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Forenses en peligro de extinción y sin un reemplazo asegurado

2026-03-22 - 03:30

El 30 de noviembre de 2025 decenas de forenses de varios puntos del país acudían a Valencia para trabajar en la identificación de las víctimas que dejó la dana. Hace dos meses la escena se repetía tras el accidente de tren en Adamuz (Córdoba), aunque al tratarse de un suceso con menos fallecidos y que se encontraban en un único punto, fue suficiente con la presencia de los profesionales de las provincias andaluzas, sin tener que recurrir a los de otras autonomías. Otras veces, los médicos españoles también han viajado para apoyar en catástrofes internacionales, como en el tsunami del Índico de 2004. Pero aunque estos especialistas cobran especial protagonismo cuando ocurren estas catástrofes, las autopsias e identificación de fallecidos suponen solo una pequeña parte de su trabajo, la menos habitual. Sus funciones abarcan mucho más y ahora temen no encontrar un reemplazo que las asuma en el futuro más próximo. «Los datos son alarmantes», avisa Beatriz Lozano Arias, médico forense del Instituto de Medicina Legal (IML) de Madrid. Se basa en un informe del Consejo Médico Forense de 2024 que ya alertaba sobre esta situación. Según el análisis, por entonces había 1.137 forenses en España, y el 39,9 por ciento tenían más de 60 años. Es decir, cuatro de cada diez se jubilarán en los próximos años. Además, este porcentaje se eleva hasta el 61,4 por ciento si se tienen en cuenta a todos aquellos que tienen más de 50 años. Este escenario, constataba el documento, sitúa a los médicos forenses como una de las especialidades con la plantilla más envejecida. En la misma dirección apunta el reciente estudio sobre demografía médica que publicó a finales de 2025 la Organización Médica Colegial. Señala que la de forense es la quinta especialidad médica más envejecida , solo por detrás de Estomatología, Hidrología médica, Medicina de educación física y deporte y Medicina del trabajo. Los forenses que ejercen actualmente en nuestro país, sostiene el informe, tienen de media 58 años. Es además la especialidad que más jubilaciones espera para 2035, con un 57,9%; el 29,6%, en 2030. Pero la tasa de reposición, por el contrario, es la segunda más baja de todas las especialidades médicas y vaticina que no habrá suficientes nuevos facultativos para cubrir todas las plazas que quedarán vacantes por el retiro. A los forenses les preocupa que esta situación de déficit se agrave además por cambios previstos próximamente en la forma de acceso a la profesión, explica Lozano Arias. Una nueva regulación establece que todos los médicos forenses deberán tener la especialidad; sin embargo, en España los que tienen la especialidad reconocida representan un bajo porcentaje, pues el acceso a la profesión ha sido durante muchos años mediante oposición y no vía MIR. «Hay muy pocos que hoy en día son especialistas y la mayor parte tienen más de 60 años», señala esta forense, que ve fundamental que se mantenga durante unos años la forma mixta de acceso para evitar una escasez aún mayor. Este año, en las plazas MIR se ofertan 18 puestos para formarse en Medicina Legal y Forense. Supone una plaza más que en la convocatoria anterior, cuando hubo 17, seis más que en 2024 y diez más que en 2023. Poco a poco van aumentando, ya que la creación de la especialidad es muy reciente, de 2022; pero aun así, opinan los profesionales, el número sigue estando muy por debajo de lo que sería necesario para suplir todas las jubilaciones que se avecinan. «Deberían ofertarse al menos 40 plazas al año para acabar con el problema generacional», aboga Lozano Arias. «Por ahora vamos escasos. Van saliendo, pero no son suficientes, porque vamos a ser muchos los que nos jubilemos próximamente y no hay tantos nuevos especialistas para reemplazarnos», señala por su parte Clara Ortega, presidenta de la Asociación Nacional de Médicos Forenses (ANMF) y forense en el Instituto de Medicina Legal de Cantabria. En su área, de hecho, ya sufren el problema en primera persona, pues tienen una compañera de baja a la que no han podido sustituir al no haber encontrado candidatos para ello. En otros lugares como Burgos, León o Canarias también padecen el déficit y además no todos tienen la ventaja de contar con residentes que se estén formando en la especialidad, denuncian estos profesionales. «Tiene que haber más institutos de Medicina Legal que se acrediten como unidades docentes, pero para ello hay que cumplir determinados criterios. Quizás se