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Emerald Fennell, directora: "Quiero que 'Cumbres Borrascosas' triunfe no solo por mí, sino por las películas que vendrán"

2026-02-13 - 17:25

Emerald Fennell tenía 14 años la primera vez que leyó Cumbres Borrascosas. "Me obsesioné con la historia y con la forma de contar de Emily Brontë", recuerda al otro lado de la pantalla de Zoom. "Me había leído otras novelas de la época, pero no existe nada como este libro. Hay cosas en él que no podrían escribirse hoy en día. Fue impactante cuando se publicó y lo es ahora. Es complicado, contradictorio, extremadamente difícil, pero te habla de forma subconsciente, física, personal". Esa complejidad, ese revoltijo de emociones, esa mezcla de "descubrimiento y peculiaridad" que experimentó en su primera lectura, es lo que ha querido recrear en su versión del clásico protagonizado por Catherine Earnshaw y Heathcliff en los páramos de Yorkshire, entorno hostil y fértil para un amor prohibido, obsesivo, vengativo, un calvario sentimental que somete a la pareja principal y a los personajes que los rodean a lo largo de los años. La cineasta sabía que era imposible replicar de forma exacta la obra literaria cuando se decidió a escribir y dirigir una nueva Cumbres Borrascosas. "Me di la libertad de interpretar la historia desde mi lugar como lectora en lugar de hacer una traducción literal", nos cuenta. Llevaba un año sin tocar el libro y, antes de releerlo, anotó todo lo que recordaba o creía recordar del relato. A partir de ahí, seleccionó entre las anotaciones reales e inventadas, entre lo que había permanecido en su memoria, lo que había imaginado y lo que había olvidado. Así, su guion, lejos de limitarse a trasladar palabra por palabra la prosa de Brontë, se empapó de referencias personales como la portada "un poco arlequinesca" del primer volumen que llegó a sus manos en su adolescencia, las estatuillas de Cathy y Heathcliff de Royal Doulton, la canción Wuthering Heights que Kate Bush lanzó a finales de los 70 o las ilustraciones "sexis, inquietantes y provocativas" de Balthus. Solo quedaba llevarlo a la gran pantalla. Más grande que la vida Fennell admira todas las adaptaciones de Cumbres Borrascosas, de la más fiel a la más alejada del material original. "Cualquier obra que cause el mismo alboroto que el trabajo de Emily, desde la devoción hacia ella, desde ese fanatismo que compartimos por ella, tiene mi apoyo", dice. Por lo pronto, algunos han fruncido el ceño ante su visión, tanto por el casting, con Margot Robbie, también productora, y Jacob Elordi en la piel de Cathy y Heathcliff (¿Traiciona la rubia treintañera el retrato de la chica salvaje que en las páginas no llega a los 20 años? ¿Es creíble que Elordi, ideal de belleza caucásica, haga de un Heathcliff resentido tras años de marginalidad racial y social?); como por la aproximación aparentemente sexualizada, estilizada y anacrónica a la tragedia gótica. La guionista y directora se ha tomado licencias deliberadamente, aunque el rasgo de la novela que se ha cerciorado de trasladar fielmente es la capacidad de cuestionar e incomodar. Al fin y al cabo, Cumbres Borrascosas no es un romance al uso, sino un torbellino de emociones que escandalizó a la sociedad victoriana, un tormento que arranca con la llegada al seno de los Earnshaw de Heathcliff (Owen Cooper en la versión juvenil), un niño huérfano que pronto crea un vínculo vicioso y dependiente con Cathy (Charlotte Mellington de joven), la pequeña de la familia. Con el paso de los años, el lazo entre ellos se estrecha e intensifica, deviene en una pasión implacable y anhelante, en una fijación radiactiva que arrasa con todo el que se acerca a ellos, como los hermanos Linton, Edgar (Shazad Latif), marido de Cathy, e Isabella (Alison Oliver), esposa de Heathcliff. "Todavía hay discrepancia sobre si la suya es una historia de amor y su complejidad es parte de la razón por la que es una obra eterna", reflexiona Fennell. "Hay cosas que son difíciles de amar, difíciles de explicar y difíciles de aceptar. El tipo de artistas que me gustan son mujeres incisivas, que meten el dedo en la llaga, como la pintora Paula Rego o