Gente con estudios
2026-03-25 - 18:30
Fue durante la pandemia y el encierro de la ganadería Sánchez, encaste Zapatero, cuando el público comenzó a asomarse a los interiores domésticos –venga estanterías– de los presuntos expertos que pegaban la hebra domiciliaria y telemática con sus ocurrencias para darle vidilla a unos informativos que, abonados al sensacionalismo videográfico, poco tenían que enseñar a su distinguida audiencia de un mundo paralizado . De aquellos polvos, estos lodos. Ahorraron tanto dinero las emisoras con aquel carrusel de conexiones telefónicas que terminaron por echar cuentas y, pasado el rigor de la clausura, mantuvieron el formato, hoy medular en unos espacios donde raro es el día en el que, como a los tontos la Virgen, no se nos aparece algún profeta con tarifa de datos ilimitados, por si lo llaman. El amateurismo de aquellas primeras conexiones de escritorio –sin el picante de la 'performance' con cameo de Alfonso Merlos, aportación española a un género por entonces en fase larvaria– ha dado paso a unas superproducciones que en consonancia con los tiempos y los modos comunicativos han convertido a algunos de los telepredicadores de primera generación en genuinos 'youtubers', equipados con la silla de reglamento de los 'gamers', el micrófono dinámico, a ser posible con muñequitos, y un decorado trasero que tira de espaldas. En esta onda y de esta guisa nos hemos topado haciendo 'zapping' con el dizque activista Rubén Sánchez, el de Facua, que se ha montado un estudio de grabación y retransmisión que es la envidia del gremio. Por si lo llaman. «Para garantizar nuestra independencia, no aceptamos dinero de empresas privadas ni partidos políticos», dice el 'youtuber', justo después de aclarar que «en 2025 Facua recibió una subvención de la Dirección General de Consumo del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 por importe de 435.497,10 euros para el sostenimiento de su estructura». La estructura es la infraestructura y es la superestructura. Desde estas humildes líneas, y antes de que caigan en el olvido, rendimos homenaje a aquellos pioneros de la conversación telemática que, como las señoronas del 'Hola', nos abrieron durante la pandemia sus cuartos de la plancha para distraernos, más con la cinta de lomo de sus libros que con las cosas que decían, en una fase beta de la charlatanería que contrasta con la espectacularidad alcanzada por los profesionales de la brasa, que es «lo mismo que el fuego facuo», con música de Falla , pero en estado sólido.