¿Es seguro adoptar un perro con la enfermedad de Lyme? Lo que conviene saber antes de decidir
2026-01-27 - 06:14
A estas alturas, las garrapatas han dejado de ser un problema puntual asociado al campo o al verano para convertirse en una preocupación sanitaria estable en buena parte de España. Su expansión territorial y su papel como vectores de enfermedades como la de Lyme han hecho que cada vez más perros den positivo en los test rutinarios, incluidos muchos que llegan a protectoras y refugios sin mostrar síntomas aparentes. Ese diagnóstico, sin embargo, puede generar recelos entre los potenciales adoptantes. ¿Puede llevar una vida normal un perro con Lyme? ¿Es caro tratarlo? ¿Existe riesgo para otros animales presentes en el hogar o para las personas? La respuesta corta es que, en la mayoría de los casos, sí es totalmente seguro adoptar a un perro positivo en la enfermedad de Lyme, siempre que se haga con información, seguimiento veterinario y expectativas realistas. Qué significa exactamente que un perro sea ‘positivo’ La enfermedad de Lyme es una infección bacteriana causada por Borrelia burgdorferi, transmitida por la picadura de determinadas especies de garrapatas. En perros, una prueba positiva no implica necesariamente que el animal esté enfermo en ese momento. De hecho, muchos perros infectados nunca desarrollan síntomas clínicos. Cuando estos aparecen, suelen manifestarse en forma de fiebre, apatía, inflamación de ganglios linfáticos, pérdida de apetito o cojeras intermitentes debidas a inflamación articular. En casos poco frecuentes, la infección puede afectar a los riñones y provocar una enfermedad renal grave, que es la complicación más seria asociada a Lyme en perros. Por eso es importante entender que ‘tener Lyme’ no describe un estado único, sino un abanico de situaciones clínicas muy distintas. Qué información se debe facilitar antes de la adopción Adoptar un perro con Lyme empieza por conocer bien su historial. Las perreras y protectoras suelen realizar test de enfermedades transmitidas por vectores, y cuando un perro da positivo, esa información debería reflejarse claramente en su ficha. Antes de formalizar la adopción, conviene confirmar con el personal de la protectora qué tipo de prueba se utilizó, si el animal mostró o no síntomas, y si se realizaron pruebas complementarias como análisis de sangre o de orina. También es importante saber si el perro llegó al centro de protección animal con garrapatas y qué tipo de prevención antiparasitaria recibió. En muchos casos, el veterinario de la protectora o perrera habrá iniciado ya tratamiento con el antibiótico de referencia para la enfermedad de Lyme, incluso aunque el perro no presentara signos clínicos evidentes. Qué esperar en las primeras semanas El tratamiento estándar de la enfermedad de Lyme en perros consiste en un ciclo de antibiótico oral durante al menos cuatro semanas. Si el perro ya está en tratamiento en el momento de la adopción, debería ser el centro quien indique cómo continuarlo. En cualquier caso, una de las primeras decisiones tras la adopción debe ser concertar una visita con el que será nuestro veterinario de confianza y referencia, aportando toda la documentación disponible. Ese primer control sirve para valorar el estado general del animal, decidir si es necesario completar pruebas diagnósticas y establecer un plan de seguimiento adaptado a su caso concreto. El seguimiento veterinario Aunque la mayoría de los perros con Lyme se recuperan sin secuelas, el seguimiento no es un mero trámite. En los casos más raros, la enfermedad puede derivar en una nefropatía asociada a Lyme, una afección renal grave que requiere diagnóstico precoz. Por eso, si no se han realizado previamente, nuestro veterinario puede recomendar análisis de sangre y de orina para evaluar la función renal, así como controles periódicos en los meses posteriores. Este seguimiento no implica visitas constantes, pero sí una vigilancia razonable que permita detectar cualquier complicación a tiempo. En perros que desarrollaron inflamación articular prolongada, pueden persistir cambios degenerativos que deriven en artrosis, algo que se maneja como cualquier otra patología articular crónica. Costes y cuidados a largo plazo Desde el punto de vista económico, adoptar un perro con Lyme no suele implicar un gasto muy superior al de cualquier otro perro adoptado. En muchos casos, el tratamiento inicial ya está cubierto por la propia protectora. Por otro lado, los costes posteriores dependen del tamaño del animal, de si necesita pruebas complementarias y de si presenta o no síntomas persistentes. Más allá del tratamiento, el cuidado a largo plazo se centra en dos aspectos, que son mantener al perro en un peso saludable para proteger sus articulaciones y asegurar una prevención antiparasitaria eficaz durante todo el año. La reinfección es posible, y las garrapatas pueden transmitir otras enfermedades además de Lyme. En zonas de riesgo, el veterinario puede recomendar también la vacunación contra Borrelia burgdorferi, una decisión que se toma de forma individualizada según el entorno y el estilo de vida del animal. Adoptar sin miedo, pero con criterio Adoptar un perro con enfermedad de Lyme no supone un riesgo para otros animales ni para las personas, ya que la infección no es contagiosa de forma directa. El verdadero factor de riesgo sigue siendo la garrapata, no el perro. Muchos de estos animales esperan más tiempo una familia precisamente por un diagnóstico que, bien manejado, no condiciona para nada su calidad de vida. Con información clara, seguimiento veterinario y prevención adecuada, la mayoría puede llevar una vida larga, activa y completamente normal.