deberían suavizar estos criterios para poder incluir más, porque si no no se podrán ofertar más plazas y la situación se verá más agravada», reclama Lozano Arias. En el lado opuesto se encuentra Eneko Barberia, director del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Cataluña, que tiene una visión más optimista sobre el presente y futuro de la profesión. Actualmente en su unidad se ofertan cuatro plazas para residentes, que, sumados a los que ya se están formando, serán diez. Y augura que esa cifra irá aumentando en los próximos años. «Para nosotros es un momento muy ilusionante y por el que apostamos decididamente. Somos la única unidad que oferta más de una plaza, ofrecemos cuatro, y esperamos ir aumentándolo. Esto forma parte de un proceso que ha empezado hace poco y que irá creciendo, por tanto mi visión es bastante optimista», celebra. El envejecimiento de los forenses, considera Barberia, no es más extraordinario que el de otras especialidades médicas. «Lógicamente, si somos médicos, padecemos lo que está padeciendo todo el resto de la profesión, pero yo creo que estamos en un momento de transformación y que es ilusionante, no un momento pesimista», insiste. En lo que sí coinciden todos los profesionales es en acabar con la idea de que los forenses solo hacen autopsias e identifican fallecidos. Celebran que numerosas series y películas pongan de moda su trabajo, pues creen que ahí reside un filón que hay que aprovechar para atraer a los más jóvenes. Pero sus labores, defienden, abarcan muchos más campos que los que se muestran en las pantallas. «Es una profesión muy entretenida y para nada monótona», destaca el director del IML de Cataluña, que incide en que de las más de 110.000 actuaciones que realizan cada año en su departamento solo 4.500 corresponden a autopsias. «Si hago alguna autopsia es bastante excepcional, me dedico más a la clínica», expone por su parte Clara Ortega. En su día a día, cuenta, se inclina más hacia la Psiquiatría y realiza valoraciones de la capacidad de personas que necesitan medidas de apoyo, en casos de internamientos psiquiátricos no voluntarios o para informes sobre imputabilidad. «Por ejemplo, en un caso de homicidio el juez nos puede pedir que hagamos un informe sobre si esa persona tenía algún trastorno mental que le impidiera conocer lo que hacía o si tenía sus capacidades intactas, etc.», explica. La valoración de las víctimas de violencias machistas o de violencia contra la infancia también está muy presente en el trabajo diario de estos profesionales. En Cataluña, por ejemplo, cuentan con unidades específicas de valoración forense de víctimas de tráfico de seres humanos, dice Barberia. Sus funciones también pasan por determinar la edad de menores no acompañados, valorar actuaciones médicas en casos de bajas, por ejemplo, o analizar el daño corporal en casos de accidentes de tráfico, entre muchas otras. Cada vez más, los IML se centran en la detección de patologías para prevenir muertes. «Muchas veces nos llegan personas que han fallecido de forma súbita, que suelen ser jóvenes, y podemos detectar que han muerto por una enfermedad hereditaria y dar consejos a familiares. Estamos dando diagnósticos precoces y evitando muertes súbitas», remarca Beatriz Lozano. También son los forenses los que empiezan a detectar las nuevas drogas que circulan por las calles. Y por supuesto, la asistencia y el apoyo a las catástrofes y desastres naturales, como la dana de Valencia, para las que actualmente se necesitan más profesionales que años atrás debido a la actualización de los protocolos para este tipo de sucesos con múltiples víctimas. «Tenemos un protocolo de actuación para colaborar con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para el levantamiento de cadáveres y la identificación, está todo muy organizado. Pero haría falta la realización de simulacros para estar más preparados ante este tipo de situaciones», solicita por su parte la presidenta de la ANMF, que también cree fundamental que se aumente la formación para asistir a los familiares de los fallecidos, una labor que cada vez asumen más. «Es una profesión bonita, muy interesante y a la que no le van a faltar candidatos», augura Barberia. «El campo de acción es muy variado y nunca te cansas de hacer lo mismo», completa Lozano Arias. Desterrado el mito de que solo realizan autopsias, los forenses defienden la diversidad de su profesión y confían en poder atraer a más médicos jóvenes que aseguren ese reemplazo que ahora mismo está en el aire.

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