TheSpaineTime

Europa no quiere depender de China y Estados Unidos, aunque lo tiene muy difícil

2026-03-10 - 09:33

La Unión Europea (UE) se encuentra ante una encrucijada tecnológica a nivel mundial, como es la no dependencia de actores externos cuyo poder está más que demostrado, como son Estados Unidos y China. Para intentar solventar este problema –presente y futuro–, Europa se blindó en 2023 con el European Chips Act, la Ley Europea de Chips que tenía como uno de sus objetivos una producción del 20% de procesadores mundiales para 2030. Una realidad que, a día de hoy, aún queda muy lejos, ya que la UE produce alrededor del 10% de los chips mundiales, con importantes actores en la región asiática (TSMC) y en territorio estadounidense (Intel). En este contexto con conflictos geopolíticos importantes, la UE quiere aportar algún valor al comercio mundial de chips, aunque de momento parece que no existen nada más que proyectos sobre el papel, con inversiones multimillonarias. Y, por supuesto, con la implicación de actores externos, como los mencionados Intel y TSMC, este último el mayor fabricante de procesadores del mundo, con las técnicas más avanzadas en computación. Ante China y Estados Unidos, potencias imbatibles en el ámbito de la tecnología, la UE se ha centrado en establecer un marco regulatorio que garantice su independencia, aunque aún está muy lejos de conseguirla. La UE seguirá dependiendo de China y Estados Unidos Durante los últimos años, Estados Unidos ha aprendido forzosamente que las compañías tecnológicas de un país son vitales para otras cuestiones que, parcialmente, nada tienen que ver con la tecnología. Precisamente, la administración Trump siguió la estela de lo que se suele ver en la política china, asumiendo la propiedad del 10% de las acciones de Intel por un valor de 8.900 millones de dólares. Ahora bien, este movimiento no respondía a un repentino cambio ideológico de Donald Trump, sino más bien a un movimiento efectista para intentar seguir controlando la producción mundial de chips. Desafortunadamente, en el lado de China ha varios factores ventajistas, como son los recursos naturales, los materiales que se dedican a la fabricación –y ensamblaje– de procesadores. Y en tierras raras, China es prácticamente invencible. A este lado del Atlántico, la UE es consciente de que no puede competir con ambos gigantes, así que la idea no es la independencia como tal, sino la interdependencia, o lo que es lo mismo, aportar algo de valor en este mercado. La Ley Europea de Chips está orientada en este sentido, con el objetivo de convertirse en una región puntera en tecnología de chips, pero siempre pensando en un mercado mayor, como el que Intel y TSMC ya acumulan. Por ello, la estrategia también ha girado en torno a las mega fábricas de estos fabricantes en territorio europeo, algo que no implicaría una mayor independencia, sino más bien una mayor producción local –aunque con compañías extranjeras–. Sea como sea, la UE continúa en un debate que ha marcado otras políticas, como la de protección de datos o la de inteligencia artificial, apostando siempre por una regulación garantista para los usuarios, pero estancada en una burocracia que puede ser excesiva.

Share this post: