España se remueve contra el acoso sexual una década después del 'MeToo': "Ahora se denuncian cosas que antes se normalizaban"
2026-03-08 - 07:33
Casi diez años después del estallido del movimiento MeToo, el debate sobre el acoso sexual y el consentimiento sigue más vivo que nunca en España. Las leyes han cambiado, las denuncias han aumentado y los casos más mediáticos han reabierto un debate que reflejan un cambio cultural lento, pero profundo. Ya no se tolera todo lo que antes se pasaba por alto. El acoso ha empezado a tener casi el mismo cuestionamiento público que cualquier otro tipo de agresión sexual, gracias al movimiento feminista, que abrió una grieta en el silencio que durante décadas había sido la tónica. El caso Errejón, el beso no consentido de Rubiales o los escándalos de presunto acoso sexual en el PSOE y en la Policía Nacional son solo algunos ejemplos que demuestran ese cambio de paradigma en el consentimiento. Aunque los expertos aseguran que lo que sale a la luz hoy en día es, todavía, la punta del iceberg. Queda mucho por hacer en este ámbito: en los juzgados, donde la mayoría de denuncias no terminan en condena; en la sociedad que sigue cuestionando a las víctimas; y en la propia dinámica de relaciones entre hombres y mujeres, marcada todavía por una desigualdad heredada de siglos de patriarcado. "El cambio principal es que ahora se denuncian cosas que antes se normalizaban", explica a 20minutos Gema Cornejo, abogada especialista en violencia de género y miembro del comité asesor de la sección de Violencia de Género del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (ICAM). Durante mucho tiempo, determinados comportamientos —comentarios sexuales, insinuaciones insistentes o tocamientos— se consideraban parte de la normalidad en algunos entornos laborales o sociales. "Pero las mujeres han empezado a ser conscientes de que no tienen por qué soportar esto y están perdiendo el miedo a denunciar", añade. Cornejo, que es también criminóloga subraya la importancia de recabar cualquier prueba o mensaje que permita demostrar el acoso una vez presentada la denuncia, pues la falta de evidencias suele ser la principal causa en la desestimación de casos. "Desafortunadamente, son pocos los casos que acaban con sentencia condenatoria", afirma. Un resultado que, además, en la mayoría de ocasiones llega tras un periodo de revictimización importante, tanto por parte de la justicia como de la sociedad, que ponen en duda su testimonio. "Los interrogatorios son muy exigentes y muchas veces faltan recursos, como acompañamiento psicológico durante el proceso", apunta. La punta del iceberg La última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer estima que más del 40% de las mujeres ha sufrido acoso sexual a lo largo de su vida en España. Más de 8,2 millones de mujeres víctimas, según el estudio elaborado por el Ministerio de Iguladad, que revela también que, en el ámbito laboral, esa prevalencia supera el 28%. Estas cifras demuestran hasta qué punto este tipo de agresiones está todavía extendida y lo poco que se denuncian en comparación con la incidencia que reflejan los datos. "Lo que vemos es solo la punta del iceberg. Y toda esa gran masa de hielo que no se ve son los casos de gente que no quiere denunciar por miedo o porque no tiene información", cuenta a este periódico Guillem Pedragosa, experto en conflictos por acoso y fundador de la Asociación de Víctimas de Acoso (AVA). "Si tuvieran el respaldo de la empresa o del sindicato, no nos necesitarían. Los canales de denuncia no están funcionando" No hace ni un año que nació esta entidad y ya están desbordados de trabajo. "En este momento no damos a basto. Nos entran dos o tres denuncias al día y ni siquiera nos hemos dado a conocer todavía", asegura. El problema, dice, es que hay mucha confusión sobre cómo actuar ante una situación de acoso. "Las víctimas están muy perdidas. Quien nos viene a buscar es gente sin apoyo, porque si tuvieran el respaldo de la empresa o del sindicato, no haría falta. Y eso significa que los canales de denuncia no están funcionando correctamente", subraya Pedragosa. Según recuerda, la de libertad sexual -comúnmente conocida como ley del 'solo sí es sí'-, fijó la obligación de las empresas de "promover condiciones de trabajo" que eviten conductas contra la libertad sexual, "incidiendo especialmente en el acoso sexual". El artículo 12 establece que "deberán arbitrar procedimientos específicos para su prevención y para dar cauce a las denuncias o reclamaciones que puedan formular quienes hayan sido víctimas de estas conductas". Pero el fundador de AVA sostiene que no se está cumpliendo ese apartado de la ley salvo contadas excepciones. El debate del consentimiento La ley del 'solo sí es sí' fue la constatación jurídica de que algo estaba cambiando. La norma, que nació de la indignación social surgida tras el caso de 'La Manada', modificó el Código Penal para situar el consentimiento en el centro de la definición de agresión sexual: si no hay consentimiento, es agresión. Se pasó del "no es no" al "solo sí es sí". Para las expertas, este cambio legal refleja una transformación social más amplia. "Pasar a una actitud en positivo del consentimiento ha generado un cambio sin precedentes en las relaciones entre hombres y mujeres y ha marcado una forma distinta de socializar", explica Alía Yépez, psicóloga e investigadora doctoral en estudios de género. Yépez recalca que el MeToo nació, en verdad, en 2006, cuando la a activista afroamericana Tarana Burke inició una campaña de concienciación para dar apoyo a mujeres racializadas, y que ya casi diez años después tuvo su boom con las revelaciones de acoso en Hollywood y miles de mujeres compartiendo en redes sociales sus experiencias de acoso sexual. La etiqueta se convirtió rápidamente en un fenómeno global que también llegó a España, impulsando debates sobre el abuso de poder, la violencia sexual y la cultura del silencio. "La herencia proviene de ahí, pero en España también fue un hito 'La Manada', que llevó luego a la construcción de la ley del 'solo sí es sí', con la que se trabaja ahora y la cual, aunque no sea perfecta, sí marca una base para enfrentar las múltiples violencias que las mujeres viven en el presente", sostiene. Pero el incremento de denuncias de violencia sexual no significa que antes no se dieran estos casos. Es precisamente ese aumento de la sensibilización y de la conciencia social, con un margo legal más fortalecido, lo que ha impulsado el señalamiento público de este tipo de comportamientos. Aunque queda todavía camino por recorrer para que las mujeres no desistan de las denuncias por lo largos, dolorosos y costosos que suelen ser estos procesos. "La reparación no siempre se encuentra en los juzgados, sino también en el acompañamiento y en la prevención de futuras violencias", concluye Yépez.