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¿Están los menores a salvo sin redes? Así operan los depredadores sexuales en los videojuegos

2026-02-13 - 10:05

La decisión del Gobierno de limitar la edad de acceso a las redes sociales, ha generado polémica. También habrá dejado a muchos progenitores aliviados porque sus hijos "no están en esos espacios" y, por ello, protegidos. De hecho, hablando del tema con una compañera, me contaba que su hijo adolescente no las usaba y, por tanto, no se preocupaba por lo que pudiera encontrarse ahí. "Él juega videojuegos", explicó. De cuánto está informada de los posibles riesgos de ese otro universo, el del entretenimiento gamificado online, lo desconozco. Pero la realidad es que en cuanto hay una conexión a internet de por medio, la probabilidad de que un menor de edad esté realmente seguro, protegido de todo peligro, va disminuyendo. Si bien las redes sociales son espacios donde los discursos de odio se viralizan, hay creadoras de contenido para adultos que se promocionan como "modelos", difusión de contenidos grabados sin consentimiento o ataques en forma de comentario que no afrontan ninguna repercusión, los videojuegos tampoco son entornos inexpugnables. El mayor peligro es que los pedófilos los utilizan como una vía de acceso a menores de edad. Para lograr sus objetivos, estos adultos no tienen prisa, avanzan con calma, pero sin pausa. Pueden dedicar años a ganarse la confianza de sus víctimas y aprovechan las posibilidades que les da internet de borrar barreras geográficas para poder contactar con menores de cualquier parte del mundo. O a cualquier hora. La estrategia de cara a granjearse la amistad es siempre la misma: primero se hacen pasar por niños, lo que se conoce como grooming, para no levantar sospechas. Después de algunas conversaciones, se ofrecen a comprar artículos dentro del juego o a transferirles la moneda para que puedan comprar pases de batalla, armas, disfraces... Cuando ya han logrado ganarse al menor, es cuando dan un paso más, iniciando conversaciones sexuales o incluso hablando por videollamada y pidiendo a sus interlocutores, menores de edad, que se quiten la ropa. Este, de hecho, fue el modus operandi del caso que trascendió a la prensa en junio de 2025. En Estados Unidos, en España, en el mundo En Málaga un hombre respondió ante la justicia por haber contactado con más de 20 menores de edad en el año 2021 a través del famoso videojuego online Fortnite. Posteriormente, en videollamadas, les había pedido que se desnudaran y había hecho capturas de pantalla de sus víctimas sin ropa, un material que almacenaba en un servidor de internet. Discord y Roblox también son nombres que aparecen con frecuencia en estos casos. Este último, además de tener un videojuego que se llama "Escape de la isla de Epstein" (por si no parecía lo bastante preocupante), cuenta con un final especialmente funesto por el caso de Ethan Dallas. A sus 7 años, el niño que vivía en Florida, se hizo amigo a través de esta plataforma de otro niño llamado Nate. El supuesto Nate -que era en realidad un hombre de 37 años que residía en la otra punta del país, en California-, no solo le enseñó a desactivar controles parentales de su dispositivo, sino que le manipuló para mantener conversaciones sexuales. Una vez pasado a Discord, el programa de comunicación gratuito que permite compartir chats de texto, voz y vídeo; le exigió fotografías y, si se negaba, le amenazaba con compartir las conversaciones públicamente. Después de aguantar la pesadilla durante la mitad de su vida, Ethan Dallas se suicidó a los 15 años sin que sus padres supieran del sufrimiento y abusos de los que estaba siendo víctima. Y ni su agresor ni el pederasta de Málaga son casos puntuales ni incidentes aislados. En abril de 2025 se desmanteló una red de pederastia con 91.000 vídeos que tenía dos millones de usuarios repartidos por toda Europa. Por eso es tan importante que las madres y padres estén concienciados de que, en estos casos, lo nocivo no tiene por qué ser el contenido del juego. Es más, que los depredadores sexuales logren sus objetivos, lo facilita el propio diseño del juego o la falta de medidas de seguridad. Si hay chats privados, recompensas virtuales, videollamadas integradas o plataformas externas para ampliar la conversación, que los adultos accedan a menores es fácil porque apenas hay supervisión. Y lo que empieza con regalos o confidencias puede terminar en estos chantajes o abusos. Lo que es todavía más difícil de contener, puesto que los menores no siempre lo cuentan o deciden buscar ayuda por miedo o vergüenza. Así que pensar que el peligro solo está en TikTok o en Instagram es aferrarse a una falsa sensación de seguridad. Que quede claro que esta no es una guerra contra ciertas plataformas, sino que en el momento que hay conexión a internet hay contacto con desconocidos. Si se da sin vigilancia y sin educación digital previa, el riesgo está ahí, a la espera. Y nunca empieza con la petición directa de una foto sin ropa, sino con una partida conjunta o una conversación tan inocente como cuál es su asignatura favorita en el colegio.

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