Entre risas, bótox y complejos
2026-03-06 - 05:53
Algo está cambiando para bien: durante décadas muchos escondieron los retoques estéticos detrás de una masculinidad rígida y absurda. Un hombre podía ir al gimnasio, beber batidos o someterse a injertos capilares... pero admitir un pinchacito de bótox era una confesión vergonzosa. Hoy, cada vez más hombres hablamos con naturalidad de tratamientos, rellenos o bloqueadores. De cuidarnos. Y sin embargo, la reacción social sigue siendo cruel. Lo vimos hace unos días con Jim Carrey, cuando acudió a Francia a recoger un prestigioso premio de cine. Bastaron unos vídeos para que internet se llenara de burlas sobre su cara. Entre especulaciones, algunos llegaron incluso a asegurar que se trataba de un doble caracterizado con prótesis haciéndose pasar por el mítico Ace Ventura. Todo valía para ridiculizarlo. Pero ¿alguien se detuvo a pensar cómo se podría estar sintiendo Carrey? Este jueves, viendo la tele, me incomodé. Los Morancos bromeaban sobre los retoques estéticos de Jorge Javier Vázquez. Eso sí, rematando con el clásico: "Sabes que te queremos". Pues mire, a mí que me quieran mucho, pero mejor. ¡Manda narices! Quienes otras veces han sido ridiculizados, ahora se burlan del de al lado. El señalado señalando. Me da igual cómo haya sido "toda la vida": en 2026 reírse del aspecto físico de alguien no está bien. Detrás de muchos de estos retoques hay algo mucho más simple y humano: personas que quieren verse mejor. Personas expuestas públicamente, pero también vulnerables. Y quizá la pregunta incómoda sea otra: ¿qué nos empuja a querer ser perfectos? ¿Por qué nos cuesta aceptar que tendremos arrugas, que el pelo se caerá o que aparecerán canas? Quizá la verdadera revolución no sea ponerse bótox... ni dejar de ponérselo. Tal vez sea mirarnos al espejo sin miedo. Porque el verdadero éxito no es tener una cara perfecta, sino la libertad de no necesitarla.