Emily. Aunque deseo que esta película guste, que sea para todos, no podía perder la autoevaluación que planteó Brontë, porque para disfrutar del libro tienes que hacerte preguntas sobre ti mismo, sobre ese disfrute. Esa autoevaluación difícil es por lo que amo Cumbres Borrascosas, y espero que sea algo que tiene en común con la película, con todas mis películas y mi libro Monsters". Además de mantener el espíritu agitador de Brontë, Fennell se aseguró de dar a Cumbres Borrascosas el tratamiento de superproducción cinematográfica, con la ambición formal y estilística que el relato exigía. Debía ser la Titanic de esta generación, un melodrama inspirado en la Edad de Oro de Hollywood, no muy arraigado en la realidad, con un enfoque artesanal pero a gran escala. "Brontë es enorme, es más grande que el universo, que la vida, es casi existencial, pero también es muy específica y detallista", explica. "En el equipo, imaginábamos que éramos alienígenas haciendo por primera vez un drama de época y nos preguntábamos cuál era nuestra respuesta emocional ante lo que pasaba en la historia. Había que construir un mundo minucioso y real, pero con una gran puesta en escena que reflejase el paisaje emocional de los personajes. Lo gótico es una falacia patética: si alguien se siente triste, suena un trueno; si alguien tiene miedo, aparece un fantasma". Fennell asegura que, como directora mujer, sigue siendo "inusual" contar con presupuestos elevados. Sin embargo, éxitos como Barbie (2023), en la que tuvo un pequeño papel, han transformado el panorama: "Greta [Gerwig] y Margot demostraron que las películas dirigidas tradicionalmente a mujeres merecen oportunidades". Curiosamente, su trayectoria guarda paralelismo con la de Gerwig. Actrices y guionistas antes que directoras, se metieron a la crítica en el bolsillo con sus primeros trabajos tras las cámaras: Gerwig despuntó con Lady Bird (2017), su primer largo en solitario, y Fennell se alzó con el Oscar a mejor guion original por Una joven prometedora (2020), su debut. Cumbres Borrascosas adentra a la británica en el cine de gran presupuesto, como ya hiciera la adaptación de Mujercitas (2019) con la californiana, y no piensa desaprovechar esta posición privilegiada: "Quiero que Cumbres triunfe no solo por mí, sino por las películas que vendrán, para demostrar que los mundos que nos interesan a nosotras son igual de importantes. Como decía Virginia Woolf hace cien años, ¿por qué las historias en el campo de batalla son más importantes que las historias en la sala de estar?" Una mujer provocadora Si Cumbres Borrascosas le valió a Brontë el calificativo de escandalosa, Fennell lleva ligado a su cine el término de artista provocadora. "Eso de poner etiquetas... Quizás se deba al deseo de que el trabajo de una mujer sea autobiográfico de alguna manera, que refleje una especie de moral, pero yo me muevo por el impulso egoísta de contar lo que me importa", afirma. Con Una joven prometedora, quiso señalar con el dedo a una sociedad que negaba o trivializaba el abuso que sufren las mujeres a través de "una protagonista que comente actos de violencia, pero sigue estando en desventaja física". En Saltburn (2023) plasmó nuestra relación de amor-odio agresiva con lo que deseamos. "La gente se enfada cuando ve gente guapa en internet", analiza: "Si Una joven prometedora toma el mundo de la cultura pop y el género de la venganza femenina, Saltburn coge Retorno a Brideshead y la hace pertinente ahora". Cumbres Borrascosas ahonda en nuestra forma de ver el romance, "las relaciones que mantenemos y que se vuelven aterradoras pero potentes cuando suman dinámicas de poder". La cineasta nunca anticipó que su trabajo polarizara tanto. Eso sí, reconoce que, pese a que en su vida cotidiana es "muy normal", le interesa "lo complicado, como el pódcast de humor negrísimo Dear Joan and Jericha, porque lo oscuro siempre guarda una pequeña verdad desagradable que hace pensar". En cuanto a la reacción del público a sus creaciones, afirma haber aprendido a tomársela con filosofía: "Es como cuando te vas de una cena; mejor no saber lo primero que dicen tras tu marcha".

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