Gaza, feudo inmobiliario de Trump
2026-02-23 - 05:43
La llamada Junta de Paz, inaugurada la semana pasada por el presidente estadounidense, se presenta como instrumento para reconstruir la Franja. Sin embargo, su arquitectura institucional revela otra realidad: Donald Trump asume una presidencia indefinida, con capacidad para crear o disolver entidades, vetar decisiones y dirigir fondos sin límites temporales ni contrapesos efectivos. Funciona como un señorío personal apenas disfrazado de siglas internacionales. Aunque el Consejo de Seguridad avaló el plan inicial de 20 puntos y reconoció un posible papel a dicha Junta, la ampliación posterior de competencias y objetivos carece de aval en Naciones Unidas. Desbordar ese marco erosiona el orden jurídico que regula la gestión de conflictos y territorios devastados. Josep Borrell ha calificado con acierto la Junta de «invento decimonónico», típico del colonialismo, que ignora a los palestinos y actúa sobre ellos. Cualquier esquema para Gaza debe someterse a la legalidad internacional y a mecanismos verificables. Sin supervisión independiente ni rendición de cuentas efectiva, la Junta se convertirá en una administración ilegal sustentada en la autoridad de Trump como autócrata indiscutido. El enriquecimiento económico es el verdadero propósito. Los planes contemplan transformar Gaza en una «Riviera del Medio Oriente»: rascacielos frente al mar, complejos hoteleros de lujo, zonas residenciales, centros de datos, parques industriales e incluso islas artificiales. Todo ello sobre un territorio arrasado, tras desplazamientos masivos de gazatíes que facilitan el expolio. Trump ha descrito la Franja como «una pieza de propiedad increíble». La movilización de miles de millones anticipa conflictos de interés y adjudicaciones opacas. Reconstruir Gaza exigirá infraestructuras básicas, energía, vivienda y puertos. Un liderazgo sin caducidad ni controles externos crea un terreno fértil para la corrupción y la confusión entre diplomacia y negocio privado. El elenco de participantes confirma el sesgo político: Israel, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Hungría, Argentina o Uzbekistán, entre otros gobiernos alineados con el trumpismo. Más que un esfuerzo neutral bajo normas globales, la Junta aparece como un bloque de afinidades estratégicas e ideológicas. La decisión de Ursula von der Leyen de enviar como observadora a la comisaria para el Mediterráneo Dubravka Šuica añade un elemento de legitimación europea imposible de conciliar con los principios que la Unión proclama, como han denunciado Borrell y diversos gobiernos. Si Gaza termina convertida en un feudo inmobiliario, no estaremos ante una operación de paz, sino ante la conversión de la devastación en negocio privado a gran escala.