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Emilio Redondo, el jinete de nieve que nació entre viñedos

2026-02-23 - 06:23

En Villacañas (Toledo), no hay montañas. Allí, el horizonte es una línea recta que solo se interrumpe por el verde rítmico de los viñedos y el ocre de una tierra que sabe a sol y a calma manchega. Allí, el viento no silba entre picos escarpados, sino que recorre llanuras infinitas donde el invierno se siente en el frío seco, pero nunca en el relieve. En ese paisaje de paz imperturbable creció Emilio Redondo, lejos de la nieve y de cualquier cultura de deportes de invierno. Nada hacía prever que aquel joven manchego acabaría representando a España en snowboard en unos Juegos Paralímpicos. Pero a veces el destino no pregunta. Un accidente de moto con 19 años cambió su vida. Y apenas tres meses después, cuando aún estaba aprendiendo a caminar con una prótesis, ya se había subido a una tabla, en una carrera contra el reloj y contra su propia cabeza que lo llevó a buscar en la adrenalina el antídoto contra la autocompasión. No por heroicidad. No por épica. “Fue por volver a sentir que podía hacer deporte y hacer las cosas igual que antes”, explica. Hoy, Emilio no es "el chico del accidente", sino un proyectil humano que busca su sitio en la historia de los Juegos de Milán-Cortina 2026. Romper el miedo antes de que naciera El accidente de moto fue grave. Emilio perdió una pierna. Sin embargo, antes incluso de que el miedo pudiera instalarse, decidió enfrentarlo. La cronología de Emilio es un desafío a cualquier protocolo de rehabilitación convencional. Su primer instinto no fue el lamento, sino la urgencia de recuperar la normalidad. Apenas habían pasado entre 40 y 50 días del siniestro cuando, todavía probando su primera prótesis en la ortopedia, vio la moto de su hermana en la puerta y no pudo resistirse: le pidió dar una vuelta a la manzana. Fue un acto de rebeldía mental para no dejar espacio al miedo. "No me di tiempo a generarme un miedo por las motos... era el acto que tenía que hacer para mi cabeza, para decir: vale, no le cojas miedo, porque al final el accidente no fue culpa de la moto. El accidente estaba ahí en el destino.", confiesa el deportista sobre aquel impulso inicial. Era una 125cc, una Vespa modesta, pero suficiente para lo que necesitaba demostrar: que no iba a dejar que el accidente le definiera. De hecho, poco después se compró otra. Automática. Una 800cc. No era temeridad. Era una forma de cerrar la herida psicológica antes de que supurara. En una de esas visitas a la ortopedia el azar movió sus hilos. Cuando confesó en la ortopedia que deseaba volver a hacer deporte, no se esperaba esta casualidad: aquel mismo centro era también el lugar de paso habitual de Audrey Pascual y su entrenador. Bastó un comentario del ortopeda para tender el puente. Semanas después, Emilio probaba los deportes de invierno en la pista cubierta de Intu Xanadú, de la mano de la Fundación También, vinculada a la esquiadora, demostrando que a veces las segundas oportunidades empiezan en la sala de espera más inesperada. De la llanura manchega a los picos del mundo Para los habitantes de Villacañas, la trayectoria de su vecino sigue teniendo un punto de irrealidad. En un pueblo rodeado de llanuras, explicar qué es el snowboard no siempre es tarea fácil. "Hay mucha gente en mi pueblo que no sabe lo que es el snowboard... tengo que explicar: pues como el esquí, pero yo voy de lado", comenta entre risas. La montaña, con sus descensos y velocidades, le ha robado el corazón, ofreciéndole una combinación de paisajes y sensaciones que la tierra firme no podía igualar. En la nieve, Emilio encontró una libertad técnica que otros deportes no le proporcionaban con la misma intensidad. El snowboard le regala esa "especie de adrenalina de una velocidad que puede ser controlada y descontrolada", algo que le enganchó desde el primer descenso profesional. Aunque su pueblo natal esté a cientos de kilómetros de la estación de esquí más cercana, él siente que el apoyo de su gente ha sido el combustible necesario para no rendirse. "La actitud que tengo la tengo porque todo el mundo me animaba desde el principio", reconoce, destacando que sigue siendo el mismo Emilio de siempre que sale a comprar el pan, solo que ahora con una maleta llena de experiencias internacionales. La prótesis: entre el dolor y la simbiosis Compite en la categoría LL2 de snowboard paralímpico, destinada a deportistas con amputación de miembro inferior. Ahí, la prótesis es mucho más que un soporte; es la herramienta que media entre el atleta y la nieve. Sin embargo, Emilio es honesto sobre la realidad de vivir con un miembro artificial: "Sigue siendo un elemento extraño... los amputados siempre vivimos con algún dolor o molestia". A pesar de ese recordatorio constante, ha logrado una integración mental tan profunda con su equipo que, en su día a día, la discapacidad desaparece de su pensamiento. "Solo siento la prótesis cuando la pienso, pero si no pienso en ella no sé ni que soy amputado", afirma. Solo siento la prótesis cuando la pienso, pero si no pienso en ella no sé ni que soy amputado Esa normalización ha sido fruto de un intenso proceso de rehabilitación y de una aceptación psicológica que le ha permitido ver su prótesis simplemente como otra adaptación