han reenganchado como organizadores, en lo que recuerda al 'bombardeo emocional' del que hablan los obispos. «Las técnicas pueden ser discutibles pero se les presume recta intención», explica a este diario un experto en estas nuevas realidades espirituales que prefiere mantener el anonimato. «La clave está en quien lo organiza. Conozco parroquias en que están muy pendientes de lo que dice el párroco, pero en otras depende mucho del carisma del laico que lidera el retiro», añade. Un caso paradigmático en el desvío y la mala utilización de estos retiros se encuentra en las Hijas del Amor Misericordioso (HAM), una asociación pública de fieles intervenida por la archidiócesis de Madrid desde finales de julio. Hasta ese momento, las HAM organizaban estos retiros y aprovechaban el «subidón espiritual que viven las participantes para echar el anzuelo» y conseguir nuevas vocaciones. Fueron las actitudes sectarias y de abuso de conciencia que se vivían en el grupo –su líder, conocida internamente como «Mami» o «Marimí» ha sido expulsada aunque sus seguidoras le siguen profesando obediencia– las que llevaron a una investigación del tribunal de La Rota y al nombramiento de una comisaria que trata, con poco éxito, de reconducir la situación. Más allá de estos casos extremos, los obispos también están preocupados por el «reduccionismo emotivista» de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidoras de experiencias de impacto y «buscadoras insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual». Personas que se quedan «enganchadas» en «las emociones» sin fundamentar después esa conversión «en la razón y la voluntad». Y en su nota alertan de un abuso espiritual que «puede manifestarse en forma de presión emocional del grupo», que hace que los individuos se vean obligados a «sentir» lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia». E incluso, añaden, a la «utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas («falso misticismo»), que desvirtúan una auténtica visión de Dios, como medios para ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos». Una nueva referencia que parece recordar el uso de las HAM de los retiros de Emaús, o casos específicos como el de exorcista abusador suspendido por la diócesis de Madrid en octubre de 2024. En el fondo, el debate que plantean los obispos no es nuevo. Desde el siglo XIX, teólogos y filósofos cristianos vienen discutiendo hasta qué punto la fe puede apoyarse en la experiencia interior sin reducirse a ella. Frente a la corriente que identificaba la religión con un mero sentimiento –popularizada por el teólogo protestante Friedrich Schleiermacher–, pensadores como el cardenal John Henry Newman insistieron en que la fe implica al mismo tiempo razón, voluntad y afectos. No se trata de expulsar las emociones de la vida espiritual, sino de integrarlas en una experiencia más amplia de verdad. De ahí el título de la nota episcopal, 'Cor ad cor loquitur –«el corazón habla al corazón»'–, una expresión de Newman con la que pretende recordar que la fe cristiana puede conmover, pero no puede sostenerse solo sobre la conmoción.