Enrique Herreros, el mejor amigo de aquel Hollywood que vivió en España
2026-03-13 - 18:03
Llevaba años regateando a la película de la vida el 'The End', pero ha terminado yéndose por fin con Mr. Jordan, expresión que le gustaba usar en broma y que sacó de la película 'El difunto protesta'. Enrique Herreros ha muerto a los 98 años , «viejo», como decía para algunas cosas, pero todavía y siempre inevitablemente más joven que el séptimo arte, de lo que más sabía y más le apasionaba, junto con su «buen padre» y el «Real de Madrid» . El bueno de Enrique Herreros vivía rodeado de los recuerdos de una vida de cine y ejercía de leal guardián de una portentosa memoria en su casa de la calle Alburquerque, patrimonio inmaterial repleto de archivos y vivencias. Desbordados los noventa solía esperar con paciencia en su despacho, escoltado por cientos de retratos con las grandes estrellas del Hollywood dorado, «las de verdad», atrincherado en el glorioso pasado que ni el tiempo lograba borrar. «Es que he visto mucho. He corrido demasiado, ahora me arrepiento», me contaba la primera vez que nos conocimos. Desde entonces hablábamos de vez en cuando, le gustaba que dijera que tenía la voz de Vito Corleone y nunca supo decir bien mi apellido. «Canabelas», comentaba con su voz de capo amable, cada vez un decibelio más suave. «Era un tipo peculiar, el personaje más tenaz que he conocido, si quería algo no paraba hasta conseguirlo. Era un cascarrabias entrañable, le gustaba presumir de tacaño, que no lo era, aunque siempre un escalón por debajo de José Luis López Vázquez, y era muy, muy leal», admite Juan Ignacio García Garzón , quien fue su jefe en la etapa que Herreros escribió en ABC y a quien le abrió «muchísimas puertas» para sacar adelante las biografías de Lola Flores y Paco Rabal. A Enrique Herreros le gustaban salpicar cada anécdota con frases en inglés , legado de una vida entre dos continentes. Fue jefe de comunicación de United Artists, la compañía fundada por Charles Chaplin, Douglas Fairbanks, Mary Pickford y David Wark Griffit, en Madrid; de la Paramount para Iberoamérica y de las superproducciones de Samuel Bronston, y dirigió la publicidad de las películas de CBS Cinema Center en España e Iberoamérica y del productor Melvin Simon en Hollywood. Siempre que viajaba a algún recoveco de su memoria guiaba a sus visitas por las paredes de su casa museo. El gotelé solo se intuía en los resquicios, solapado por carteles de cine y fotografías de estrellas de Hollywood, de amigos, casi todas dedicadas. Reservaba cierta solemnidad para los más importantes, y entonces se levantaba del escritorio, ya con dificultad, y se acercaba a las imágenes. «Esta es muy buena, en el Palacio de la Música, Grace Kelly y Rainiero, cuando estaban de viaje de novios hicieron aquí el documental de la boda», me enseñó. Y también: «Con Chaplin, dedicada, en el Hotel Savoy la mañana siguiente al estreno mundial de 'Un rey en Nueva York'. Esta es muy importante, con Luis Miguel Dominguín, mi padre y yo». O de Dustin Hoffman: «Es encantador, me llamaba Kiki, vino por 'Papillon', pero no me gusta, soy muy viejo ya», decía. Tesoros de madera y cristal de diferente tamaño donde guardaba, incluso, un regalo de la Academia de Hollywood, a cuyos premios acudió en persona en diecinueve ocasiones y de la que era miembro. Suyo es el mérito de haber coordinado la campaña de 'Volver a empezar', que convirtió a la película de José Luis Garci (a quien llamaba «el niño de Narváz») en la primera española en ganar el Oscar. Era capaz de recitar por orden las películas premiadas con una estatuilla en la década de los cincuenta, pero decía que Spielberg y George Lucas se habían cargado el cine . «Hacía de todo, con una memoria prodigiosa. Incluso las últimas veces que hablamos, ya con 97 años, estando él en la cama del hospital, se acordaba de las fecha y los cines de cada estreno de películas de la época de Cary Grant y Katharine Hepburn», explica Enrique Cerezo, para quien Herreros era «la persona que más sabía de cine y de la industria cinematográfica desde los años cuarenta hasta 2020». Lo único en lo que difería con el presidente del Atlético de Madrid era en el fútbol, lo mismo que le sucedía con el crítico de ABC Oti Rodríguez Marchante, a quien le decía «el manchego», por culé. No escatimaba nunca en cotilleos, afilado en su humor y de lengua suelta, leyenda absoluta del chisme cinéfilo. A Elizabeth Taylor la conoció cuando estaba con su «amigo» George Hamilton y la diva de los ojos violeta le pidió que guardara sus joyas y algún que otro secreto. Como que compartió catre con Rock Hudson durante el rodaje de 'Gigante'. Enrique Herreros vio al otro lado de la cortina lo que muchos ni se atreven a imaginar, y nunca tuvo reparos en contarlo. Fue testigo de las melopeas de Robert Mitchum, organizó un pase privado para que Ava Gardner –«bellísima, pero no se ha acostado con tantos como presumen», contaba– viese a Frank Sinatra en 'No serás un extraño' y se tomó con ella un whisky con cerveza en La Mallorquina. Inauguró, por orden de Samuel Bronston, el bar Nickass, de Nicholas Ray, en Avenida de América, con «todo el Hollywood de Madrid»; acompañó a Tyrone Power a comprar lotería y se quedó encerrado en un ascensor con Rita Hayworth durante una hora. Incluso tuvo un idilio con la protagonista de 'Sayonara'. «Hay un refrán que dice: 'Don't shit where you eat (no cagues donde comas)'. Yo solo he tenido un lío. 'One is enough'», reconocía, no sin advertir: «Mis anécdotas son verdad. He tenido que limar, porque si cuento todo...». Todo lo que vivió, las capeas, las noches en Chicote, la fiestas de madrugada en un piso de Doctor Arce frente al general Perón... se ha esfumado, como sus protagonistas. Ahora tampoco está ya Enrique Herreros, pero sus recuerdos van a tardar en desvanecerse.