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Entrenadoras con calzador

2026-03-24 - 03:40

La FIFA ha aprobado nueva norma. A saber, cada equipo presente en competiciones femeninas deberá tener al menos una mujer en el rol de entrenadora principal o entrenadora asistente. Además, deberá haber, mínimo, dos mujeres del cuerpo técnico en el banquillo. La nueva normativa de momento solo es aplicable en Mundiales (sub-17, sub-20 y absoluto) y competiciones de clubes que organice la FIFA (mundialito). Aunque se presenta como una medida para fomentar la igualdad, puede interpretarse también como una forma de desigualdad normativa. Es decir, obligar únicamente a los equipos femeninos a incluir mujeres en el cuerpo técnico implica que se está regulando de manera distinta según el género de la competición. En lugar de establecer criterios universales basados en la igualdad de oportunidades, se impone una obligación específica que no existe en el fútbol masculino, lo que genera un trato diferenciado. Además, esta medida puede percibirse como contradictoria, ya que en el fútbol femenino ya participan tanto hombres como mujeres en los cuerpos técnicos. Sin embargo, en el fútbol masculino no se exige la inclusión de mujeres en los banquillos, pese a que su presencia es prácticamente inexistente. ¿Por qué no se abre paso de forma legislada a la presencia de mujeres en los 'staffs' de equipos masculinos? ¿Por qué la igualdad (y no hablemos de la paridad) se intenta corregir solo en una dirección y no en ambas? Este tipo de normas puede generar dudas sobre el criterio de selección profesional. Al establecer cuotas obligatorias, se corre el riesgo de que algunas incorporaciones sean vistas como el mero resultado de una imposición reglamentaria y no de un puesto adquirido por mérito, lo que puede afectar a la percepción del trabajo de las entrenadoras, incluso cuando estén plenamente cualificadas para ello. Y no solamente hablamos de entrenadores. La presidenta de la Liga F, por ejemplo, lo es exclusivamente por ser mujer. Su elección fue una imposición. Ayer fue amonestada públicamente por el TAD (que no inhabilitada) por una de las nueve irregularidades por las que había sido denunciada . Beatriz Álvarez va a recurrir. Esta desigualdad no abre el debate de «los techos de cristal», ni de «los suelos pegajosos», ni tampoco de «los sesgos de género». La igualdad parece inclinarse sólo hacia un lado, el femenino: se obliga a incluir mujeres en el mundo del fútbol femenino profesional, pero no se contempla que entren por imposición normativa en el masculino, lo que evidencia un doble rasero de medir. En el último mundial femenino celebrado en el año 2023, 12 de las 32 selecciones tenían entrenadoras mujeres, el 37%. La minoría desde el punto de vista del género se marca en el 40%, por lo que estaban muy cerca de cumplirlo. En La Liga F, el 50% de las directoras deportivas son mujeres. Entrenadoras, sólo hay dos: Sara Monforte, en el Espanyol, e Irene Ferreras, en el Granada. Y tan sólo una directora deportiva, la de Espanyol, ha elegido entrenadora. ¿El resto por qué no lo hacen? A la hora de la verdad, son muchas las mujeres que siguen eligiendo hombres entrenadores. La igualdad real sigue siendo una ilusión. Lola Romero, directora general del Atlético de Madrid, en un foro del World Football Summit, defendió claramente la necesidad de dar espacio a las mujeres en el fútbol: «Hay que dar espacio al talento femenino. Hay que creer en la gente. La igualdad real llegará cuando haya una entrenadora en un equipo masculino». Pero en las últimas diez temporadas, su Atlético de Madrid femenino ha tenido nueve entrenadores, todos hombres. Habrá que ver si esta nueva norma de entrenadoras con calzador impuesta por la FIFA abre de verdad una ventana a la mujer o, en realidad, se la cierra más.

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