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Flamenco Festival de Nueva York: «¡Este público es brutal!»

2026-03-08 - 15:43

Times Square, el corazón de Nueva York . Son las once de la noche y el termómetro marca cero grados, pero las decenas de anuncios luminosos que tapizan las paredes de los edificios configuran un espectacular y cálido escenario. Los turistas se hacen selfis, fotografían su entorno, se agolpan en torno a un grupo de músicos callejeros que rapea ferozmente... Y de pronto, un grupo de bailarinas españolas se quita las prendas de abrigo y emergen coloridas batas de cola. «¡Un, dos, tres!», grita una de ellas, y las artistas empiezan su baile bajo el acompañamiento de los músicos. Los curiosos se vuelven, los enfocan con sus móviles, se preguntan quiénes son. Alguien se lo aclara. Es una bailarina española de flamenco muy importante: Sara Baras . Efectivamente, La gaditana es la capitana de este grupo, que se ha desplazado hasta Times Square al terminar su función en el City Center -sin cambiarse siquiera- para grabar un pedacito del espectáculo que formará parte del documental con el que el Flamenco Festival de Nueva York celebra este año su 25o aniversario -dedicado a Sevilla-. Miguel Marín , creador, director y alma del certamen desde su nacimiento, deambula por allí con expresión nerviosa y excitada. «¡La que hemos formado!», dice con una mueca traviesa. El Flamenco Festival ha vuelto a morder la Gran Manzana. Han pasado veinticinco años desde que Farruquito, María Pagés, Carmen Linares y Manolo Sanlúcar tuvieran su primera cita con los neoyorquinos. Pero la historia de amor (el lema del festival este año) entre Nueva York y el flamenco viene de lejos, con nombres como Carmencita, la primera bailarina que apareció en una película y a la que pintaron artistas como John Singer Sargent o William Merritt Chase; como Encarnación López 'La Argentinita', Carmen Amaya -la leyenda señala que fue expulsada del Hotel Waldorf Astoria porque los miembros de su compañía asaron sardinas en sus habitaciones -; Sabicas, el primero que ofreció un recital de guitarra flamenca, y lo hizo en Nueva York; Antonio y Rosario, 'Los chavalillos sevillanos'... El Flamenco Festival ha logrado que la presencia de este arte -la verdadera 'marca España'- tenga en esta ciudad, que sigue siendo la capital mundial del espectáculo, continuidad. «Él público ha aprendido cómo y cuándo gritar '¡Olé!' -dice Molly Meloy , directora del departamento de Marketing del City Center, el teatro que acoge los grandes espectáculos de danza-. Y me parece significativo que cada año, el sesenta por ciento del público asiste por primera vez a un espectáculo de flamenco. Y el crecimiento es constante». Buena parte de este interés por el flamenco -«y por todo lo español», acota- se basa en el trabajo educativo que han venido haciendo el teatro y el propio festival a lo largo de los años. Los colegios públicos de Nueva York tienen la posibilidad de elegir un espectáculo del City Center para que los niños asistan y las funciones del Flamenco Festival se llevan la palma. Pero no solo van al teatro; unos días antes reciben unas nociones de lo que es el flamenco y lo que van a ver. «Y es muy emocionante ver sus reacciones». No solo los niños. El viernes, una multitud de personas se agolpaba a las puertas del City Center una hora antes del comienzo del espectáculo para asistir a un 'pre-show' en el que se imparte una clase con nociones básicas de baile flamenco. Xianix Barrera , una neoyorquina de origen latinoamericano, les muestra cómo dar palmas, cómo mover los brazos -«pick up the apple, eat it, throw it»-. La propia Barrera es una conversa. «Yo vi de niña el espectáculo 'Riverdance', en el que había un número de flamenco que bailaba María Pagés. Y yo dije: eso es lo que quiero hacer. Y aquí estoy. Nuestra labor es sobre todo que disfruten la música, su pasión». La propia Molly Meloy sigue la clase con una sonrisa que le desborda. «Tenemos una capacidad máxima de 180 personas -el aforo del teatro es de 2200 butacas- y hoy la hemos alcanzado, dice mientras imaginariamente coge la manzana, se la come y la tira». Los espectadores terminan todas las funciones puestos en pie y aullando, literalmente, después de cada número. Sara Baras -ya sabemos quién tiene el secreto de la poción mágica de Astérix y Obélix: qué despliegue de energía y de calidad- lo dice muy expresivamente. «¡Este público es bestial!», dice mientras se retoca el maquillaje antes de ir a Times Square. «De verdad que su respuesta es emocionante; su silencio, su atención ...» La gaditana conoce bien a los neoyorquinos: la primera vez que actuó fue en 2003, cuando presentó 'Mariana Pineda'. «¡Vino Antonio Banderas a vernos!», recuerda. Otra estrella que ha acudido al festival de forma esporádica es la gran leyenda de la danza Mikhail Baryshnikov. El año pasado se rindió al arte de Eva Yerbabuena y le pidió a Miguel Marín que organizara una 'Fiesta flamenca' en su centro de artes -Baryshnikov Arts Center-. Cerca de un doscientas personas en dos sesiones -entre ellas, Isabella Rossellini y Jessica Lange-, pudieron divertirse con el contagioso baile, cante y toque de Manuel Liñán, Juan Tomás de la Molla, Mara Rey, Alberto Sellés, Juan de la María y José Fermín Fernández. Sentado discretamente a la mesa, Baryshnikov no puede dejar de mover los pies y no se resiste, al final, a dejarse arrastrar por Liñán y levantarse para bailar, con muy buen estilo, salero y hechuras -se quitó la chaqueta y se la regaló a Juan Tomás de la Molla- unos tangos rumbas: «¡Tú me quieres dejar y yo no quiero sufrir, contigo me voy gitana aunque me cueste morir!». Ya lo dice Sara Baras: «¡Este público es brutal!»

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