Estados Unidos ataca Irán con misiles de 2,5 millones mientras prueba drones de 35.000 dólares
2026-03-08 - 08:03
El lunes 2 de marzo, después de los primeros bombardeos, el mercado no esperó al parte de guerra. Lockheed Martin subió un 6,5%. RTX (antigua Raytheon Technologies) otro 6,5%. Northrop Grumman ganó un 5%. L3Harris un 4%. General Dynamics un 2%. AeroVironment se disparó un 11%. Kratos avanzó un 6,7%. El dinero seguía a los misiles y al tipo de ataques que se estaba desplegando. Lockheed Martin y RTX concentran buena parte de la producción de misiles de crucero y sistemas antimisiles como Tomahawk o THAAD. Northrop Grumman y L3Harris suministran radares, sensores y comunicaciones militares, mientras General Dynamics es uno de los grandes contratistas navales del Pentágono. En el otro extremo del conflicto, AeroVironment y Kratos se benefician del auge de drones de ataque baratos y municiones merodeadoras. Pero la factura de esa guerra industrial no se queda en la bolsa o en el mercado de la energía. También aparece en Washington. El presupuesto de defensa de Estados Unidos es de unos 901.000 millones de dólares. A su vez, la Casa Blanca ha planteado la operación como una campaña abierta. Trump ha prometido sostener el esfuerzo militar durante el tiempo que haga falta, pero antes de disparar ya se había gastado dinero. El despliegue previo, con buques y activos aéreos, costó 630 millones de dólares, según un ex alto cargo de presupuestos del Pentágono. Luego llegó la primera oleada. Anadolu Agency estima 779 millones de dólares en las primeras 24 horas. El United States Central Command (CENTCOM) habló en en ese arranque de más de 1.250 objetivos golpeados y 11 buques iraníes destruidos. Pero la cuenta no es solo por atacar. También es por no dejarse disparar. En este sentido diversas informaciones sitúan el coste por interceptor (misil o avión diseñado para destruir o detener otro objeto en vuelo) en torno a 12,7 millones de dólares para sistemas como THAAD (sistema de defensa antimisiles desarrollado por la empresa Lockheed Martin). El precio de cada disparo El misil Tomahawk es otra de las armas más simbólicas en los ataques porque es sencillo de entender y caro de repetir. En los primeros días se han lanzado al menos 200 Tomahawks, con versiones recientes a 2,5 millones de dólares por unidad, lo que llevaría la factura de esa munición a centenares de millones solo en ese capítulo. Sin embargo, el coste medio de compra del Tomahawk para 2026 está en torno a 1,3 millones por misil en los planes de adquisición del Pentágono. No es necesariamente el mismo modelo usado ni la misma contabilidad, pero ambos números empujan en la misma dirección. Cada lanzamiento es una cifra de siete dígitos. Estados Unidos ha utilizado por primera vez drones de ataque de bajo coste llamados LUCAS (Sistema de Ataque de Combate No Tripulado de Bajo Coste) diseñados para atacar objetivos en tierra con un precio aproximado de 35.000 dólares por unidad. Sustituir parte de los ataques con drones reduce la factura. El problema es que la guerra no se deja sustituir tan fácilmente. Y la logística pesa. Según el Centre for New American Security operar un solo grupo de ataque de un portaaviones cuesta aproximadamente 6,5 millones de dólares al día. Washington ha desplegado dos, el USS Gerald R. Ford y el USS Abraham Lincoln. A eso se añade el coste de las fuerzas aéreas. La misma fuente menciona al F-15 Strike Eagle como pieza central y recuerda, citando al Wall Street Journal, que modelos antiguos rondan los 31,1 millones de dólares por avión y los más nuevos se acercan a los 100 millones. El coste real llega con la reposición Aquí entra el segundo negocio, el que no depende de la puntería sino del almacenamiento y la reposición. El Pentágono trabaja en una petición suplementaria de alrededor de 50.000 millones de dólares para reponer armas utilizadas en conflictos recientes, incluido Irán. Pero algunas cifras totales van mucho más lejos y firmas de análisis como Penn Wharton Budget calculan un coste económico total de hasta 210.000 millones de dólares si el conflicto termina en menos de dos meses. Su desglose incluye 65.000 millones de gasto militar directo entre operaciones y reposición, y 115.000 millones por efectos más amplios como disrupciones comerciales, shocks energéticos e inestabilidad financiera. En ese cálculo, la factura no solo la pagan los contribuyentes. La paga también el precio del crudo, el coste del transporte y el apetito por el riesgo. Por otro lado, la factura total convive con otro dato igual de determinante para el mercado. Una guerra que consume interceptores y Tomahawks de siete cifras suele terminar pidiendo dinero nuevo al contribuyente, y esa discusión presupuestaria todavía no tiene cifra final cerrada.