Estimulación magnética transcraneal repetitiva, una técnica eficaz en la epilepsia de difícil control
2026-02-09 - 06:16
La epilepsia es uno de los trastornos neurológicos más frecuentes a nivel mundial, pues se calcula que la padecen unos 50 millones en todo el mundo, 500.000 de ellas en España. La epilepsia puede aparecer sola, ser idiopática, es decir, sin que se encuentre una causa; o estar ligada a otras enfermedades o trastornos neurológicos, como el autismo (más del 30% tiene epilepsia), el daño cerebral (en un porcentaje mucho más elevado que la población general, aunque depende del tipo de daño), enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson o multitud de enfermedades raras que provocan trastornos del neurodesarrollo graves, como el síndrome de Dravet, el síndrome de West, la hemiplejia alternante, el síndrome de Rasmussen... y un largo etcétera. Con la medicación y el diagnóstico adecuado, la epilepsia logra controlarse en más de un 70% de los casos. El resto de pacientes, entre el 20% y el 30% de las personas con epilepsia, tienen lo que denominamos una epilepsia refractaria o fármacoresistente, es decir, que no responden a los fármacos. Estos casos, además de peor calidad, este tipo de epilepsias suelen estar asociados a un mayor grado de discapacidad y apenas tienen opciones terapéuticas. Intervenciones poco invasivas como la estimulación cerebral profunda (ECP) o la estimulación magnética transcraneal repetitiva (EMTr), pueden ayudar a algunos de estos pacientes. Para explicarnos en que consiste la EMTr y cómo puede ayudar a los pacientes con epilepsia y otras patologías, hablamos con el Dr. Francisco Martínez Pérez, impulsor de esta técnica de neuromodulación no invasiva en España y un neurofisiólogo clínico con más de 20 años de experiencia. ¿Qué es la estimulación magnética transcraneal repetitiva o EMTr? La estimulación magnética transcraneal repetitiva (EMTr) -también conocida como rTMS de sus siglas en inglés- es una técnica de neuromodulación no invasiva. Como explica el Dr. Francisco Martínez Pérez, “es un tratamiento médico que, mediante el uso de pulsos magnéticos, nos permite actuar de forma controlada sobre áreas concretas del cerebro, modificando circuitos neuronales alterados y favoreciendo procesos de recuperación funcional”. La intervención consiste en colocar sobre el cuero cabelludo una bobina electromagnética que, sin dañar los tejidos por lo que atraviesa -incluso el hueso-, genera campos magnéticos (de manera similar a la resonancia magnética) breves, repetitivos y muy focalizados, “al llegar al cerebro, estos campos inducen una corriente eléctrica muy pequeña en las neuronas de esa región, lo que permite estimular o regular su actividad. Durante el procedimiento, el paciente está despierto”. En función de lo que se busque con esta técnica, se puede aumentar la actividad en la zona del cerebro elegida o inhibirla, pero lo que se busca siempre con ella es “producir cambios duraderos en las conexiones neuronales y los circuitos cerebrales”. El tratamiento de primera línea para la epilepsia son los antiepilépticos, la EMTr no sustituye al tratamiento farmacológico Esta técnica recuerda, en su ejecución y sus efectos a la estimulación magnética profunda (EMTp), pero el Dr. Martínez aclara que se diferencian fundamentalmente “en la profundidad y extensión de las áreas cerebrales que pueden estimular, que viene determinado por la forma de las bobinas empleadas”. Así, mientras en la EMTp permite que el campo magnético penetre más en profundidad y estimule redes cerebrales extensas, la EMTr actúa de manera más precisa, pero en la corteza cerebral superficial, aunque influyen también en circuitos amplios del cerebro”. Una técnica no es mejor que la otra, sino que son herramientas distintas con objetivos terapéuticos distintos. Para la epilepsia y otras patologías farmacorresistentes La EMTr fue inicialmente aprobada para el tratamiento de la depresión refractaria o resistente, y, a día de hoy sigue siendo el grupo que más se