Estos son los trabajadores que tienen más riesgo de cogerse una baja laboral por dolor lumbar
2026-03-04 - 15:03
¿Qué tipo de paciente tiene más probabilidades de cogerse una baja por dolor lumbar ? A esta pregunta ha querido responder un estudio científico sobre absentismo laboral en España, uno de los más amplios sobre este tema realizados en el sur de Europa. Y los resultados, publicados en 'Occupational and Environmental Medicine', la revista especializada en medicina laboral del grupo 'British Medical Journal', son sorprendentes porque los factores no tienen tanto que ver con la intensidad del dolor como con la situación laboral. El dolor lumbar es un síntoma tan común que afecta a casi el 80% de la población alguna vez en su vida. También es la segunda causa más frecuente de visitas al médico . Con más de 2 millones de consultas al año en Atención Primaria, representa la principal causa de incapacidad laboral en personas menores de 45 años. En su aparición y evolución influyen aspectos biológicos, clínicos, sociodemográficos y psicosociales. Ahora, un estudio ha analizado qué factores se asocian a la petición de una baja laboral por dolor de espalda, con el objetivo de desarrollar modelos predictivos que anticipen qué trabajadores tienen mayor probabilidad de solicitarla y su duración, e identificar a aquellos en los que deberían aplicarse medidas preventivas de forma prioritaria. El trabajo incluyó a 7.262 trabajadores en activo en la totalidad de los sectores productivos (excepto 'Agua y Gestión de Residuos') de 48 provincias españolas, a los que se realizó un seguimiento durante 18 meses. Durante ese periodo, 535 de ellos (7,4%) solicitaron una baja por dolor lumbar, y 162 (un 30% de los que estuvieron de baja) acumularon 30 o más días de baja laboral por ese motivo. Para ello, los investigadores tuvieron en cuenta 77 factores que estudios previos ya han demostrado que se relacionan con la intensidad del dolor, el grado de discapacidad y la evolución de ambos parámetros, incluyendo aspectos sociodemográficos (como edad, sexo, o nivel académico), clínicos (como la intensidad, duración y los agravantes del dolor, o la existencia de dolor irradiado), psicológicos (como el uso de ansiolíticos y antidepresivos, la intensidad de los pensamientos catastrofistas o el tener miedo a perder el empleo), laborales (como ser autónomo o asalariado, el tipo y duración del contrato, o las exigencias físicas del trabajo), y económicos (como el nivel de ingresos, la proporción de fijos y variables, o la repercusión de una eventual baja laboral sobre ellos). Las conclusiones del trabajo reflejan que, de todas esas variables, la única que se asocia tanto a un menor riesgo de baja laboral como a que, si se produce, genere menos días de trabajo perdidos, es que el trabajador sea autónomo en vez de que trabaje por cuenta ajena. Los autores creen que esto podría deberse a que en el sistema español de Seguridad Social los autónomos enfrentan una mayor inestabilidad de ingresos y menores beneficios durante la incapacidad temporal, en comparación con los trabajadores por cuenta ajena. No obstante, consideran llamativo que ese aspecto sea más relevante que todos los demás parámetros clínicos, biológicos, psicológicos, económicos y laborales. Al contrario de lo que se piensa, también es destacable que sólo el 7,4% pidió una baja laboral por esa causa a lo largo de los siguientes 18 meses, aunque el 57% de los trabajadores percibía alguna molestia o dolor lumbar y el 60% tomaba medicación por ese motivo. Eso sugiere que los problemas de espalda son muy frecuentes entre la población activa, pero que sólo motiva una baja laboral cuando resultan incapacitantes o coexisten otros factores. Las circunstancias que han demostrado asociarse significativamente a un mayor riesgo de tener baja laboral por dolor lumbar, de acuerdo con este estudio, son ser trabajador por cuenta ajena, ya que la probabilidad de que un autónomo pida una baja laboral por dolor lumbar es un 33% inferior a la de un trabajador por cuenta ajena; la edad (por cada año adicional, el riesgo de baja laboral por dolor lumbar aumenta un 3%); la duración de episodios previos puesto que la baja laboral es un 43% más frecuente entre quienes han padecido previamente episodios de dolor lumbar de más de 14 días, frente a quienes han tenido episodios más breves o no los han sufrido: expectativas personales (la baja laboral es un 44% más probable entre quienes anticipan que es probable que la tengan durante el próximo año); impacto económico percibido (la baja laboral es un 48% más probable entre quienes perciben que les supondría un perjuicio económico importante); y la inseguridad laboral (la baja laboral es un 30% menos probable entre quienes sienten que su puesto de trabajo está en peligro). Por otra parte, los principales factores que predicen un mayor riesgo de acumular 30 o más días de baja laboral a lo largo de los siguientes 18 meses son ser trabajador por cuenta ajena y sentir dolor lumbar al estar tumbado en la cama . «Es llamativo que la inmensa mayoría de los parámetros clínicos que han demostrado influir en la evolución del dolor o el grado de discapacidad resulten irrelevantes para predecir la baja laboral o su duración. Eso refleja que pedir o mantener una baja es un comportamiento en el que el componente biológico es sólo un aspecto más, y no el más determinante. Los datos sugieren que, a igualdad de dolor, un autónomo sigue trabajando cuando un trabajador por cuenta ajena solicita la baja», señala la doctora Ana Royuela, de la Unidad de Bioestadística Clínica del Instituto de Investigación Sanitaria Puerta de Hierro–Segovia de Arana, miembro del Consorcio Centro de Investigación Biomédica en Red, Área Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), y coautora del estudio. Por su parte, el doctor Francisco Kovacs, de la Unidad de la Espalda Kovacs del Hospital HLA Universitario Moncloa, director de la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE) y coautor del estudio, subraya que «en la práctica, este estudio sugiere que las estrategias de prevención del dolor lumbar y las bajas laborales por esa causa deberían dirigirse a toda la población activa, ya que resulta imposible predecir quiénes tienen mayor riesgo de padecerlas. Esto aconseja priorizar las estrategias que, además de ser efectivas, hayan demostrado resultar más eficientes».