Fernando Savater, filósofo español, y su receta para la felicidad: «No es algo que nos pase, sino que nosotros hacemos que pase»
2026-03-03 - 10:13
Los hombres llevan siglos buscando la felicidad. Los antiguos griegos desarrollaron un amplio pensamiento acerca de este objetivo natural del ser humano, también en China , en la Europa medieval y demás sociedades hasta nuestros días. Hoy nos seguimos preguntado: ¿Qué es la felicidad y cómo puedo alcanzarla? Fernando Savater tiene una respuesta a este interrogante. Parte de su obra se ha centrado en entender por qué ansiamos este estado, de qué se trata exactamente y cuál es la mejor manera para acercarnos a él. En su libro superventas 'El contenido de la felicidad' (1986) compartió su parecer. Él es un filósofo español, nacido en san Sebastián en 1947. Tiene una amplia trayectoria como escritor de teatro y narrativa, ensayo político, artículo periodístico y divulgador. Ha enseñado sus ideales en la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad del País Vasco. Savater define la felicidad como «un estado de satisfacción, más o menos duradero, que experimenta subjetivamente el individuo en posesión del bien deseado». Asigna la consecución de la felicidad al cumplimiento o no de las expectativas materiales de cada uno, de sus deseos. Si la felicidad depende de haber cumplido nuestros deseos, explica, para ser felices tenemos que educar el deseo para que tienda a aquello que nos haga bien. El filósofo pone el foco en el trabajo intelectual de educar el deseo, los valores y la voluntad para obtener una feilcidad ética, sencilla y duradera. Así, «el secreto de la felicidad está en tener gustos sencillos y una mente compleja ; lo difícil es no invertir la fórmula y acabar con una mente simple y deseos complicados». Uno puede educar sus deseos, esas condiciones que se pone para ser feliz o no, a través del pensamiento crítico. El mero hecho de formarse interiormente se considera ya una forma de felicidad: «La felicidad es una tendencia y no un estado; simplemente hay que ser digno de ser feliz» y «es una forma de vivir, un proceso continuo de aprendizaje». Una felicidad bien entendida no se relaciona con el placer, sino con la alegría, ya que la simple «búsqueda del placer puede llevar a descripciones infernales». «La idea de la felicidad no es algo que se añada a la vida, sino que es la vida misma cuando se sabe vivir», escribe. Con todo esto se entiende su famosa frase: «La felicidad no es algo que nos pase, sino algo que nosotros hacemos que pase por nuestra manera de mirar la realidad». La actitud con la que se afronta la propia realidad y lo que se espera de ella son la receta de la felicidad de nuestros días, una alegría a la que todos estamos llamados por naturaleza. Afirma que los seres humanos buscan de manera natural su propia felicidad y la ética ayuda a clarificar esta voluntad y mostrar las formas de su realización. La filosofía, el debate y la lectura forman la mirada propia y acercan al hombre a la felicidad, entendida como tendencia. «La felicidad como anhelo es, radicalmente, un proyecto de transformación de la realidad», una transformación de la mirada con la que se percibe una misma situación. Como consejo práctico, el vasco recomienda trabajar tres virtudes : «Coraje para vivir, generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir». Su ensayo 'Jardines interiores', recogido en la obra colectiva 'Muchas felicidades. Tres visiones de la idea de felicidad' (Ariel) insiste en presentar la felicidad como una construcción consciente que depende del modo en que cada uno ordena sus deseos y educa su mirada.