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Esta película fue un fracaso pero lleva más de 35 años influyendo al cine de terror, incluida 'Silent Hill'

2026-01-29 - 20:12

El estreno de Return to Silent Hill vuelve a poner bajo la mirada la creación de Konami que cambió el panorama de los videojuegos de terror, influyendo en muchas películas del género posteriores. Una película dirigida por Christophe Gans, quien ha citado como influencia un clásico moderno del cine de terror al que hace no tanto tiempo no se le hacía demasiado caso: La escalera de Jacob, también inspiración reconocida para Silent Hill 2, el juego concreto que ahora adapta. Una producción singular por cómo rompía con algunos moldes en cuando a la forma en la que se percibía el cine de terror en los 80, en el que el látex y el moco era casi un requisito imprescindible, mientras que esta se armaba con un tono más sobrio, con cubierta de thriller de misterio y un marketing confuso. El film venía firmado por Bruce Joel Rubin, guionista especializado en aspectos del más allá, la muerte, la trascendencia y los estados liminales del ser. No es casual que su otra película de 1990, Ghost, se convirtiera en un exitazo comercial con el que se llevó el Oscar al mejor guion original, casi el reverso luminoso de este, que tuvo una recepción tibia, dejando al público confundido. Rubin decidió ponerse a escribir tras tener un sueño en el que despertaba atrapado en el metro, buscando escapar entrando en sus túneles, sin volver a ver la luz del día. Al despertar, descubrió que tenía una premisa interesante, no la historia de un hombre yendo al infierno, sino de uno que ya está allí. Un giro tan antiguo como el cine de terror El título original de su guion era directamente El infierno de Dante, evocando los círculos concéntricos del tormento en cada escena, tras pulirlo, estuvo en circulación durante una década, nombrado uno de los diez mejores libretos sin rodar de Hollywood. Rubin cita como punto de partida El libro tibetano de los muertos, pero claramente planteaba una variación mística del célebre relato de Ambrose Bierce Un suceso en el puente sobre el río Owl (1891). Adaptado en los 60 en la serie La dimensión desconocida, la historia trataba de un soldado confederado que escapa de la horca para descubrir que su huida es una fantasía en los momentos previos a su muerte. Un recurso que tampoco era nuevo en el cine y que, mucho antes del final de Los Serrano (2003-2008), podía rastrearse en obras como El carnaval de las almas (1962), De Infarto (1974) o Sole Survivor (1987), y por supuesto, mucho tiempo atrás en el delirio de El gabinete del doctor Caligari (1920), la precursora total del giro. Un "sueño de muerte" injertado en la tendencia de mediados de los 80 de dramas antibélicos que miraban a la guerra de Vietnam lamiéndose las heridas, lideradas por la onda crítica de Oliver Stone y su binomio Nacido el 4 de julio (1989) y Platoon (1986), de la que se recuperó también al veterano Dale Dye para ejercer nuevamente como asesor militar. Tras las cámaras se pondría Adrian Lyne, el director británico detrás de thrillers eróticos como 9 semanas y media (1986) y Atracción fatal (1987). Su presencia también contribuía a la confusión del público, porque algo de su sensualidad seguía presente, aunque su estilo era perfecto para darle entidad visual a la historia, con su facilidad para los encuadres pictóricos y una gran profundidad del claroscuro. Sus escenas seguían la lógica de un sueño febril, zigzagueando entre Vietnam y Nueva York, donde vemos a Jacob en flashbacks de combate, y en un presente casado con hijos, una existencia gris alterada cuando empieza a ver personas extrañas que le siguen. Variaciones de cristianismo y arte moderno Una premisa que codifica la imaginería cristiana, llena de demonios, ángeles y visiones apocalípticas medievales a la que Rubin se había aferrado con un enfoque mucho más realista. Lyne se aferra a la mirada de su compatriota Alan Parker en El corazón del ángel (1987), no solo una precursora clave, sino hermanada por su diseño de producción de Brian Morris, quien también estaba detrás del arte de Pink Floyd: The Wall (1982), con la que esta también tiene algunos parentescos en la representación retorcida del trauma. A pesar de las reticencias de Lyne, la influencia del Bosco sale a la superficie incluso en la fotografía de Jeffrey L. Kimball, con rojos iluminados por llamas como el infierno de Bajada de Jesús al limbo (1575), en donde los muertos y las almas se entremezclan con diablos y cadáveres desollados. Pero el director siguió firme, y en vez de recrear diablos con cola y cuernos, se inspiró en diferentes obras de Francis Bacon como Niño paralítico caminando a cuatro patas (1961), basado en un estudio fotográfico de Edward Muybridge. Puede verse una recreación caminando por el techo, aunque también hay ecos de Hans Bellmer, la acuarela de William Blake y la fotografía de Diane Arbus o Joel Peter Witkin, cuyo Hombre sin piernas (1984) tiene un cameo, aunque con una cabeza humana borrosa que se sacude de lado a lado a gran velocidad, buscando, de nuevo, el movimiento en los retratos de Bacon, como Retrato de Michel Leiris (1976) y Tres estudios para un autorretrato (1979-1980). Un efecto logrado rodando el movimiento a cuatro fotogramas por segundo, produciendo una sensación irreal al reproducirse a veinticuatro, un truco con el que los hermanos Quay se habían atrevido en su Street of Crocodiles (1986) y luego ha sido imitado en películas—Jaume Balagueró era muy aficionado—, videoclips y videojuegos como P.T. (2013). El resto fueron creaciones de Gordon J. Smith y sus prótesis grotescas, que a veces incluso recuerdan al estilo Giger, siendo el momento álgido el "descenso" al hospital atado a una camilla. Referencias bíblicas y visiones del más allá Un infierno de gente loca, sangre y partes de cuerpo esparcidas, rodado sin un solo retoque de postproducción, que certifica el paso del drama al horror puro, que el guion busca equilibrar con una subtrama sobre experimentos con una droga experimental. La idea traza un paralelismo con un alucinógeno realmente usado en soldados en Vietnam, pero resulta más bien una representación canónica de trastorno de estrés postraumático en veteranos, tamizada aquí entre los aspectos bíblicos desperdigados. Ya desde la inspiración en el Génesis en el título, donde Jacob de Berseba soñaba una escalera apoyada en la tierra que toca el cielo, con ángeles subiendo y bajando, Rubin ofrece una visión humanística del más allá. Incluye también conceptos budistas sobre renunciar a nuestras vidas pasadas, pero en general gana el Antiguo Testamento: hay un anuncio anti-drogas en el metro que pone "Infierno" en rojo; Jake comenta que "vendió su alma" por un polvo y abundan los nombres bíblicos como Jezzie (Jezabel), Gabriel, Eli... Hay distintos círculos del infierno que empiezan por vestigios de una vida feliz fracturada por tragedia y llegan a su cénit cuando desciende literalmente al averno del hospital, donde ve cosas que no son necesariamente diablos, sino objetos como la bicicleta abandonada de su hijo (por cierto, un Macaulay Culkin que justo ese año se hizo una estrella con Solo en casa) que sirven como doloroso recordatorio. Finalmente, la idea del ángel bondadoso cierra el pacto con las raíces judeocristianas. Legado e influencia La escalera de Jacob ha tenido resonancia en la cultura pop de formas que normalmente no se reconocen, pero una de sus manifestaciones más importantes es el videojuego Silent Hill (1999). Su cocreador, Masahiro Ito, ha reconocido muchas veces que la película fue su gran inspiración, admitiendo que se le ocurrió crear a Pyramid Head por la cita de Louis "lo único que arde en el Infierno es lo que no deja ir la vida, los apegos que liberan el alma", referido a la idea de que si nos aferramos a algo terrenal, vemos demonios. Visualmente, Silent Hill 2 toma prestada parte de la estética de la película, hospitales, camillas o seres como las enfermeras sin rostro, que son una idea similar a los doctores desfigurados de la escena del hospital, por ello, en Return to Silent Hill puede verse la película exhibiéndose en un cine del pueblo. Pero no es el único rastro que la obra de Lyne dejó en el cine de terror, erigiéndose como nuevo referente del modelo de trama de twist final que siguieron éxitos comerciales como El sexto sentido (1999). Aunque su descendencia no solo depende del giro, también hay deudoras de su tono y estructura, como La pesadilla (2000), Session 9 (2001), Tránsito (2005), The Jacket (2005), Cisne negro (2010) o Shutter Island (2010), en las que el estado mental de duermevela revela imágenes de pesadilla hasta llegar a una gran revelación. Ni que decir tiene la cantidad de cine de terror "de autor" actual que se sustenta sobre la idea del monstruo como encarnación del trauma. También tuvo un remake treinta años después, que se enfocaba en la adicción a las drogas, pero aunque era muy, muy flojo, certificó el nuevo estatus cultural de La escalera de Jacob como un hito incómodo del terror psicológico (y religioso), que ha establecido un lenguaje visual y narrativo para explorar estados liminales de la conciencia que sigue siendo imitado. La prueba es que no dejan de llegar a cartelera películas como Return to Silent Hill, que sirven de monumento a un legado estético y narrativo que parece consolidar el subgénero "escalera de Jacob".

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