técnica, similar a las cuñas o ajustes que otros corredores ponen en sus tablas. Emilio explica que, a diferencia de otros deportes paralímpicos con reglamentos muy distintos, el snowboard busca ser lo más parecido posible al olímpico. Cada deportista diseña sus propios "inventos" o aparatos para compensar sus limitaciones, buscando que el rendimiento final sea indistinguible del de un atleta sin discapacidad. La adrenalina del Cross y la técnica del Banked Slalom El snowboard paralímpico se divide principalmente en dos disciplinas: el Snowboard Cross (o Border Cross) y el Banked Slalom. Esta última es exclusiva del ámbito paralímpico y consiste en una bajada individual por un trazado de curvas peraltadas donde prima la técnica y el tiempo. Emilio reconoce que el Banked Slalom es donde ha logrado resultados más sólidos, como su título de campeón de la Copa de Europa el año pasado. Sin embargo, su corazón late más fuerte con el Cross: "Me gusta más el border cross por salir con rivales al lado y pegarte con ellos... es una adrenalina donde hay factores que no dependen de ti". Me gusta más el border cross por salir con rivales al lado y pegarte con ellos... es una adrenalina donde hay factores que no dependen de ti. Esa competitividad cuerpo a cuerpo, donde el factor suerte y la gestión de los errores ajenos entran en juego, es lo que define su espíritu guerrero. Para prepararse, Emilio tiene un ritual inamovible: una canción que solo se permite escuchar los días de competición para activar su mente. Se trata de "Runnin", de Ludwig Göransson, un tema de la película Creed II que le conecta con la mentalidad de un boxeador antes de salir al ring. En el cajón de salida, mientras la música resuena en su cabeza, visualiza cada curva y cada apretón, enfocándose en corregir los errores de los entrenamientos para que la bajada sea, simplemente, perfecta. La mirada de la sociedad: de la pena a la admiración Uno de los mayores retos de Emilio no ha sido técnico, sino social. El deportista admite que, fuera de las pistas, a veces nota miradas de extrañeza o incomodidad al ver a un joven con una prótesis. "La gente cuando me ve por Madrid... es raro cruzarte a una persona joven sin pierna andando bien", reflexiona. En la pista, sin embargo, nadie ve la prótesis bajo el pantalón largo. Ven velocidad. Técnica. “Cuando hago snowboard y luego les enseño la prótesis es cuando flipan. Haces snowboard mejor que yo y te falta una pierna”, relata. Es ahí donde siente que la mirada pasa de la pena a la admiración. Aun así, Emilio huye de las etiquetas fáciles como la de "ejemplo de superación". "Yo no soy una persona a la que le guste destacar... preferiría que me vieran como el Emilio de antes, simplemente un chaval", confiesa con sinceridad. Su objetivo al dedicarse al deporte de élite no era coleccionar halagos, sino quitarle a su entorno cercano ese sentimiento de "pobre, que le han cortado la pierna". Quiere ser juzgado por sus tiempos en la Copa del Mundo y no por su historial médico, reivindicando que las personas con discapacidad deben ser incluidas en el "cómputo global de las personas" sin distinciones. Único representante en Milán-Cortina Emilio Redondo acudirá a los Juegos de Milán-Cortina 2026 como el único representante español en la disciplina de snowboard. Es una soledad que no le genera presión, pues es consciente de su posición dentro de la Copa del Mundo. Sin embargo, sí siente una punzada de tristeza por no poder compartir la experiencia con compañeros como Ángel Torres, que se quedó a las puertas de la clasificación. "Me hubiera gustado llegar a los juegos con él y disfrutarlo", admite. A pesar del apoyo incondicional del Comité Paralímpico, Emilio es crítico con la falta de infraestructuras para su deporte en España. "No tenemos circuitos... para el snowboard tienes que tener un circuito de border cross o de banked slalom y no tenemos nada", denuncia. La paradoja ha sido especialmente sangrante este año: mientras España era uno de los lugares con más nieve del mundo, los atletas han tenido que emigrar a los Alpes o Norteamérica para encontrar pistas con el nivel técnico necesario para unos Juegos. Esta escasez de recursos locales no solo dificulta la preparación de los deportistas ya consolidados, sino que actúa como una barrera de entrada para la base, encareciendo un deporte que ya de por sí es elitista por el coste de los forfaits, prótesis y viajes. Para Emilio, el futuro del snowboard paralímpico en España pasa necesariamente por apoyar la base y dar visibilidad a unas competiciones que hoy en día carecen incluso de streamings oficiales. En la historia de Emilio vemos la crónica de un hombre que decidió que su vida no se detendría en una curva de carretera. Hay una belleza cruda en el contraste de su figura: el chaval de Toledo que ahora surfea cumbres alpinas, el joven que perdió una pierna pero ganó una velocidad que antes ni siquiera imaginaba. En el snowboard, ha encontrado algo más que adrenalina; ha hallado un espacio donde la gravedad es una aliada y donde, bajo el casco y las gafas, la mirada de la sociedad se desprende de prejuicios para juzgar únicamente la limpieza de un giro o la rapidez de un descenso. Es, en esencia, la victoria de la identidad sobre la circunstancia.

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