España y sus gatos: de los silos de grano a las colonias reguladas por ley
2026-02-24 - 07:03
¿Qué lugar ocupan hoy los gatos en la península ibérica? ¿Cómo hemos pasado de explotarlos por su piel en la Edad Media a debatir modelos de gestión demográfica basados en simulaciones a 25 años? Para entender el presente felino español hay que mirar atrás, y también hacia las estadísticas más recientes. A finales de 2025, un estudio ponía ‘patas arriba’ una creencia que se mantenía desde hace décadas, y es que los gatos domésticos llegaron a Europa desde África miles de años más tarde de lo que se pensaba. Su expansión estuvo ligada al comercio y a las rutas marítimas, convertidos en útiles aliados en barcos y almacenes. En la península ibérica medieval su presencia está documentada con claridad, aunque no siempre bajo una narrativa amable. Un estudio publicado en 2017 analizó 899 huesos de gato doméstico hallados en el yacimiento de El Bordellet (Vilafranca del Penedès), datados entre finales del siglo X y principios del XI. El conjunto reveló algo inédito hasta entonces en la Iberia cristiana como fueron las evidencias claras de desuello sistemático para la explotación de pieles. Los investigadores identificaron al menos nueve individuos jóvenes, con marcas de corte precisas en el cráneo y las extremidades compatibles con la retirada cuidadosa de la piel. No había señales de consumo de carne. Los cuerpos fueron desechados íntegros tras la extracción del pelaje. La selección de animales de entre 9 meses y los dos años aproximadamente, sugiere que seguían un criterio económico basado en que tuvieran suficiente tamaño, pero una piel aún en buen estado. La Guerra Civil y la hambruna Si en la Edad Media su piel formó parte de circuitos económicos, siglos después la necesidad volvió a situarlos en un lugar que hoy puede resultar incómodo para nuestra memoria colectiva. Durante la Guerra Civil y los años más duros de la posguerra, el hambre empujó a muchas familias a cruzar límites culturales que hasta entonces parecían impensables. En ciudades asediadas y con el suministro roto, como Madrid, desaparecieron los gatos de las calles y no precisamente por epidemias ni migraciones, sino porque se convirtieron en alimento de supervivencia. Su carne, similar en textura a la del conejo o la liebre, fue utilizada como sustituto cuando no había nada más. Los historiadores han documentado que en aquellos años se consumieron animales como perro, gato e incluso reptiles. Para hacerlo más aceptable, a menudo se ocultaba el origen y, no en pocos casos, su carne se vendía como liebre o conejo cuando no podía identificarse bien. De ahí procede, en parte, la popularización de la expresión “dar gato por liebre”, que nació de una práctica literal vinculada a la escasez. Los gatos de interior, millones de felinos tras la puerta Hoy el escenario es radicalmente distinto en el ámbito doméstico. Según el informe de la Federación Europea de Alimentación para Animales de Compañía (FEDIAF) del 2025, el 17% de los hogares españoles convive con al menos un gato. En cifras absolutas, eso supone cerca de seis millones de gatos en nuestro país, dentro de los más de 108 millones que viven en Europa. Lo cierto es que la popularidad felina no deja de crecer, impulsada por cambios en el estilo de vida urbano, viviendas más pequeñas y una percepción de mayor compatibilidad con rutinas laborales intensas. En paralelo, el Ministerio de Derechos Sociales trabaja en una Estadística de Protección Animal que, mediante datos administrativos, busca conocer con mayor precisión el número de perros y gatos en hogares a nivel provincial. La disponibilidad de datos estructurados marca un cambio relevante y por primera vez, la fotografía felina doméstica aspira a basarse en registros sistemáticos y no solo en estimaciones de mercado. Sin embargo, aunque los avances sean bienvenidos y necesarios, no se pueden ignorar los datos de los informes recientes sobre abandono animal, que señalan que la identificación sigue siendo una asignatura pendiente. En el caso de los gatos, la ausencia de microchip complica devoluciones y trazabilidad, alimentando el flujo hacia la categoría más compleja del mapa felino, los gatos comunitarios. Gatos callejeros y comunitarios Por su parte, los entornos urbanos y periurbanos afrontan un desafío creciente en la gestión de gatos que vagan libremente, denominados ‘gatos comunitarios’ en la legislación española. Su presencia plantea preocupaciones diversas en la conservación de la biodiversidad, la salud pública, el saneamiento y, por supuesto, su propio bienestar animal. Estudios internacionales incontestables y abundantes documentan su impacto sobre la fauna nativa mediante depredación y alteraciones de comportamiento, especialmente en ecosistemas fragmentados o insulares. Además, en la península ibérica, la hibridación con el gato montés parece baja debido a la segregación espacial, pero el riesgo (y el debate ecológico) sigue presente. Las colonias urbanas, por su parte, tienden a ser más densas y estables, con reproducción prolongada gracias a la disponibilidad constante de alimento antropogénico. En entornos rurales, la reproducción es más estacional y las densidades menores. Las altas concentraciones urbanas pueden intensificar conflictos vecinales, transmisión de enfermedades y tensiones sociales, muchas veces vinculadas al abandono y a prácticas de alimentación no coordinadas. En este contexto, la estrategia de captura, esterilización y retorno (CER) se ha consolidado como el método no letal más extendido en Europa, que implica capturar, esterilizar, vacunar, desparasitar y devolver a los gatos a su territorio. Su eficacia depende, sin embargo, de la intensidad y continuidad de la intervención. Ley 7/2023 de Bienestar Animal El enfoque español cambió de escala con la Ley 7/2023 de Bienestar Animal, que establece un marco nacional obligatorio para la gestión de gatos comunitarios basado en el método CER. Los municipios deben registrar colonias, censar, esterilizar, vacunar y controlar sanitariamente. El control letal queda prohibido salvo excepciones muy concretas. Para gestionar esta obligación, en 2025 se presentó el Plan de Acción para la Gestión de Colonias Felinas (PACF), sustentado en modelización demográfica. A partir de datos de 1.128 municipios, se estimó una población de referencia de 1,81 millones de gatos comunitarios distribuidos en unas 125.000 colonias. Las proyecciones a 25 años muestran que, con la tasa actual de esterilización (~20%), la población podría superar los 5 millones en 2050. En cambio, estrategias diferenciadas con coberturas del 50-60-70% según intensidad reproductiva permitirían estabilizarla en torno a 1,5 millones hacia 2030 y reducirla progresivamente después. El modelo integra variables como rendimiento reproductivo, mortalidad, abandono, adopción y capacidad territorial. Más allá de la cifra, lo relevante es el cambio conceptual y la gestión felina pasa de ser reactiva y fragmentada a plantearse como política pública basada en datos, alineada con el principio de Una sola salud (One Health) y planificación a largo plazo. Quizá por eso tiene sentido que los gatos acumulen tantos 'Día de' en el calendario. No para compartir fotos, que también, sino para recordarnos hasta qué punto ha cambiado nuestra relación con ellos. De mercancía medieval a compañero de sofá, y de animal casi invisible en las estadísticas a ser sujeto de una ley estatal. El reto ahora no es celebrarles un día, sino garantizarles todos para que el abandono deje de ser una cifra recurrente año tras año y que gestionar colonias no sea un parche sino una planificación coherente y realista. Que dentro de unas décadas nos resulte tan inconcebible un gato sin microchip como hoy nos lo parece una estola hecha con su piel.