beneficia de esta técnica. Posteriormente, su uso se ha ido ampliando a diferentes entidades psiquiátricas y neurológicas, como otros tipos de depresión, trastornos de ansiedad, en el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y dolor crónico. Uno de los usos más extendidos es de la epilepsia, pero no en todos los casos, de hecho, el Dr. Martínez quiere dejar muy claro que no se emplea en pacientes con epilepsia bien controlada ni en aquellos que sufren crisis esporádicas, “el tratamiento de primera línea para la epilepsia consiste en la administración de medicamentos antiepilépticos, la EMTr en ningún caso sustituye al tratamiento farmacológico”, insiste. Su uso se ha estudiado sobre todo en epilepsias focales -aquellas en las que las crisis se generan en una región concreta del cerebro-, y especialmente en casos farmacorresistentes, cuando los medicamentos no logran un control adecuado de las crisis, o cuando no son candidatos o rechazan la cirugía”. La EMTr se ha estudiado sobre todo en epilepsias focales, cuando las crisis se generan en una región concreta del cerebro, y en casos farmacorresistentes En cuanto a los beneficios de la EMTr en pacientes con epilepsia focal farmacorresistente, como explica son “la reducción de la frecuencia de crisis (y en algunos casos, también su intensidad y duración), la disminución de descargas epileptiformes en el electroencefalograma (EEG) y la mejora de síntomas neuropsiquiátricos asociados. Además. algunos pacientes hablan de beneficios indirectos, como la mejoría en parámetros cognitivos y conductuales, así como en síntomas de depresión, menor ansiedad anticipatoria ante las crisis, mejor calidad de sueño, mejoría del estado de ánimo o una mayor sensación de control sobre la enfermedad, lo que supone un claro impacto en la calidad de vida. La evidencia más sólida se observa en protocolos de baja frecuencia (inhibitorios) dirigidos sobre el foco epileptógeno, identificado previamente mediante pruebas diagnósticas.”. Además de en la depresión y en la epilepsia, EMTr se emplea como herramienta de apoyo en la rehabilitación tras un ictus -para ayudar a la recuperación motora o del lenguaje, se ha estudiado en enfermedades como el párkinson o el alzhéimer y hay líneas de investigación en adicciones (tabaco, alcohol, cocaína), trastornos del control de impulsos, acúfenos o tinnitus y en trastornos del neurodesarrollo (TDAH, trastorno del espectro autista). En cualquier caso, quiere dejar muy claro que ni todos los pacientes responden igual y, no se tratan patologías, sino pacientes, no enfermedades, por lo que lo más esencial para que sea efectiva es seleccionar bien, tantos a los pacientes como el protocolo, “siempre desde la ética y sin generar falsas expectativas” Poco invasiva y segura En general, la EMTr es un tratamiento sencillo, que se suele tolerar bien y con un perfil de seguridad alto que no precisa una preparación especial, que requiere un exhaustivo cuestionario previo y es compatible con la mayoría de medicamentos. En cuanto a los efectos secundarios, la mayoría son leves, locales, transitorios y controlables, como molestias en el cuero cabelludo y dolor de cabeza, “son más frecuentes en las primeras sesiones y suelen ceder espontáneamente o responder bien a analgésicos convencionales. También se puede producir cansancio o fatiga puntual, o molestias por contracciones de músculos superficiales cercanos al punto de estimulación”, explica. En cuanto a sesiones, los esquemas más utilizados incluyen sesiones diarias, de lunes a viernes, durante un tiempo determinado para cada paciente, por lo general, 1-2 semanas, y los beneficios clínicos de las sesiones suelen alcanzar un máximo en las primeras semanas tras el tratamiento. Para mantener los efectos en el tiempo se pueden realizar sesiones de mantenimiento o refuerzo, de forma individualizada, pues “las posibilidades de éxito del tratamiento no dependen solo del número de sesiones, sino de realizarlas bien indicadas, bien localizadas y bien monitorizadas”, concluye.