Feijóo y Abascal: una paz muy particular
2026-03-18 - 05:40
Trump necesita encontrar cuanto antes el final de una guerra que forzó Israel para cubrir sus intereses, y que EEUU está apoyando a un precio muy caro como si fuera un simple “pagafantas”. Pero no solo los americanos se indigestan con este nuevo frente militar, todo el mundo, incluida la potente China, acabará pagando los platos rotos de los ayatolá. Encontrar la salida de emergencia de Irán, es decir, la paz anhelada ante un conflicto baldío y sin un futuro claro es una necesidad imperiosa para Trump si no quiere que su imagen -ya algo tocada- acabe resintiéndose ante su opinión pública y en las futuras elecciones norteamericanas. Pero como decía Descartes, “todos buscan la paz, muy pocos la encuentran”. Hay otros dos políticos, más cercanos a nosotros geográficamente hablando, que también necesitan abrazar la paz para que su existencia no sea estéril y no caigan ambos en un pozo negro con futuro incierto. Se trata de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, los dos líderes de la derecha, que por fin -al menos eso dicen ellos- se van a sentar para pactar seriamente los gobiernos autonómicos de Extremadura, Aragón, Castilla y León, y lo que venga en un futuro no lejano. Tras estas elecciones de Castilla y León queda plasmada una visión más definida del panorama político. El PP ha ganado no solo estos comicios, sino todas las elecciones autonómicas celebradas desde que Pedro Sánchez está en el poder, salvo las celebradas en Cataluña. El PSOE, por su parte, aunque mejora datos y el número de escaños, sigue estando lejos de alcanzar el poder autonómico en la mayoría de Comunidades y ayuntamientos. Los que peor parados salen de esta ecuación electoral son Sumar y Podemos que se encuentran en fase terminal y desaparecidos de los Parlamentos regionales, en beneficio exclusivo de un Pedro Sánchez que ha sabido capitalizar para el PSOE todo el poder de la extrema izquierda. Algo positivo en primera instancia, pero negativo de cara al futuro electoral ya que los socialistas no podrán alcanzar la paz deseada al no tener a su izquierda otros partidos con quien pactar, al haber fagocitado durante estos años al electorado de extrema izquierda. Santiago Abascal, por su parte, ha anunciado que Vox entrará en los gobiernos con el PP tras pactar “medida a medida” y acordando garantías de cumplimiento. Ha llegado la hora de que Vox demuestre para qué sirve y si es capaz de gobernar en coalición con los populares. De momento, todo el mundo recuerda que hace un tiempo no lejano Vox abandonó sus tareas de Gobierno en cinco Comunidades, quizá para que no se pudiera evaluar si estaba preparado para cumplir con ese cometido. Ahora ya no hay más excusas para no dejar de marear la perdiz. Con la llegada de Vox, el PP también tendrá su excusa particular y perfecta para propiciar y cumplir determinadas políticas que en principio son más propias de la extrema derecha y que dado el liberalismo de los populares les podría producir malestar estomacal o urticaria aplicarlas, aunque en el fondo estén bastante de acuerdo con ellas. Vox no deja de ser un “hijo” díscolo del PP y exceptuando algunas medidas especiales ambas formaciones coinciden en las grandes cuestiones y pueden congeniar sin demasiados problemas. El miedo escénico de que un partido fagocite al otro es más una expectativa de la prensa que no se ajusta del todo a la realidad. Lo comprobaremos cuando se produzcan los acontecimientos, pero entre ambas siglas hay más cosas que los unen que los que les separan, y entre sus votantes más fieles será difícil encontrar algunos que decidan intercambiar sus papeletas y votar al otro partido. Los respectivos electores, bien perfilados y definidos durante estos años, se resignan sin prejuicios a la necesidad de pactar con su hipotético “rival", pero están muy lejos de poder intercambiar sus preferencias electorales en las urnas. Salvo que uno de los dos partidos se comporte o actúe de manera desleal, los votantes permanecerán fieles a sus siglas.