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Enfermedades de perros domésticos llegan por primera vez a la fauna silvestre de Uruguay

2026-02-14 - 07:55

La fauna silvestre de Uruguay se enfrenta a un nuevo riesgo sanitario ahora que, por primera vez, un grupo de investigadores han confirmado la presencia de enfermedades propias de perros domésticos en animales salvajes, un fenómeno que no debería darse en condiciones ecológicas normales y que ha encendido las alertas en el ámbito de la conservación. La detección ha sido realizada por la Sociedad para la Conservación de la Biodiversidad de Maldonado (Socobioma), una organización dedicada a la recuperación de fauna nativa, que ha documentado casos de moquillo canino y parvovirus en especies silvestres terrestres y marinas. Se trata de los primeros registros científicamente confirmados en el país. De los hogares al monte Los casos identificados incluyen animales tan diversos como zorros cangrejeros (Cerdocyon thous), gatos monteses (Leopardus geoffroyi) y lobos marinos (Otaria flavescens). Según explican desde Socobioma, no se trata de episodios aislados, sino de un patrón que ha empezado a repetirse en los ingresos de fauna al centro de recuperación. Los estudios genómicos, realizados junto a la sección de genética evolutiva de la facultad de ciencias de la Universidad de la República y con colaboración del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, son concluyentes y las variantes detectadas en la fauna silvestre son genéticamente muy similares, y en algunos casos prácticamente idénticas, a las que circulan actualmente en perros domésticos. El hallazgo confirma un proceso de transmisión inversa de patógenos, desde animales domésticos hacia la fauna silvestre, un escenario especialmente preocupante en términos de conservación. El moquillo canino La principal preocupación se centra en el moquillo, una enfermedad vírica altamente contagiosa que afecta a los perros, pero que puede extenderse a prácticamente todos los carnívoros. Zorros, mofetas, hurones, gatos monteses sudamericanos y otros mamíferos silvestres son susceptibles de infectarse. El virus cursa en varias fases que pueden solaparse, con una digestiva, con diarreas severas, una respiratoria, asociada a bronconeumonía, y una fase neurológica que provoca espasmos musculares, atrofia progresiva, parálisis y, en muchos casos, la muerte. Socobioma ha confirmado recientemente el fallecimiento de una zorra con sintomatología neurológica compatible con la enfermedad. A diferencia de lo que ocurre con los animales domésticos, no existe una forma efectiva de frenar la propagación del virus en la fauna silvestre. No se puede vacunar a poblaciones salvajes ni aislar a los individuos infectados, lo que convierte incluso a unos pocos casos confirmados en un problema de gran magnitud. Cómo se produce el contagio Los especialistas señalan múltiples vías de transmisión. Entre ellas, la interacción directa entre perros domésticos y fauna silvestre, especialmente en casos de abandono y la presencia de jaurías sin control. Pero también son un factor de riesgo los paseos con perros por zonas naturales donde habitan animales salvajes y donde se facilita el contacto indirecto. Los perros infectados pueden eliminar el virus a través de fluidos corporales como la orina. Y un ejemplar silvestre puede contagiarse simplemente al olfatear esa zona marcada. Esta vía, sumada al contacto directo, amplía de forma considerable el riesgo de exposición. Un problema ligado a la tenencia irresponsable Desde Socobioma insisten en que muchas de las enfermedades detectadas son prevenibles en animales domésticos mediante esquemas de vacunación adecuados. La falta de vacunación, el abandono y la circulación no controlada de perros en entornos naturales aparecen como los principales factores en este nuevo escenario sanitario. Los casos se han registrado en distintos puntos del país, como Canelones, San José y Maldonado, lo que refuerza la idea de que el problema no es local ni puntual. Para la organización, fortalecer las políticas de vacunación obligatoria y promover una tenencia responsable es una medida urgente, no solo para proteger a los animales de compañía, sino también para salvaguardar la biodiversidad. El impacto ecosistémico Pero la llegada de patógenos de origen doméstico a la fauna silvestre no es solo un problema veterinario. Supone una alteración profunda de los equilibrios sanitarios naturales, ya que las especies afectadas no han desarrollado defensas frente a estos agentes infecciosos. En ecosistemas donde no existen mecanismos de control sanitario, los brotes pueden propagarse rápidamente y provocar mortalidades significativas, con consecuencias potencialmente irreversibles para determinadas poblaciones. Los expertos advierten además de que la circulación de enfermedades entre animales domésticos y silvestres también plantea riesgos para la salud pública, en un contexto en el que la interconexión entre bienestar animal, humano y ambiental (Una sola salud) es cada vez más evidente.

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