Entre pisos y derechos: la movilidad que impulsa la longevidad de nuestras ciudades
2026-03-23 - 11:50
Durante décadas, el ascensor fue percibido como un símbolo de comodidad y reservado a los edificios más modernos. Hoy, esa percepción ha cambiado profundamente. En España, un país que avanza hacia una sociedad cada vez más longeva y que cuenta con un parque residencial mayoritariamente antiguo, el ascensor se ha convertido en una infraestructura esencial para garantizar la movilidad urbana, la autonomía personal y la calidad de vida. Cuando hablamos de movilidad en las ciudades, solemos pensar en calles accesibles, transporte público o espacios peatonales mejorados. Sin embargo, existe un tramo fundamental del recorrido diario que a menudo pasa desapercibido: la movilidad vertical. Para muchas personas que viven en edificios de varias plantas sin ascensor, la experiencia urbana empieza —y en ocasiones se limita— a una escalera. Más de un tercio de las viviendas principales en España se encuentran en edificios que sus propios residentes no consideran fácilmente accesibles, lo que afecta a millones de personas en su vida diaria. Además, en los edificios sin ascensor, un 33 % de las personas afirma que saldría más de casa si su vivienda estuviera mejor adaptada, un dato que evidencia hasta qué punto la accesibilidad condiciona la participación social y la autonomía personal. España cuenta con numerosos edificios residenciales construidos en las décadas de los 60 y 70, que hoy albergan a una población más longeva, activa y con una clara voluntad de seguir viviendo de forma independiente en su entorno habitual. La longevidad activa no consiste solo en vivir más años, sino en vivirlos con autonomía, seguridad y participación social. En este contexto, la movilidad vertical se convierte en un factor clave para que las personas puedan seguir bajando a la calle, manteniendo su vida social, accediendo a servicios y participando plenamente en la comunidad. Hablar de longevidad activa implica también reflexionar sobre las infraestructuras que acompañan ese proceso. A un parque de viviendas envejecido se suma, en muchos casos, un parque de ascensores instalado hace varias décadas. Su modernización no solo mejora la accesibilidad, sino que incrementa la seguridad, la fiabilidad y el confort, contribuyendo a edificios más preparados para responder a las necesidades actuales y futuras de sus residentes. La movilidad es una condición previa para el ejercicio de muchos otros derechos: trabajar, estudiar, acceder a la atención sanitaria o mantener una vida social activa. Por ello, las políticas públicas de accesibilidad desempeñan un papel cada vez más relevante. En España se han dado pasos importantes en la legislación en este sentido, y ahora el siguiente desafío pasa por ampliar esta visión e integrar de forma más decidida los edificios residenciales en las estrategias de movilidad urbana y envejecimiento activo. Entre pisos y derechos se juega una parte silenciosa, pero decisiva, del futuro de nuestras ciudades. Es responsabilidad de todos los agentes, públicos y privados, trabajar por conseguir una España más inclusiva y adaptada a la longevidad. Joao Penedo es vicepresidente de OTIS para Iberia, África y Portugal